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Fortaleza maicera 

A pesar de la sequía, la cosecha de maíz llegó a casi 1 millón y medio de toneladas, la tercera de la historia. El grano se consume casi todo en Uruguay. El rol del riego y los desafíos de costos

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La cadena cárnica transcurre un inédito período de valorización en sus precios y el aumento impulsa en uso cada vez más amplio de granos forrajeros, raciones y concentrados, con el maíz como gran protagonista de este avance.

Los recientes números divulgados por DIEA muestran que se cosecharon más de 1 millón 453 mil toneladas de maíz, con un rendimiento sobre el área sembrada de 5.745 kg/ha (se perdieron casi 3.000 hectáreas). Es un desempeño notable considerando la sequía que imperó en buena parte del área agrícola, en el último verano.

Como se ve en la gráfica, es la tercera cosecha en volumen de la historia, y consolida al maíz en un nuevo “escalón” de producción, duplicando lo que se producía apenas 5 años atrás. Y todo indica que seguirá su avance.

Antes de profundizar en las cuestiones del propio cultivo, es insoslayable remarcar cómo la dinámica del sector cárnico ha contribuido a “preservar” al maíz uruguayo de tener que producir a precios de paridad de exportación (más bajos), lo que exigiría bastante más a los números en las chacras. Es un interesante ejemplo de cómo la economía tiene permanentes interacciones, más allá de las cuestiones específicas sectoriales.

Esta valorización es consistente con lo que aporta el grano en términos de productividad y calidad, desde la propia base de producción. El maíz (en grano o integrado en raciones) mejora el desempeño de la cría y la recría, así como -obviamente- en todo el proceso de engorde final, en los corrales o feedlots. Aquí su aporte es doble, en cantidad y calidad, permitiendo al Uruguay producir cada vez más carne terminada a grano, la que -en general- es la de mayor valorización en todos los mercados. De manera que la valorización del maíz “escapando” de la paridad de exportación se justifica genuinamente, no por una disposición arbitraria de restricción comercial.

Cabe agregar que -obviamente- la ganadería de carne no es el único rubro consumidor de maíz, aunque sí el que ha incrementado más significativamente su demanda de granos forrajeros, en proporción y en valor absoluto. A comienzos de esta década, la demanda de granos forrajeros desde la ganadería de carne era similar a la de la lechería y la avicultura sumadas; hoy la relación es de 2 a 1, aproximadamente.

Con esta dinámica, no es de extrañar que la industria racionera sea una de las de mayor crecimiento en los últimos años, con un aumento en la producción (volumen físico) de casi 40% respecto a los niveles pre pandemia (datos del INE). La industria avícola (puramente dependiente del maíz) creció 60% en la misma comparación.

Producción y rendimiento de maíz.

El rol del riego

El impulso de la demanda de maíz le ha dado fundamentos económicos muy firmes a la incorporación del riego. El área regada de maíz ha ido creciendo paulatinamente y alcanzó las 37 mil hectáreas en la última zafra, según cifras de DIEA. Es un aumento del 65% respecto a apenas 2 años atrás (gráfica).

El maíz es -seguramente- el cultivo agrícola extensivo con mayor respuesta al riego, por lo que no es de extrañar la tendencia. Siendo un cultivo con una fase crítica de definición de potencial del rendimiento (la floración) al asegurar el agua en ese período, el riego hace saltar los kilos por hectárea de manera contundente. En efecto, tomando las chacras de maíz de primera, el rinde promedio de las últimas 3 zafras fue casi el doble (12.200 contra 6.300 kg/ha).

Al asegurar rendimientos superiores en tal magnitud, es lógico que el resto de los insumos y prácticas se acople, aumentando la apuesta a los mayores rindes en las chacras regadas, con fertilización de precisión, fitosanitarios, etc..

De esta manera, el maíz regado -que responde por el 15% del área total del cultivo- explicó casi 30% de la producción total de maíz en la última zafra; esta proporción está aumentada este año por la sequía, que redujo los rindes en las áreas sin riego; en las zafras previas, la producción de maíz regado alcanzó casi 20%.

Antes de profundizar en los desafíos actuales y futuros de los sistemas de riego, no se puede soslayar el rol que ha tenido la biotecnología en el impulso a la producción maicera, en una dinámica de incorporación de nuevos eventos e innovaciones que sigue adelante. Como lo hemos comentado reiteradamente, el área de maíz -en especial en segunda- no sería ni de cerca la actual, si no se contara con eventos que otorgan resistencia a plagas. Combinados con los eventos transgénicos que otorgan resistencia a herbicidas, los materiales maiceros han ido “apilando” virtudes para permitir rendimientos cada vez mayores, y una consistencia al cultivo que era imposible imaginar pocas décadas atrás.

Desafíos energéticos

La incorporación del riego en el maíz no ha estado exenta de dificultades. Primero hubo que insistir para que se incorporara el riego en los mecanismos de promoción de inversiones de la COMAP. Logrado esto, los regadores enfrentan hoy serias dificultades de costos al momento de contratar la energía eléctrica para hacer funcionar los sistemas.

Instalar un sistema de riego es una inversión significativa. El costo por hectárea varía según la zona y la chacra, pero se estima (según las cifras manejadas por Regadores Unidos del Uruguay) entre 3.200 a 4.600 U$S/ha.

Y eso es solo el comienzo: para acceder a la energía eléctrica primero hay que tener la

denominada “potencia contratada”, el costo fijo anual que determina el proveedor de energía (UTE) para suministrar el servicio. Este parámetro no solo es un costo significativo sino que ha aumentado y -particularmente- se ha complejizado en los últimos años, abriéndose en un “abanico” de distintas tarifas que tiene a los agricultores a mal traer. En el cuadro adjunto se observa la gran diferencia de costos, según el régimen de potencia contratada, diferencia que no era tan amplia pocos años atrás.

Área de maíz

El problema es preocupante, al extremo de que -en recientes encuentros organizados por Regadores Unidos del Uruguay- se informó que, con los números actuales, se está volviendo más conveniente el riego a partir de gasoil que con la energía eléctrica. Algo fuertemente contradictorio con el objetivo de incorporar cada vez más criterios de sostenibilidad en la producción.

En este asunto UTE tiene un rol clave y los productores reclaman una gestión más activa del servicio eléctrico. Es cierto que la electrificación rural se ha expandido históricamente para llevar electricidad a viviendas y localidades rurales, para el uso doméstico. Un sistema de riego es algo muy diferente y exige otra potencia y soporte (por ejemplo, la compensación por la energía reactiva). En efecto, llevar la energía eléctrica al campo no es lo mismo que manejarse con combustibles fósiles: se requiere una red confiable, en la que hay que invertir y mantener.

Aún con estas consideraciones, es claro que UTE debe mejorar el servicio, tanto en costo como en efectividad y rapidez. La nueva Comisión Ejecutiva Interministerial para Asuntos de Riego (Ceiar), que encabeza el ex ministro Tabaré Aguerre, presentó esta semana sus lineamientos en el Parlamento. Aguerre aspira a la expansión del riego a través de proyectos multi prediales, lo que sería un avance sustancial. Pero también tiene en el radar el problema de las tarifas de UTE, en especial considerando que el riego en la agricultura extensiva es zafral. Hay que adecuar los costos para que proveedores y usuarios de energía encuentren un balance razonable.

El notable impulso de la agricultura de los últimos años y el actual momento de la carne, han fundamentado una expansión del maíz y del riego sin antecedentes en Uruguay. Pero los precios cambian y los ciclos van y vienen. Si las circunstancias cambian, comenzarán a emerger y pesar más los problemas de costos que ya se están observando. Más vale prevenir que curar.

riego con energía eléctrica

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