Historias

El compromiso de la maestra rural que conmovió al país

Tranquera por tranquera, Lorena Fregueiro llevó a sus cinco alumnos la tarea semanal, y un regalo muy especial

En la escuela rural N° 102, Cerro Largo, los niños tuvieron una grata sorpresa

Manuela García Pintos

Hace unos días trascendió en los medios un sencillo, pero enorme, gesto que tuvo la maestra rural de la escuela N° 102 de Berachí cuando, al verse suspendida la presencialidad de la educación, optó por repartir portera por portera las tareas de la semana y un regalo muy especial: un huevo de pascua para sus alumnos y sus familias. Esto sucedió en el paraje de 4ta. sección de Cerro Largo.

Afortunadamente son muchos los maestros comprometidos, pero son pocas las historias que se conocen. En estos días tan tristes que vive el país, una acción como esta vale la pena darla a conocer, porque habla del real compromiso y de la más pura representación de nuestra ruralidad, el Uruguay más lindo.

Lorena Fregueiro es maestra rural desde 2012. Desde niña aprendió el valor que tiene la escuela de campaña de la mano de su madre, maestra rural, de quien heredó la profesión. Además, su esposo Gabriel también es maestro rural, en una escuela ubicada a 18 kilómetros de Berachí, quien tuvo mucho que ver en esta maravillosa idea. “Formamos una dupla pedagógica”, dijo a Rurales El País.

“Cómo trabajamos en dupla con Gabriel pensamos de qué manera podríamos llegar a los niños de una manera diferente y no solo llevarle la tarea en sí. Qué mejor que un huevo de chocolate con tapaboca personalizado para cada niño y sus hermanos. Con ese huevo podemos concientizar y motivar el uso del tapaboca. Junto con Camila, nuestra hija de seis años, pusimos las manos a la obra respetando los protocolos para llevar los huevos”, contó.

Esa escuelita tiene cinco niños, pero no por ser pocos dejan de ser revoltosos: Bruna de nivel 5; Yasmín, Micaela y Samira de primer año; y Kewin de tercero.

Para llegar al centro de estudios deben recorrer entre 2 y 11 kilómetros. Como son pequeños, a la mayoría los acompañan los padres, pero el más grande generalmente lo hace a caballo. Su abuela llama a la maestra cuando el niño sale de la estancia, y la educadora devuelve el llamado cuando este llega a la escuela.

“Ayer el esfuerzo lo hicimos, con alegría, nosotros”, contó.

El resultado de la sorpresa fue el esperado: “Estaban felices. Las fotos hablan por sí solas. Esto tuvo una repercusión a nivel nacional, pero sin el apoyo de las familias nada de esto sería posible”, explicó.

Lorena Fregueiro y su esposo Gabriel en plena elaboración de los huevos de chocolate

La escuela rural no es solamente un lugar donde se aprende a leer y a escribir, sino que, en campaña, las escuelas funcionan como un centro social y cultural donde los vecinos se reúnen con mucha naturalidad. Por eso, cuando surgió la pandemia fue muy difícil para las escuelas rurales adaptarse, porque implicó un cambio de hábitos muy grande al que los niños rurales, y también sus maestros, se vieron obligados a acostumbrarse.

Aunque se han encendido algunas luces, el futuro de las escuelas rurales no parece -lamentablemente- demasiado alentador. Uruguay lleva medio siglo de cierre de centros educativos en las zonas más despobladas del país.

La migración del campo a la ciudad, ya sea por motivos económicos o sociales, hace que la cifra de centros educativos rurales continúe a la baja: dos de cada diez escuelas rurales tienen cinco o menos alumnos, y hay 20 que tienen un solo estudiante, de acuerdo a un informe realizado por El País en 2018.

De todas formas, Fregueiro prefirió ver “el vaso medio lleno”, y aunque reconoció que hay veces que falla la conexión a internet, entre otras cosas, sostuvo que “son más las cosas positivas que las negativas”. “Hay que valorar el esfuerzo que hacen los niños todos los días que luego de recorrer 11 kilómetros llegan sonrientes para estudiar”, dijo.

“Me parece que la escuela rural está muy bien, en el sentido de que cada uno de los docentes hacemos lo posible para establecer el vínculo con la familia y que sus hijos tengan las mismas oportunidades que cualquier niño del Uruguay”, dijo.

En ese sentido, destacó que los niños que acuden a escuelas rurales tienen, por ejemplo, clases de inglés y acceso a proyectos de muchísimas instituciones. “Las diferencias cada vez son menos. Hoy podemos llegar de la misma manera en el medio rural”, aseguró.

Para finalizar, Fregueiro aseguró “que sí se puede” porque las escuelas rurales, y sobre todo sus maestros, brindan todo lo posible y hacen todo lo que está a su alcance para que la educación sea lo más justa y accesible para todos los niños de Uruguay.