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Plan ganadero argentino: un cepo, los mismos actores y resultados que serán similares

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LA NACIÓN (GDA) |

Víctor Tonelli, consultor ganadero

El gobierno está decidido a convencer a propios y extraños que, pese a repetir recetas de restricción a las exportaciones e ir arreglando con algunos actores de la cadena de carne vacuna, la solución vendrá de la mano de un Plan de Desarrollo Ganadero.

Con ello pretenden incrementar la oferta, el abastecimiento a las mesas de los argentinos a precios accesibles, incrementar los puestos de trabajo y crecer en las exportaciones para generar divisas que derramen bienestar en la cadena y la sociedad.

El propósito es loable, aunque poco creíble a poco de repasar la historia de fallidos anteriores desarrollados por los mismos autores y escenarios de cepos similares.

Para fundamentar mi descreimiento analicemos qué ocurrió con el Plan Estratégico Agroalimentario 2010-2020 (PEA2) que comenzó su proceso a principios de 2009, año que también coincidió con elecciones legislativas de medio término para las que el Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner continuaba enfrentado con el campo y buena parte de la sociedad por el conflicto de la 125 ocurrido el año anterior.

En materia de carnes vacunas, el PEA2 partía de datos del 2010, año en que la ganadería alcanzó los índices de stock, producción y exportaciones más bajas de la historia de la ganadera vacuna, precisamente muy afectada por las medidas de intervención a las exportaciones aplicadas por ellos mismos desde 2006.

Las metas que se definieron eran ambiciosas con crecimientos del 10% en el stock de cabezas y un 46% en la oferta neta para sostener un consumo de 56 kg por habitante generando asimismo un crecimiento del 400% de las exportaciones.

La realización del PEA 2 contó con el trabajo y el aporte de innumerables entidades del ámbito académico, profesional empresarial y político. Sus conclusiones fueron resumidas en un libro de 170 páginas, lleno de buenas intenciones y proyecciones pero que nunca tuvo el compromiso genuino del Gobierno que lo impulsó y que, de hecho, nunca quitó las restricciones y trabas al crecimiento de la oferta y las exportaciones.

Las metas cuantitativas más relevantes para la carne vacuna apuntaban a incrementar la oferta a partir de un crecimiento del stock del 10% y un 15% del peso neto de faena que permitiría incrementar en 10 años en un 46% la producción neta y con ello sostener los 56 kg de consumo por habitante año y crecer un 400% las exportaciones.

Los resultados confirman que durante los cinco primeros años del PEA el mismo Gobierno que lo promovió alcanzó solo 20% de la meta prevista para el crecimiento de la oferta. Solo mantuvo la oferta al mercado interno y redujo en un 22% el valor total de las exportaciones como resultado de sostener políticas opuestas a las planteadas.

Como contrapartida, basta mencionar el éxito alcanzado por el Gobierno que lo sucedió que en los siguientes cuatro años, liberando el cepo a las exportaciones e impulsando medidas racionales logró que la oferta creciera un 17% y se triplicara el valor de las exportaciones.

No puedo terminar sin expresar que siento que la actitud actual del Gobierno es una vuelta al pasado y un déjà vu con los mismos actores que intentan llevarnos por el mismo camino que tanto daño hizo al sector de ganados y carnes y al país.

Estas líneas persiguen el sano interés de alertar a aquellos que no vivieron la experiencia que describo y de llamar a la reflexión a quienes tienen la responsabilidad de dirigir los destinos de nuestro bendito país.

Dediquemos tiempo y esfuerzo redoblado para eliminar las trabas que impiden el desarrollo, abordemos con fiereza los problemas y dejemos de jugar a la política vacía de contenido antes que tengamos que repetir las cuantiosas pérdidas sufridas. Por favor, no volvamos a transitar por el mismo camino.

 

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