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El amo de las codornices

En Cerrillos Joaquín Sánchez, vive su niñez entre huevos: jugando, soñando y aprendiendo

Joaquin Sánchez Rodríguez, el "amo de las codornices"
Joaquin Sánchez Rodríguez, el niño de nueve años que es el "amo de las codornices"

En mi corta, pero intensa carrera periodística nunca tuve -ni pensé- que pedirle al entrevistado que, por favor, no se ausentara en la escuela para concretar nuestro encuentro, dado que yo contaba con la flexibilidad necesaria para adaptarme a sus horarios. Disconforme con la decisión, pero entusiasmado con la reunión, viajé hasta Los Cerrillos, en Canelones, pasadas las 13:30 horas de un lunes, cuando el protagonista de esta historia había salido de la escuela y tuvo un margen para almorzar. Es que se trata de un niño de 9 años, que no por su corta edad carece de proyectos ni ganas de emprender; más bien le sobran.

Joaquín Sánchez Rodríguez tiene 9 años y hace dos que empezó a criar codornices raza japónica y a vender, por cuenta propia, sus huevos. Lo hace mediante su cuenta de Instagram (@el_amo_de_las_codornices), en Mercado Libre y almacenes de la zona.

Nació en Colón, Montevideo, y vivió allí algunos años, pero hace tres que se mudó a una chacra en Cerrillos junto a sus padres: Gustavo Sánchez, que es carpintero en aluminio; y Virginia Rodríguez, escribana de profesión. Ambos son los impulsores y, en gran parte, responsables de los emprendimientos, juegos y sueños de su hijo, Joaquín.

En diálogo con El País, Joaquín Sánchez contó que en tiempos de pandemia, en 2020, escuchaban en las noticias que en algunos países, dadas las estrictas cuarentenas, no se podía salir a comprar comida. Entonces surgió en el niño la preocupación de producir su propia comida. Lo más fácil era tener huevos y, con ellos, comenzó una profunda búsqueda en Internet sobre cuál era la gallina más productiva: eran las codornices.

“Las codornices ponen un huevo cada 17 horas. Son animales más pequeños, por lo que necesitan menos comida para poner huevos y, además, ponen más huevos”, comentó.

Así fue que construyeron la incubadora. Gracias a la profesión de su padre todo era mucho más sencillo. Compraron una docena de huevos y, al tiempo, nacieron las primeras pollas. Este verano llegaron a tener más de 100 codornices, pero hoy son unas 70, con una producción diaria de 20 huevos en invierno. Sin embargo, en el verano la producción se desbordó y comenzó a vender huevos.

La realidad es que todo empezó porque quería comprarse un auto. De esos descapotables, claro. Al poco tiempo se dio cuenta que con la venta de huevos no le iba a alcanzar para hacerlo, al menos no en el corto plazo y que, además, le faltaba mínimamente el doble de su edad para poder manejarlo. Entonces optó por redoblar esfuerzos y, con las ganancias, comprar más pollas y ración para alimentarlas.

“Soy el amo de las codornices porque tengo muchas”, explicó.

Joaquín es un niño muy autodidacta y aprende mucho leyendo de Internet o mirando vídeos en Youtube. Tiene una gran facilidad para transmitir lo que aprende y, de hecho, lo hace a través de sus redes sociales, custodiadas por sus padres. “Nunca pensamos tener tantos animales. Empezamos con un par de gallinas y una pareja de patos. A Joaquín siempre le gustó hablar y comunicar, es una esponja: aprende y repite”, agregó Virginia, su madre.

También tiene gallinas sedosas de Japón, patos Marruecos y conejos. Actualmente están trabajando en la posibilidad de tener a las codornices al aire libre.

Los huevos. Joaquín vende la docena de huevos a $ 50. Y es, dicho sea de paso, un gran vendedor: “Los huevos son más chicos, pero tienen más propiedades que los de la gallina. Una docena equivale a un vaso de leche. Es bueno para la panza, para las embarazadas...”, señaló.

De hecho, al lado de la mesa en la que coloca la producción lista para salir al mercado, tiene una hoja en la que enumera todas las bondades de los huevos de codorniz, en base a un informe que realizó a través de sus investigaciones.

Allí dice: “Los nutrientes de los huevos de codorniz cuidan nuestro tracto digestivo; refuerzan el sistema inmune; protegen la memoria; estabilizan el sistema nervioso; aumentan la actividad del cerebro; son útiles para prevenir y superar anemia; ayudan a combatir el estrés; reducen la aparición de migrañas; disminuye niveles de colesterol; cuida el feto durante el embarazo...”.

Reconocimiento aparte para los padres de Joaquín, quienes, con toda la intención de apoyar los sueños de su hijo, le transmitieron que solamente con trabajo, dedicación y esfuerzo es como se logran las cosas. El ejemplo siempre es la más vívida experiencia para impregnar conocimiento.

Para finalizar, comentó: “con los años iré viendo qué negocio es mejor. Por ahora voy a seguir vendiendo huevos de codorniz”. Antes de cerrar la entrevista, Joaquín le quiso mandar un saludo a su vecina, amiga y fiel cliente María Silvia, quien cocina siempre con sus huevos.

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