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¿Dejar de vacunar? Aftosa generó un costo de US$ 700 millones

Un equipo de expertos locales y regionales comienzan a analizar los pro y los contra de dejar de vacunar contra la fiebre aftosa en Uruguay.

Nota sobre rifle sanitario por brote de aftosa en campo de Uruguay, 20010426, hoja 82596, foto Darwin Borrelli – Archivo El Pais

Pablo Antúnez.

Pasaron 18 años del último foco de fiebre aftosa que sacudió la ganadería uruguaya y dejó a la industria cárnica de rodillas, con pérdidas para el país de más de US$ 700 millones, pero no hay que bajar los brazos.

La última epidemia que sacudió en 2001 a todo Uruguay, con más de 2.020 focos conocidos, mostró que la enfermedad no discrimina entre países ricos o pobres y que una mínima falla sirve para que el virus se cuele y haga estragos. Uruguay perdía el privilegio de vender en el circuito no aftósico y más de 10.500 operarios de la industria cárnica, quedaban temporalmente sin empleo.

Ahora, Uruguay ya tiene en marcha un trabajo técnico, con un estudio epidemiológico regional y comienza la etapa de medir los pro y los contra de dejar de vacunar.

La discusión aún no comenzó.

Ciencia. Para el presidente de la Cámara de la Industria Frigorífica (CIF), Daniel Belerati, la decisión de dejar de vacunar contra aftosa debe ser estudiada científicamente y con una estricta medición de las capacidades económicas y técnicas que tiene Uruguay para responder ante un insuceso sanitario.

“Somos conscientes que Río Grande do Sul y Paraná dejarán de vacunar contra aftosa en el corto plazo, que la situación sanitaria de Venezuela que afectó a Colombia y estaría afectando a Ecuador no es la mejor. Eso obliga a que cualquier decisión que se tome, deber ser muy bien sopesada”, reconoció.

En cuanto a mercados, dejar de vacunar permite la venta de carne con hueso y menudencias en todo el mundo y lo que es más importante: en los mercados que mejor pagan. A su vez, desde el punto de vista operativo también hay ventajas para los frigoríficos, porque se evita la maduración de 24 horas de las carcasas y la acidez máxima seria 6; además sería posible el desosado en caliente.

Belerati recordó que la epidemia de 2001 “casi deja a la industria frigorífica fuera de competencia para toda la vida. Le costó más de US$ 300 millones en pérdidas y la paralización del sector por cuatro meses. Por eso, el que se quema con leche, cuando ve la vaca llora”…

Desafío. Mientras tanto el secretario técnico de la Academia de Medicina Veterinaria, Dr. Luis Eduardo Días, epidemiólogo que atendió en la primera línea, por el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca las dos epidemias de fiebre aftosa que padeció Uruguay (Artigas en el 2000 y todo el país en 2001), dejar de vacunar “es un desafío” y para dar este paso “hay que tener una estructura social que lo soporte saber que no se tendrá la herramienta de la vacunación, salvo en situaciones de emergencia”.

Días aclara que toda esa estructura social que señala está integrada por los ganaderos, veterinarios de ejercicio libre y oficiales, las facultades de ciencias, el sector político y todas las instituciones vinculadas al agro y a la economía, tanto en forma directa como indirecta. A eso hay que sumarle el contexto internacional, donde hay algunas amenazas en Sudamérica (por Venezuela).

“En lo interno no veo sólida esa estructura. Dejar de vacunar es un paso muy importante y es para siempre”, remarcó el epidemiólogo. Contó que hay siete tipos de virus de aftosa, dentro de esos siete tipos en el mundo, hay una diversidad de variantes dentro del mismo tipo viral. Por eso advirtió que “muchas veces las vacunas no los cubren y no se puede creer que con las actuales vacunaciones estás cubierto y no habrá un insuceso. Eso es utópico. Una vez que el virus llegue se provocará un foco. Y una vez que se provocó el foco el tema se centra en qué tiempo se puede eliminar y eso depende de una estructura social que hoy no la tenemos”, afirmó Días.

Engaño. Para el epidemiólogo Francisco Muzio, que durante 12 años fue Director de los Servicios Ganaderos, “es muy riesgoso”, si es que no se adopta una decisión de comenzar el camino de dejar la vacunación, “no se puede descansar pensando que la vacuna está protegiendo. Eso hace que la gente no comunique la existencia de enfermedades confundibles con fiebre aftosa”.

En Uruguay los servicios ganaderos reciben alrededor de 12 sospechas anuales de enfermedades confundibles con aftosa, con un rodeo de 12 millones de cabezas bovinas. Es un número muy bajo.

Para Muzio se justifica dar un paso más e ir hacia el cambio de status por razones de economía de mercado y sanitarias.

En las consideraciones estrictamente sanitarias, desde la óptica del experto, “el escenario regional cambió respecto a la situación de 2001. Pasaron muchos años y hubo muchos cambios, incluso con mudas estructurales en la ganadería del Uruguay (por ejemplo la trazabilidad)”, explicó. Incluso hay mayor transparencia a nivel de los países que conforman el Comité Veterinario Permanente (CVP).

En la región del Cono Sur, la aftosa sigue sin aparecer. “Las cepas que tuvimos hoy no están presentes. Lo demostramos en Uruguay con el virus C, cuando dijimos que no se iban a usar más en las vacunas, hubo una gran presión de Argentina y los laboratorios de Brasil para que siguiéramos. Pasaron todos estos años y no reapareció”, recordó Muzio. En cuanto a los serotipos A y O, que son los clásicos en la región: “llevamos un mínimo de 6 o 7 años con ausencia de virus O en Paraguay , nueve con ausencia de virus A y trece para el virus C”. Por eso, el experto consideró que la situación regional se fortalecería más “con un buen sistema de vigilancia, pensando en hacer el proceso para dejar la vacunación, con la participación de todos los actores. Debe ser una medida consensuada con el sector privado, tanto veterinarios como productores”, admitió.

Tiempo. A su vez, el Dr. Jorge Bonino, que por varias décadas es el representante de la Asociación Rural del Uruguay en la Organización Mundial de Sanidad Animal, opinó que no hay tiempo establecido para que Uruguay deje de vacunar contra aftosa y entre en la etapa final de erradicación. “Se debe ir con pasos cortos y seguros, respaldados con argumentos técnicos e información confiable de la realidad a nivel regional, sabiendo que Uruguay está haciendo las cosas bien, integrando a todos los protagonistas (APP), monitoreando, realizando vigilancia epidemiológica, estudios de análisis de riesgo, relación costo beneficio, etc y reafirmar una estructura con recursos humanos y económicos para desarrollar una excelente vigilancia epidemiológica y así tomar la decisión de suspender la vacunación”.

Bonino aclaró que estas acciones se están llevando a cabo, pero afirmó que “no debe ser mañana que se dejará de vacunar” y consideró que “no hay que distraerse hoy en discusiones, sino que hay que pensar y trabajar respetando al PHEFA. sin fijar fecha e ir en pos del gran objetivo de erradicar la fiebre aftosa con la previa suspensión de la vacunación, para ser un país totalmente libre”. También dijo que para la OIE, los “países libres de fiebre aftosa donde se practica la vacunación”, como en el caso de Uruguay, donde año tras año se demuestra la vigilancia, el monitoreo y la ausencia viral, “no deberían tener impedimentos comerciales para ingresar a un país con diferente status”.

Esta claro que OIE dicta normas, procedimientos, elementos técnicos, etc para prevenir zoonosis, ingreso o desarrollo de enfermedades y facilitar el comercio, pero no impone y siempre avala el acuerdo entre las Administraciones Veterinarias.

Atento a esto, sin perder el objetivo de la erradicación, hay que trabajar mucho en demostrar que la aftosa es una “enfermedad económica” (pérdida de mercados), que sirve para regular o condicionar el comercio.

Sistema de vigilancia se durmió y el virus pasó. “Cuando se estaba controlando el foco de fiebre aftosa en 2001 el presidente Jorge Batlle me preguntó si hubo ingreso de vacunas ilegales desde Argentina. Las hubo, porque algunos productores que tenían haciendas en Argentina, como tenían aftosa en su país, trajeron dosis a Uruguay y vacunaron sus rodeos aquí. No contemplaron los mecanismos de bioseguridad y en forma mecánica, transportaron el virus al Uruguay”, contó a El País, luego de 18 años, el Dr. Luis Eduardo Días, epidemiólogo que atendió la emergencia por el MGAP.

En ambas epidemias -incluyéndose la de Artigas-, Días estuvo en la primera línea, aplicó el rifle sanitario (como mandata la OIE) y la revacunación, hasta que se lograron controlar los 2.020 focos conocidos.

En 2001 Argentina se mantenía con la vacuna antiaftosa trivalente (cubría los tipos A, O y C), cuando Uruguay había sacado ya el virus C. “En la vacuna los argentinos incluyeron algunas variantes de virus A -era el que los afectaba- y su vacuna tenía una estructura diferente a la uruguaya”, reconoció el experto. “El peligro es que transportaron el virus en forma mecánica”.

Días también admite que toda la estructura de vigilancia se durmió y contó como anécdota que “en Colonia había muchos problemas de patas en bovinos. Los productores y veterinarios no consideraron que podía ser aftosa”. Se confundió una pododermitis infecciosa con fiebre aftosa.