Nicolás Lussich /Ing. Agrónomo MBA / Periodista
La economía uruguaya cerró el año 2023 en tono más positivo, luego de las dificultades que impusieron la sequía, la crisis de Argentina y la caída del tipo de cambio real, que complica la competitividad; en especial en aquellos sectores con alta proporción de mano de obra en sus costos totales, entre ellos varias agroindustrias.
El consumo interno -de la mano del empleo y el aumento del salario real- tuvo un cierre del año más dinámico, al tiempo que parece atenuarse el impacto negativo de la brecha de precios con Argentina, luego de la devaluación que determinó el nuevo gobierno de Javier Milei. El IMAE (Indicador Mensual de Actividad Económica) subió 5% interanual en noviembre (gráfica).
El escenario fiscal sigue con una luz amarilla encendida: si bien el déficit culminó el año en el 3,6% del PIB (menor a lo que se venía registrando en meses anteriores), la recaudación de la DGI cayó fuerte en el mes de diciembre: 4,7% interanual, cerrando el año con un descenso del 1,3%.
Por otra parte, el 2023 cerró con una inflación mínima histórica, pero también con un aumento agudo de los costos en dólares de la economía. Los costos de bienes e insumos importados van con los precios internacionales, pero los costos internos - asociados básicamente al salario- pesan cada vez más. El salario promedio en dólares en la economía subió casi 9% en 2023 y está 30% arriba de lo que se registraba en el año 2019 (gráfica). Hay que aumentar mucho la productividad para lograr compensar tamaño aumento; son pocos los que lo logran.
De tal manera que el Tipo de Cambio Real (la comparación de precios relativos con otros países) sigue bajando (gráfica). En su último informe de política monetaria el Banco Central reconoce un desfase del tipo de cambio actual respecto al tipo de cambio de fundamentos del orden del 13% (lo que en la discusión pública se denomina atraso cambiario). En este contexto es que se desempeñan los agronegocios.
Clima y precios
Los peores efectos de la sequía parecen haber quedado atrás, aunque esta nueva ola de tremendo calor hace que resurjan las preocupaciones por la situación climática. La sequía del año pasado fue tan aguda en algunas zonas que las buenas lluvias de los últimos meses de 2023 no alcanzan para revertir totalmente la situación. Ya hay problemas de aguadas y agua en el suelo en ciertas zonas, en particular en el sur.
En la agricultura se levantó una gran cosecha de cultivos de invierno, aunque con porcentajes altos de grano que no alcanzó la calidad industrial y se comercializan como forrajeros, lo que reduce el precio promedio. Asimismo, el precio internacional del trigo está cerca de sus niveles mínimos de los últimos años. Algo similar sucede con la soja y el maíz. Las producciones serán buenas a muy buenas, pero los precios son otros. En estas circunstancias, seguramente habrá que esperar un año más para que la situación financiera de los productores más afectados por la sequía pasada se restablezca cabalmente.
La agricultura está ofreciendo a la ganadería y la lechería un volumen superior de granos forrajeros. La cosecha de maíz se encamina a un récord y a eso hay que agregar la mencionada oferta de trigo y cebada forrajeros. Esto reduce los costos de suplementación, un factor positivo ante precios del ganado y la leche que muchos productores consideran insuficientes.
La cosecha de verano se recuperará luego de la sequía y -más allá de la baja de precios- generará una esperada reactivación de toda la cadena productiva y comercial luego de la seca. Con la soja como cultivo principal, los mercados se mueven entre la creciente oferta regional y una situación en China que sigue mostrando debilidad en la demanda.
La situación en China también afecta al sector cárnico, pero allí aparecen algunos elementos de mejora. La demanda de los países del Nafta - principalmente de Estados Unidos- se está afirmando y con buenos precios, mientras que las compras y los valores se mantienen en Europa. A todo esto hay que agregar las posibilidades que se abren a partir de la autorización de Israel de comprar carne con hueso. Es una muy buena noticia, que hay que comenzar a aprovechar con nuevos negocios, que ya se están haciendo.
Lamentablemente, hoy Medio Oriente no es precisamente una región que emane estabilidad. La guerra en Gaza y los ataques de los hutíes de Yemen a las líneas de transporte por el Mar Rojo le ponen incertidumbre a estas oportunidades en el corto plazo. Varias navieras han optado por evitar las zonas de conflicto y los fletes se hacen más largos, lo que ha complicado el comercio, incluyendo el de carne. Pero a mediano y largo plazo, son avances notorios. La apertura de Israel a la carne con hueso, además, es un antecedente valioso para abogar por apertura en otros mercados.
En el caso del sector lácteo, la remisión se va recomponiendo y los precios internacionales han rebotado después de tocar mínimos a mediados del año pasado. En un sector con permanentes innovaciones productivas y con tendencia de crecimiento en escalas y productividad, lo que implica mayor intensificación, contar con granos forrajeros baratos es una muy buena noticia. Es tiempo ahora de recomponer la base forrajera con más proporción de praderas permanentes, lo que permite bajar costos y producir más leche.
Porteras afuera
Como comentamos al principio, la macroeconomía muestra luces y sombras, pero en lo que refiere al costo productivo, costo país, es obvio que ha subido y le pone presión a la producción. Aun así, mientras los productores pelean cada dólar para acomodar las cuentas, porteras afuera hay algunas señales positivas, puntuales que ayudan, aunque son efectos de largo plazo.
Es el caso de las inversiones en infraestructura, en especial a nivel de vialidad. A eso se sumará la puesta en marcha del Ferrocarril Central, que seguramente servirá también a otros sectores además de la celulosa.
Asimismo, no pasa desapercibido el gesto del gobierno argentino de autorizar el dragado del canal de acceso del Puerto de Montevideo a 14 metros. Una vez concretada esta obra, los fletes y la conectividad marítima del Uruguay seguramente tendrá un aumento, para beneficio de importadores y exportadores. El efecto no será inmediato y resta dirimir quién hará la obra; desde la ANP quieren usar las dragas propias, pero eso podría ser una tarea difícil de abarcar. Empresarios del sector marítimo abogan por contratar una empresa internacional, incluso en modalidad de pago a futuro con peajes. En cualquier caso, la mayor profundidad es una buena noticia.
Por otra parte, el año arrancó con una baja en el precio del gasoil, buena señal -aunque modesta- para el sector agrícola, que en pocas semanas ya estará a pleno con las cosechas de verano. En realidad, los precios de los productos han bajado más que el gasoil, pero se ha establecido un régimen transparente de ajuste de precios que da garantías, y eso es positivo (gráfica). Resta una discusión sobre la carga de impuestos en los combustibles (en especial la nafta), pero esa es otra historia.