Opinión

Vigilia por los porotos

La caída en la cosecha de soja fue tan impactante, que la recuperación de la producción el año próximo es casi un hecho. El problema es que den los números. Es paradójico que buena parte de la esperanza, incluso desde el propio equipo económico, que la economía repunte el año que viene, es por la expectativa de una recuperación agrícola, cuando es el campo desde donde han venido los reclamos más enfáticos por la pérdida de competitividad.

Ing. Agr. Nicolás Lussich.

Que los EE.UU. con el impulso de su presidente, Donald Trump, hayan iniciado una amplia “guerra comercial” a todo nivel, en especial con China, es un asunto insoslayable de la situación económica global. Y ya tenemos las primeras “escaramuzas”: como era previsible, los precios de la soja en EE.UU. se han resentido, mientras se ha concentrado más demanda china en América del Sur.

De tal manera que los negocios para los productores uruguayos, que habitualmente fijan sus precios restándole algunos dólares al precio de Chicago, ahora tienen la situación inversa: cobran lo de Chicago más un tanto, aunque aún con pocos negocios: los operadores se resisten a fijar posiciones con tanta incertidumbre. Además, los chinos -principales demandantes de soja- se están cuidando de que todo este alboroto no les implique pagar más, mientras los “farmers” estadounidenses están cobrando menos. Otro país que puede protagonizar cambios en sus carriles comerciales es México. Los aztecas también han sufrido los embates proteccionistas de Trump, que quiere renegociar el NAFTA. Y es un comprador importante en el mercado internacional.

En cualquier caso, más allá de los movimientos de corto plazo, los mercados de granos tienen una dinámica global: si China ‘copa’ la producción de soja en América del Sur, seguramente se liberarán otros mercados para que EE.UU. coloque producción. En la medida que la oferta global acompañe la demanda, no debería haber mayores alteraciones a mediano plazo. Lo clave es que el precio sea atractivo, en especial en Uruguay donde se necesita un precio lo suficientemente estimulante como para viabilizar la refinanciación de deudas y, así, mantener las áreas de siembra.

Y aquí es donde entra a jugar la situación regional, porque Argentina y Brasil -potencias agrícolas- han devaluado fuerte sus monedas, lo que les da margen para enfrentar descensos en los precios de exportación, cuando se los mide en dólares. Dicho de otra forma, con la devaluación las producciones vecinas son competitivas aún con precios de exportación más bajos. Esto ya se ve en los precios FOB de los granos en Argentina, que son la referencia para Uruguay: después de meses de una alentadora recuperación, los granos en la región corrigen a la baja; la soja ya está al mismo nivel que el año pasado. Por si fuera poco, esta semana el Departamento de Agricultura de EE.UU. (USDA, su sigla en inglés) corrigió al alza las proyecciones de producción de soja a nivel global, mientras la demanda fue ajustada a la baja, elevando la proyección de stocks y presionando las cotizaciones (ver gráficas).

 

Pero el impacto no queda solo en los granos. Argentina está recomponiendo su producción cárnica, las exportaciones vienen creciendo 60% este año y tienen potencial para seguir avanzando, más aún con un dólar fortalecido en su economía. Para Uruguay, que tiene en la carne un sector clave, es un hecho muy relevante… y amenazante. Y así puede suceder con otras producciones. Con Brasil -que también ha devaluado significativamente su moneda- el razonamiento es similar.

El cambio en los precios relativos muchas veces se subestima. Para plantearlo en términos sencillos: si llega o no llega una inversión, si se concreta o no un negocio, es “eso” o nada. Pero si un vecino devalúa, pasamos de más a menos, es “eso” o lo contrario: Argentina devaluó y no solo habrá menos ingresos por turismo, sino que aumentará el gasto de uruguayos en Argentina. Brasil devaluó y no solo nos comprará a menor precio, sino que -posiblemente- nos venderá más. A la devaluación, hay que multiplicarla por dos.

Uruguay tiene firmes razones para proyectar una situación mejor que la de sus vecinos. Además de la estabilidad política, su situación financiera -si bien delicada- es mejor. No solo por las propias cifras, sino por su transparencia: Uruguay consolida todas las cuentas del Estado y se sabe dónde, cuanto y en qué se gasta. El déficit fiscal es alto y preocupante (4%), pero es consolidado. En Argentina y Brasil hay que hurgar un buen rato para dar con una cifra comparable, y hasta más vale no preguntarla porque asusta. Considerando provincias y otros gastos parafiscales, en Argentina el déficit es 7% del PBI. En Brasil aún mayor.

Pero mal de muchos y grandes, consuelo de tontos y chicos: la economía uruguaya está atravesando un momento difícil y tener una buena posición financiera, con Grado Inversor, no es excusa para “patear la pelota hacia adelante”, más allá de que el calendario electoral no ayuda a tomar decisiones de fondo. La expectativa es que la situación se supere este año, considerándola una desaceleración transitoria, y la economía crezca más 2019, con más cosecha agrícola, inversiones y consumo. En cualquier caso, la caída en la cosecha de soja fue tan impactante, que la recuperación de la producción el año próximo es casi un hecho. El problema es que den los números.

Es paradójico que buena parte de la esperanza -incluso desde el propio equipo económico- de que la economía repunte el año que viene, es por la expectativa de una recuperación agrícola, cuando es el campo desde donde han venido los reclamos más enfáticos por la pérdida de competitividad. En el informe económico que acompaña la Rendición de Cuentas, se plantea que haber mantenido el precio del gasoil y el movimiento al alza del dólar son señales positivas para la recuperación agrícola. Más vale algo que nada….

Esta semana se reunieron varios líderes de primera línea del oficialismo, cazuela de porotos de por medio, para definir estrategias políticas y electorales. Pero el ministro Astori no fue. Seguramente le preocupan otros porotos, los de soja.

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