Publicidad

Inversión y producción

Los agricultores han plantado la segunda mayor área de cultivos de invierno de la historia. Los vaivenes del clima y los mercados, y el empuje de la inversión.

Nicolás Lussich.jpeg

Mientras los cultivos de invierno en las chacras van desarrollando sus primeras etapas del ciclo, en el mercado internacional las idas y vueltas del precio del petróleo dificultan tener una visión clara de las tendencias en las cotizaciones. Los valores de los granos están incididos por el precio del petróleo, que ha tenido una alta volatilidad en los últimos días, en la medida que los ataques entre EEUU e Irán se intercalan con treguas frágiles, que se interrumpen con nuevos episodios bélicos.

Con este panorama, el mercado de granos también refleja los vaivenes. Esta semana, tanto petróleo como granos tuvieron un descenso respecto a la semana anterior (8% el petróleo, entre 5 y 6% los granos en Chicago). La diferencia es que el petróleo terminó con cierto tono alcista, mientras los granos -en particular soja y colza- cayeron por las mejoras en el clima en el hemisferio norte y liquidación de posiciones de fondos en el cierre mensual.

Aún con estas incertidumbres, la apuesta para este ciclo de invierno es clara: la colza se ha constituido en el cultivo más importante y -según las últimas estimaciones de agentes del mercado, originadores y empresas semilleristas- el área de esta oleaginosa de invierno habría alcanzado las 400.000 hectáreas, casi la misma superficie que trigo y cebada sumados. El trigo habría retrocedido a unas 220.000 hectáreas y la cebada habría avanzado a unas 195.000 hectáreas (gráfica).

De manera que el área de invierno ha llegado a la segunda mayor superficie de la historia. La concentración en el área de colza hace que el derrotero de este cultivo sea la clave para definir si hay revancha después de la seca del verano pasado. Por suerte, las colzas se han implantado muy bien, aunque los excesos hídricos de los últimos días pueden comenzar a generar algunos problemas en algunas chacras. Preocupa que ya en algunas zonas los niveles de agua en el suelo son muy altos y las previsiones climáticas indican más lluvia; más preocupación suman las altas probabilidades de lluvias por encima de lo normal hacia la próxima primavera, causadas por un Niño que se ha vuelto muy profundo en el Pacífico.

De más está decir que -para el agronegocio agrícola- es clave tener un buen resultado en estos cultivos de invierno, en la medida que el endeudamiento ha crecido y hay que recomponerse de las pérdidas, causadas por la caída de la cosecha de soja y una zafra de invierno pasada que dejó márgenes muy estrechos.

El sector ha invertido en tecnología, material genético, insumos y se apresta a establecer también una importante área de verano, con la soja que seguirá como cultivo principal y un cultivo de maíz en plena expansión. En maquinaria, después de una destacada suba en 2022/23, las inversiones se han moderado y según el IDIMA (Indicador De Inversión en Maquinaria Agrícola) quedaron en el último ejercicio en el mínimo de los últimos años (gráfica). Esto tiene lógica, en la medida que los resultados del último ciclo no han sido buenos, pero en algún momento es necesario retomar las inversiones para seguir apuntalando los aumentos de productividad en las chacras.

La agricultura también ha recurrido a los mecanismos de promoción de inversiones establecidos a través de la COMAP. Como se ve en los datos elaborados por CPA Ferrere, el sector ha ido acumulando proyectos promovidos y con montos de inversión involucrados crecientes, marcando un récord en el último año (gráfica). Allí hay una importante incidencia de los proyectos de riego.

Lussich.jpg

La adopción del riego, en especial vinculado al cultivo de maíz, es otra buena noticia en la dinámica de inversión y productividad agrícola. Seguramente sería más contundente el avance si los costos para regar fueran menores. Esto tiene que ver -entre otras cosas- con el acceso a la energía eléctrica, cuyos costos se han elevado en los últimos años y -según indican los regadores- se han emparejado con los costos de regar en base a combustibles. Es algo contradictorio con el objetivo de expandir el uso de la energía eléctrica a todo nivel, en la denominada Segunda Transición Energética.

Obviamente, todos los sectores piden energía más barata, en la medida que nuestro país tiene los mayores costos energéticos de la región. Desde Google hasta Hif Global piden que UTE provea energía a menor precio. Pero el riego también debería tener consideración, para lo cual se requiere no solo un kwh más barato, sino una red más amplia. Todo esto se vuelve más relevante si se tiene en cuenta que los extremos climáticos seguramente se harán cada vez más frecuentes.

Costos y competitividad.

Con los vaivenes del petróleo por la confrontación entre Trump e Irán, el gobierno decidió no modificar los precios de los combustibles para este mes de agosto, decisión previsible y razonable, en la medida que el rumbo del mercado internacional del petróleo es cada vez más difícil de prever.

En el caso de las naftas, en realidad, no hay mayor diferencia de precio entre la paridad de importación y el precio del público efectivo. En el caso del gasoil sí hay una diferencia: el precio al público está 7,5 pesos por debajo de la paridad de importación, según los cálculos de Ursea. Esto no quita que Uruguay siga con el gasoil más caro de la región, lo que le impone un lastre de competitividad frente a los agricultores vecinos.

Estos problemas de costos de la energía, tanto eléctrica como en combustibles, se suman a los problemas de competitividad general que ya hemos comentado varias veces, que se confirman con datos macroeconómicos preocupantes de esta semana. Por un lado, el Índice de Confianza del Consumidor (que elaboran Equipos y la UCU Business School) cayó nuevamente, marcando un mínimo de los últimos cuatro años.

Por otro lado, el Indicador Mensual de Actividad Económica (IMAE) del Banco Central, cayó 1,4% interanual en mayo, segunda caída consecutiva, lo que anticipa una caída del PIB en el segundo trimestre. Se confirman así los problemas de crecimiento, que aparentemente no se resolverán rápido.

En este contexto difícil, el ministerio Economía logró colocar bonos por un neto de U$S 1.250 millones, para financiar el déficit del Estado, que sigue siendo abultado. A su vez, la directora del FMI Kristalina Georgieva -de visita en nuestro país- destacó las virtudes de Uruguay, en cuanto a su fortaleza institucional, pero llamó a ser más “audaces”.

En la agricultura, audacia no falta; sin ella, sería difícil seguir invirtiendo y sembrando, aún con costos que siguen elevados y un escenario externo altamente volátil. Donde sí falta audacia es en encarar una reforma del Estado a fondo y en cambios hacia relaciones laborales modernas, entre otras cuestiones pendientes.

Publicidad

Publicidad