Opinión

¿Justos por pecadores?

Los agronegocios han transcurrido un año con avances y retrocesos, según el sector, con una perspectiva en general positiva para el 2021. Sin embargo, el nuevo y preocupante avance del Coronavirus comenzó a llegar a lugares donde –hasta ahora- había logrado contenerse con estrictos protocolos, como la industria frigorífica. ¿Están pagando justos por pecadores?

Por Nicolás Lussich, Ing. Agr. MBA 

El abrupto crecimiento de los contagios por Coronavirus ha puesto en riesgo los destacados avances que había logrado Uruguay en su combate a la pandemia. Por varios meses el país mantuvo “achatada” la curva de casos, con algunos brotes notorios en Rivera, Treinta y Tres, y Montevideo, que fueron controlados con éxito. Sin embargo, por razones que hasta ahora es difícil ponderar, el virus está arremetiendo como nunca y los casos crecen exponencialmente, con el aumento correlativo de los internados en CTI y fallecidos.

En este contexto de expansión del virus en Uruguay,  se abrió un nuevo capítulo de preocupación que involucró a la industria frigorífica.  El Punto de partida fue una información divulgada por el Global Times, medio oficioso vinculado al gobierno chino,  qué informó que –en China- encontraron rastros de Coronavirus en cajas que contenían carne de Brasil y Uruguay.

Dado que China es el principal destino de la producción cárnica uruguaya,  la noticia género un alerta inmediato en la cadena cárnica. Ante la situación, en una decisión a mí juicio acertada y ponderada, Inac y el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP), respondieron al hecho con un comunicado bien fundamentado en el que se informaba que era imposible que esos rastros de virus hayan provenido del Uruguay. El comunicado fue más allá, sugiriendo  al gobierno chino que incorpore más información – léase, información desde Uruguay- antes de divulgar noticias que pueden afectar el comercio. La mercadería pertenecía al frigorífico BPU, que sigue exportando normalmente a China. No hubo ninguna comunicación oficial del gobierno chino por el asunto.

Hay que decir que la situación del coronavirus en China no muestra ni la misma dinámica ni tampoco la amplitud de formación que tenemos en los países occidentales, incluyendo nuestra región, lo cual hace especialmente difícil la consideración de estos temas. Agregado a esto, China es el único país qué hace testeos por Coronavirus en mercaderías (en este caso paquetes de alimentos), algo que tiene permanentemente en vilo a sus proveedores de alimentos. 

Pocos días después, en esta misma semana, llegó la temida noticia de un caso de coronavirus en la industria frigorífica,  en esta ocasión en la planta de Lorsinal. Un primer caso derivó en 3 y se debieron cuarentenar 50 operarios;  también se confirmó posteriormente un caso en el frigorífico Casablanca,  en Paysandú.

Los casos llegaron justo luego de que Uruguay hiciera énfasis en sus controles y protocolos, mal momento. Las autoridades actuaron de manera decidida  y -en consonancia con lo que había sucedido hace algunos meses, cuando se registró un contagio en el frigorífico Carrasco-,  se decidió quitarle transitoriamente a Lorsinal la autorización de exportación a China, hasta que se controle y neutralice el brote de Covid. La planta suspendió la faena. 

La actitud es actuar por iniciativa propia, antes que los chinos inhabiliten directamente las plantas afectadas- algo que sí ocurrió en casos recientes en Brasil y Argentina-. Uruguay actúa anticipando la situación, lo que no quita –obviamente- que se informe a China el problema. 

Como lo hemos comentado, el vínculo con China es clave por ser el mercado predominante de destino en carnes y varios otros productos. Más aún cuando el Coronavirus tiene a Europa en una seria crisis,  y afecta particularmente la demanda de carne de calidad vinculada a restaurantes y hoteles, donde la carne de las cuotas más se valoriza. Si bien hubo algunos indicios de recuperación de negocios,  son modestos y a precios históricamente muy bajos. Hay que recordar además que, tanto en China como en Europa, Uruguay está en directa competencia con sus grandes vecinos regionales.

El trabajo en juego. La preocupación en la industria frigorífica -y en el resto de las industrias y empresas- por la expansión del coronavirus, es creciente. “Las  balas pican cada vez más cerca”,  me comentaba un empresario, atento a lo que está sucediendo con la expansión del virus en Uruguay.  Para cualquier empresa, un caso positivo conlleva –como mínimo- una alteración seria del trabajo, con cuarentenas para funcionarios y complicaciones del funcionamiento. En el caso de los agroexportadores, además, pueden estar en riesgo los mercados. Por eso, en la industria frigorífica se están reafirmando y reforzando los protocolos para evitar más casos. En donde el virus apareció, implicó varios días sin faena. 

De todas formas, hay que destacar que hasta ahora -más allá de estos casos puntuales- el comercio con China sigue fluyendo y es clave que esto se sostenga dada la relevancia de ese mercado.  Fronteras adentro,  nos gana la amargura de ver cómo en lugares donde los protocolos fueron implementados hay una afectación seguramente por la negligencia e irresponsabilidad de compatriotas en otros ámbitos.  Esto vale no solo para las agroindustrias, sino para toda la actividad en general.  Posiblemente están pagando justos por pecadores: se hizo todo un esfuerzo en el comercio, el transporte, la educación, la industria,  etc., para  preservar la actividad y mantener el empleo;  sin embargo, la irresponsabilidad de algunos -seguramente pocos pero efectivos- , que no respetaron recomendaciones y se aglomeraron en forma indolente, han puesto al Uruguay en una situación complicada. Acusar sin fundamentos y a la barrida no tiene sentido, pero tampoco lo tienen el mirar para otro lado.

El gobierno ha tomado medidas que se evaluaran dentro de pocos días.  Si las tendencias de la pandemia no cambian,  se vendrán otras más drásticas. La situación es complicada y todos los esfuerzos tienen que estar enfocados a contener y hacer retroceder la pandemia.

Regalos de fin de año. Los contratiempos por la pandemia dan espacio, sin embargo, a algunas buenas noticias. La principal es que se han ido dando algunas valiosas lluvias,  como la de la jornada de hoy.  Esto ha revertido la tendencia a la baja en el mercado ganadero,  al tiempo que permitió avanzar a todo tren con las siembras de soja. Si bien La Niña se reafirma en el Pacífico, en nuestro país se cortó –al menos parcialmente- un período sin lluvias preocupante. De todas formas, no hay que cantar victoria, pues las predicciones climáticas siguen dando una mayor probabilidad de lluvias por debajo de lo normal para el trimestre diciembre-febrero. 

En varias zonas el daño ya está hecho, de manera que el MGAP ha debido decretar la Emergencia Agropecuaria  para cerca de seis millones de hectáreas, que abarcan varios departamentos. La situación más crítica se da en la zona sureste, entre Canelones, Lavalleja y Maldonado.

La declaratoria de Emergencia permite a los productores de las zonas declaradas acceder a créditos blandos para los productores, canalizados a través de República Microfinanzas.  Serán por un equivalente a 25 dólares por Unidad Ganadera (UG) en caso de productores ganaderos,  y de 40 U$S/UG para los lecheros,  para productores familiares o –para aquellos que no caigan en esa categoría-, con un tope de hasta 300 UG o 300 hectáreas físicas. Las tasas son 10-12% en pesos, o de 4-5% en dólares. Se trata de facilitar -al menos parcialmente- la situación de los productores más vulnerables,  pero  no se les regala nada: los préstamos hay que devolverlos,  más allá de que se otorgan con tasas subsidiadas. También hay créditos adicionales del BROU y beneficios para las inversiones en obras para agua.

Otra buena noticia en este accidentado fin de año, es la valorización del real en Brasil. Los vecinos no quieren que la inflación se eleve,  y detuvieron la baja en la tasa de interés,  lo que ha hecho que el real se fortalezca  (el dólar baja). Es una buena noticia para las exportaciones de lácteos, arroz y trigo. La cosecha triguera y la de invierno en general han tenido un excelente desempeño (gráficas) y encuentra precios destacados. Los trigueros uruguayos están alerta porque Brasil ha bajado el Arancel Externo Común para el trigo, justo cuando llegan las cosechas de sus socios del Mercosur; se han hecho gestiones para mostrar que Uruguay tiene un buen saldo exportable (cerca de medio millón de toneladas) y buena calidad de grano para que compren los molinos brasileños. Es importante para mantener el impulso agrícola. Sembradoras y cosechadoras no conocen de Covid.