Los altos precios del ganado promovieron un aumento significativo en la inversión para acelerar la terminación de los animales. Es una tendencia que no tiene vuelta atrás, porque implicaría un agujero en la oferta con graves consecuencias en los siguientes eslabones de la cadena, fundamentalmente a nivel de la industria frigorífica.
Los datos que Dicose divulga todos los años son ansiosamente esperados por todo el sector ganadero para saber cuántos vacunos y ovinos había al 30 de junio de cada año. Sin embargo, el cúmulo de información que incluye el reporte es mucho más abarcativo. Profundizando en ella se pueden sacar datos que, en una primera y rápida mirada, pasan desapercibidos.
Los datos de la Declaración Jurada Anual de Existencias le ponen números a una generalizada percepción sobre el aumento en la inversión para la más rápida terminación de los vacunos. Que están llegando animales más jóvenes y de mejor calidad a las plantas frigoríficas ya se sabía, pero el informe le pone números tanto a la inversión en los corrales de engorde como en pasturas.
En la ganadería de carne aumentó la inversión en ambos. La superficie ocupada por cultivos forrajeros anuales (verdeos de invierno) creció en unas 35 mil hectáreas a 705 mil. Despejando los establecimientos de giro lechero, el aumento es de 34 mil hectáreas, por lo que prácticamente todo el crecimiento recae sobre la ganadería de carne. En el caso de las praderas artificiales permanentes, su superficie aumentó en 25 mil hectáreas a 1,08 millones de hectáreas; todo el aumento correspondió a predios por fuera del giro lechero.
Con costos estimados de unos US$ 350 por hectárea para la implantación de un verdeo y del orden de los US$ 470 en el caso de las praderas permanentes, la superficie adicional en pasturas sembradas implicó para la ganadería de carne un aumento de la inversión del orden de los US$ 23-24 millones.
Está inversión pudo ser parcialmente aprovechada durante los meses del invierno debido a la continuidad de precipitaciones y a la falta de sol que retrasó el avance de las pasturas. En el caso de las avenas su aprovechamiento fue muy parcial, pero en el del raigrás el pico de producción se da en estos momentos. Con más horas de sol y chacras más oreadas a pesar de la continuidad de precipitaciones, además de buenas condiciones de humedad en el perfil del suelo, comenzarán a aprovecharse de mejor manera.
La declaración jurada también informa la cantidad de corrales de engorde en el país al 30 de junio y la cantidad de vacunos dentro de ellos. Eran 157 corrales, seis más que en el mismo día de 2025. A su vez, se dio un significativo aumento en la cantidad de animales dentro de los corrales, de 26,5%.
El dato confirma la significativa expansión en la cantidad de animales terminados a corral en el país como respuesta a los históricamente altos precios del ganado a faena y la necesidad de la industria de hacerse de materia prima escasa. La declaración jurada da cuenta de 248 mil vacunos dentro de los corrales de engorde.
Asumiendo que, en grandes números, esta cantidad de animales es la que iba a estar disponible en los siguientes cuatro meses, la salida de vacunos con Dicose de corral a plantas de faena habría sido de unas 60-65 mil cabezas mensuales. Con una faena que en el último trimestre (jul-sep) promedió 165 mil cabezas mensuales, la participación de los animales con Dicose de corral es de 37-38%. Es muy alta, más aún considerando que a eso hay que agregarle una cantidad no despreciable de animales que son terminados en corrales informales o de coyuntura, sin Dicose de corral.
A su vez, asumiendo que se concretan algo más de dos ciclos por año, el total de animales terminados con Dicose de corral en Uruguay sería del orden de las 550 mil cabezas. En 2025 había 196 mil animales con esta condición en los feedlots al 30 de junio, por lo que se habrían terminado unas 430 mil cabezas.
Son 120 mil animales más de un año a otro. En números muy gruesos, a unos US$ 1.300 por cabeza, son más de US$ 150 millones adicionales que los corrales de engorde invirtieron en cabezas de ganado este año. A eso hay que agregarle el costo de la dieta, que no es despreciable y que lleva el costo total por animal a unos US$ 1.700.
La principal categoría dentro de los corrales de engorde eran los novillos de 1-2 años con 121 mil cabezas, 49% del total y una cantidad que aumentó en 37 mil cabezas en el año. El crecimiento es proporcionalmente mayor en la cantidad de vaquillonas de 1-2 años, de 18 mil cabezas (66%) a 45 mil. Este número confirma el mayor peso relativo de las vaquillonas en los corrales de engorde en la comparación con 2025.
También ayuda a explicar el aumento del precio de la ternera respecto al ternero. Los corrales venden la vaquillona al mismo precio que los novillos. Es lógico que una mayor participación de las hembras en los corrales presione al alza el precio de la ternera.
Es evidente que estas inversiones adicionales con el objetivo de acelerar la terminación se han dado gracias a los altos precios que los productores reciben por los animales que venden. No hay mejor aliciente para la inversión. En algún momento el negocio no será tan bueno (los ciclos seguirán existiendo), pero parece claro que la aceleración de la recría y el engorde es algo que llegó para quedarse.