El profesional dijo “estamos encontrando un poco más de anestro de lo que esperaríamos para el pasto que vemos en el campo”, y aclaró que se trata de resultados aún parciales, ya que el entore sigue en curso y algunos rodeos todavía no han sido completamente evaluados. Sin embargo, el volumen de animales analizados permite trazar un panorama representativo.
En este sentido, los números proporcionados por el profesional indican que el 61% de las vacas evaluadas están preñadas o ciclando, mientras que el 39% restante se encuentra en anestro, es decir, sin celo ni ovulación. En términos prácticos, “cuatro de cada diez vacas todavía no están en condiciones fisiológicas de preñarse”, aun cuando a campo puedan lucir en buen estado.
Anestro superficial y profundo
De Nava profundizó en la caracterización de esas vacas, una distinción clave para definir estrategias de manejo. “Desde el punto de vista académico distinguimos anestro superficial y anestro profundo, porque esa clasificación nos permite pensar qué prácticas pueden funcionar”, explicó.
Dentro del total de vacas evaluadas, un 12% presenta anestro superficial, mientras que un 27% se encuentra en anestro profundo. Esto implica que casi una de cada tres vacas está lejos de iniciar la ovulación, y requiere medidas más intensivas si se pretende lograr una preñez dentro del entore vigente.
En el caso del anestro superficial, el veterinario señaló que existen herramientas de bajo impacto que pueden generar respuesta. “Con manejos relativamente simples, como una tablilla o una separación temporaria del ternero por 48 a 72 horas, esas vacas pueden reaccionar”, indicó.
El riesgo de aplicar manejos sin diagnóstico previo
De Nava advirtió que las medidas mencionadas, como el destete precoz, temporal, o la utilización de tablillas, tienen sentido solo si se aplican con criterio y sobre los animales adecuados. En este sentido dijo que “aplicar tablilla al barrer, con estos valores que estamos viendo, es inefectivo”.
Según explicó, la tablilla no tiene efecto sobre el 61% de las vacas que ya están preñadas o ciclando, ni tampoco sobre el 27% que se encuentra en anestro profundo. En la práctica, solo ese 12% en anestro superficial podría responder positivamente. Mientras tanto, el ternero sufre una merma productiva. “Durante los días de tablilla, el ternero deja de ganar peso y puede perder entre siete y ocho kilos, una diferencia que luego se mantiene al destete”, detalló.
Por eso, insistió en que el monitoreo del entore es una herramienta clave. “Nos permite identificar las vacas problema cuando todavía hay tiempo de actuar y elegir el manejo correcto para cada situación”, subrayó.
Destete precoz
Frente al anestro profundo y con el entore avanzando, el margen de acción se acota, “nos queda muy poco tiempo como para mejorar el plano alimenticio y esperar una respuesta favorable”, reconoció De Nava. En ese contexto, el destete precoz aparece como la alternativa más efectiva, aunque también la más costosa.
“Sacarle el ternero a la vaca elimina el efecto del amamantamiento y en pocos días vemos una respuesta clara de celo”, explicó. Según su experiencia, aplicada a tiempo, esta práctica permite alcanzar tasas de preñez de entre 70% y 90%, incluso en vacas que estaban en anestro profundo.
El costo del destete precoz se ubica en el entorno de los 60 a 70 dólares por animal, pero el veterinario defendió su impacto. “Siempre que hicimos cosas para preñar, nunca nos arrepentimos; los resultados fueron positivos para la productividad y para los retornos económicos del predio”, afirmó, respaldado por más de 30 años de trabajo en sistemas de cría.