El Ministerio de Comercio de China no dará curso al entendimiento preliminar anunciado entre los presidentes Luiz Inácio Lula da Silva y su par uruguayo, Yamandú Orsi. Frente al ritmo acelerado de sus embarques, Brasil pretendía amortiguar el impacto del tope importador utilizando parte de la asignación de 324.000 toneladas concedida a Uruguay, volumen del cual la industria uruguaya solo había ejecutado aproximadamente el 28% hacia el mes de julio.
Sin embargo, fuentes de Pekín confirmaron al periódico “South China Morning Post” que la administración aduanera y comercial china no avalará transferencias directas de saldos no ejecutados entre proveedores para este año ni para el próximo. Para las autoridades del gigante asiático, el esquema de salvaguardia —implementado desde enero y con vigencia hasta finales de 2028 para blindar los precios de sus propios ganaderos frente al sobreabastecimiento interno— se concibió bajo límites estrictamente individuales por país, sin margen para préstamos o cesiones bilaterales dentro del bloque regional.
67% de impuestos a cargas de Brasil
La medida de salvaguardia se activó de manera automática tres días después de que la aduana china certificara que Brasil colmó su cupo fijado en 1,106 millones de toneladas para el ejercicio 2026. A partir de este jueves, cualquier volumen extracuota que ingrese a puertos chinos deberá tributar una tasa arancelaria combinada del 67% (el 12% habitual más el recargo extraordinario del 55%).
Desde la Asociación Brasileña de Industrias Exportadoras de Carne (ABIEC), se indicó que “la tarifa resultante sitúa los costos en niveles impracticables para sostener las operaciones comerciales en lo que resta del ejercicio”.
El impacto sobre el flujo logístico ya es visible. Tras registrar picos de exportación en mayo y junio superiores a las 150.000 toneladas mensuales, los envíos hacia China se desplomaron en agosto a cerca de 16.100 toneladas.