“Vamos a tener una campaña magra porque nos pega mucho la seca; ya nos pegó en lo que fueron los maíces de primera, donde sentimos bastante fuerte el impacto en los rendimientos, y cuando tengamos que levantar todo lo que es soja, creo que vamos a sentir bastante la falta de granos sobre todo, y eso impacta mucho porque venimos con cultivos con márgenes casi cero o muy bajos”, advirtió el coordinador agrícola de FUCREA.
Rodríguez subraya que este fenómeno trasciende al productor, “si sacamos 1.500 kilos a nivel promedio, a nivel país nos va a pegar fuerte, porque no es solo la agricultura y el agricultor, sino que son todos los proveedores, son todas las empresas de acopio, los camiones y toda la logística asociada”.
En términos financieros, recordó que, al inicio de la planificación, con precios de soja cercanos a los 350 dólares, se precisaban rendimientos de entre 2.700 y 2.800 kilos por hectárea para alcanzar el punto de equilibrio. “A nosotros nos gusta poder remunerar todos los factores. Incluir renta y maquinaria como si lo fuéramos a tener que pagar todo; en principio era eso, pero después, cuando nos empieza a pegar la seca y empezamos a hablar de que vamos a tener bastante menos rendimiento, indefectiblemente vamos a estar en números negativos”, puntualizó.
A pesar de que los precios internacionales mostraron mejoras, llegando a tocar los 400 dólares, la imposibilidad de “cerrar kilos” que aún no se han cosechado limita la capacidad de los productores para capturar esos valores. Para Rodríguez, “el problema que tenemos es que cuando no hay grano es más difícil acomodar eso porque todo el mundo carece de producto; si tuviéramos buen rendimiento con el precio de 390 dólares nos acomodamos mejor, pero nos va a faltar el 50% de los kilos”.
En el caso del cultivo de maíz, que ha ganado protagonismo en la rotación agrícola, “por suerte el área aumentó y pasamos aquel susto grande que fue en su momento la chicharrita que nos puso en jaque porque el cultivo venía aumentando; nosotros necesitamos tener de todos los cultivos la opción de poder realizarlos para tener una buena rotación y una mejor sustentabilidad en el manejo”, afirmó el profesional. No obstante, la versatilidad del maíz como insumo clave para la alimentación animal genera una demanda interna que la producción doméstica difícilmente podrá satisfacer plenamente este año.
La paridad de importación juega un rol determinante en la fijación de precios locales, situándose el maíz puesto en Nueva Palmira en el eje de los 250 o 260 dólares. Rodríguez observa que “la demanda va a ser fuerte porque el maíz es un grano muy versátil, pero tiene una limitante que nos pega, que es cuánto vale el maíz que llega en barcazas de otros rumbos; eso le pone un techo para que el precio no se dispare”. En la zona de influencia de Soriano, los bajos rendimientos han llevado incluso a que muchos productores se cuestionen la viabilidad de cosechar ciertos lotes, especialmente en los maíces de segunda.
Ante un verano deficitario, la mirada del productor se posa con esperanza y cautela en los cultivos de invierno. Para Rodríguez, “el doble cultivo está instalado, es una necesidad que nos hace bien para la rotación, pero también nos hace bien para buscarle la funcionalidad a las empresas; lo que más queremos lograr es producto bruto porque tener un solo cultivo por año es sumamente costoso para las estructuras actuales”, sostiene. Sin embargo, el escenario de invierno presenta sus propias complejidades, derivadas principalmente del aumento de costos en fertilizantes y combustibles a causa de los conflictos internacionales.
En este contexto, las oleaginosas de invierno, como la colza y la carinata, se perfilan como las opciones con márgenes más claros. Según los datos que maneja FUCREA, un rendimiento de 1.700 a 1.900 kilos de colza permitiría obtener un margen aceptable, mientras que cultivos tradicionales como el trigo y la cebada exigen productividades superiores a los 4.500 o 5.000 kilos por hectárea para alcanzar el punto de equilibrio frente a los costos.
“Mirando todo el contexto de los cultivos de verano, la colza ayuda mucho con los rendimientos de los cultivos que siguen; es el cultivo que nos está mostrando margen hoy por hoy, si tenemos rendimientos promedio, a diferencia del trigo y la cebada donde hay que partir de rendimientos muy altos y sin problemas de calidad” explicó el ingeniero agrónomo Nazar Rodríguez.
Para Fucrea, uno de los pilares de la estabilidad de las empresas de movimiento, es la integración de rubros. En este sentido indicó que “es fundamental tener ganadería; cuando fue la seca anterior, las empresas que tenían una ganadería más fuerte fueron las que salieron más fácilmente porque la ganadera podía ir cumpliendo compromisos mientras la agrícola debía esperar meses por el siguiente cultivo”, reflexionó el profesional de Fucrea.
En este momento, la sinergia entre ambos rubros productivos permite “relaciones muy buenas entre los costos de los granos y la carne, y eso ha llevado a una demanda de que el producto mejore; hay un avance muy bueno de los nutricionistas y veterinarios, y la industria nos ha dado la señal de que los ganados bien terminados valen una plata que justifica el esfuerzo”, aseguró.
La irrupción del ganado de corral, especialmente en zonas como Soriano, es un ejemplo claro de esta complementariedad. A pesar de los desafíos que implica la inversión en capital y la logística de sombra y agua en campos originalmente dedicados a la agricultura, la previsibilidad que aportan los convenios con la industria y los precios de referencia brindan un marco de mayor seguridad para la inversión.
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