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Créditos de carbono: una oportunidad que empieza a tomar forma para la ganadería uruguaya

Agustín Inthamoussu, director de Climit, explicó en Hablemos de Agro cómo se mide la huella de carbono, qué implica la carbono neutralidad y de qué manera productores ganaderos pueden generar ingresos adicionales a través de proyectos silvopastoriles y de reducción de emisiones en corrales

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Agustín Inthamoussu, director de Climit, en Hablemos de Agro

El cambio climático, la huella de carbono y los créditos de carbono dejaron de ser conceptos lejanos para transformarse en temas cada vez más presentes en la agenda productiva. En Uruguay, donde el agro tiene un peso determinante en la economía y en el perfil de emisiones del país, estas herramientas empiezan a abrir nuevas oportunidades, pero también plantean desafíos técnicos, comerciales y de gestión.

Sobre estos temas dialogó este domingo en Hablemos de Agro, de Canal 10, Agustín Inthamoussu, director de Climit, una consultora especializada en cambio climático, medición de huella de carbono y generación de créditos de carbono.

Inthamoussu explicó que Climit fue fundada hace cinco años, aunque su trabajo en la temática comenzó hace más de 15. “Climit es una consultora que se especializa en temas de cambio climático. Brindamos asesoramiento a empresas, instituciones y personas. Uno de nuestros servicios típicos es medir la huella de carbono”, señaló.

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Agustín Inthamoussu, director de Climit, en Hablemos de Agro.

La huella de carbono consiste en cuantificar cuántas emisiones de gases de efecto invernadero genera una empresa, una actividad, un evento o incluso un establecimiento agropecuario. A partir de esa medición, se pueden tomar decisiones para reducir emisiones, mejorar procesos y, en algunos casos, avanzar hacia la carbono neutralidad.

“El cambio climático se origina porque la actividad humana genera gases de efecto invernadero. Eso pasa cuando prendemos una cocina, usamos energía eléctrica, nos trasladamos en un vehículo o consumimos combustibles fósiles”, explicó Inthamoussu.

Según indicó, desde la Revolución Industrial aumentó fuertemente el uso de carbón, petróleo y derivados, liberando a la atmósfera carbono que antes estaba almacenado bajo tierra. Ese incremento de gases intensifica el efecto invernadero y genera una tendencia al aumento de la temperatura global.

“El efecto invernadero en sí mismo es algo bueno, porque permite que haya vida en la Tierra. El problema es cuando aumenta la concentración de esos gases y se eleva la temperatura mundial”, sostuvo.

Inthamoussu recordó que el objetivo global es no superar un aumento de 1,5 grados respecto a los niveles preindustriales, porque por encima de ese umbral los ecosistemas comienzan a sufrir transformaciones más severas. Entre los impactos mencionó los cambios en los océanos, la acidificación del agua y el deterioro de los corales.

En cuanto a la medición de la huella de carbono, el director de Climit explicó que existen metodologías internacionales definidas por el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático. El primer paso es definir qué se va a medir y hasta dónde llega el alcance de esa medición.

“Puede ser un establecimiento ganadero, una empresa o una oficina en Montevideo. Hay emisiones directas, propias de la actividad, y otras indirectas”, detalló.

En un establecimiento ganadero, por ejemplo, se consideran las emisiones del ganado, el uso de diésel, fertilizantes y otros insumos. En una oficina pueden incluirse el consumo de energía eléctrica o los gases de los aires acondicionados, que también pueden actuar como gases de efecto invernadero si se liberan a la atmósfera.

A partir de esa información se construye un diagnóstico y luego un plan de gestión. “Medir la huella de carbono permite empezar a tomar acciones. Muchas veces gestionar esa huella implica reducir costos y aumentar eficiencias”, afirmó.

Agustín Inthamoussu, director de Climit, en Hablemos de Agro.
Agustín Inthamoussu, director de Climit, en Hablemos de Agro.

El especialista también señaló que en algunos sistemas productivos existen capturas de carbono que deben ser consideradas. Es el caso del suelo, las pasturas, el bosque nativo o la forestación comercial, que capturan dióxido de carbono a través de la fotosíntesis y lo almacenan en madera, raíces, hojas y materia orgánica.

“Ahí aparecen grandes máquinas de captura de CO2, como los árboles o las pasturas bien manejadas”, sostuvo.

En algunos casos, esa captura permite avanzar hacia situaciones de carbono neutralidad. Sin embargo, aclaró que Uruguay, como país, todavía mantiene un perfil emisor de gases de efecto invernadero, principalmente por el peso de la ganadería y otros gases como el metano.

“Uruguay contribuye con una proporción muy pequeña de las emisiones mundiales, alrededor de 0,3%, mientras que el mayor porcentaje está concentrado en países como Estados Unidos, China e India”, indicó.

Uno de los temas centrales de la entrevista fue la generación de créditos de carbono. Inthamoussu explicó que un crédito de carbono representa una tonelada de gases de efecto invernadero que se dejó de emitir o que fue capturada gracias a un proyecto específico.

Puede generarse, por ejemplo, cuando una industria sustituye una caldera a diésel por una fuente menos emisora, o cuando un sistema productivo incorpora árboles que capturan carbono. Pero para que exista un crédito de carbono no alcanza con capturar carbono: el proyecto debe cumplir reglas internacionales y superar procesos de auditoría.

“Hay un elemento clave que se llama adicionalidad. El mercado de carbono quiere ver que el crédito se genera por actividades nuevas, que no se estaban haciendo antes y que aportan algo adicional”, explicó.

Por eso, un productor que ya tiene un campo arrendado a una empresa forestal no necesariamente puede generar créditos de carbono por esa forestación. En general, esas plantaciones ya tienen una lógica económica propia y no dependen del crédito de carbono para realizarse.

Distinto es el caso de un productor ganadero que incorpora árboles en un sistema silvopastoril, asumiendo un costo y una práctica que no formaba parte de su sistema tradicional. Allí sí puede existir adicionalidad y, por lo tanto, posibilidad de generar créditos.

Inthamoussu explicó que Climit trabaja con proyectos silvopastoriles en Uruguay, donde se plantan alrededor de 200 árboles por hectárea, lejos de los modelos forestales tradicionales de mayor densidad. “El ganadero quiere seguir siendo ganadero, pero ahora con árboles”, resumió.

Según detalló, la plantación puede tener un costo aproximado de US$ 500 por hectárea, aunque depende de cómo lo realice cada productor. En un horizonte de 15 años, los créditos de carbono podrían representar en torno a US$ 2.000 por hectárea, además del valor de la madera al momento de la cosecha.

“Es un modelo interesante para ganaderos que se animen a mezclar la ganadería con la forestación, con generación de madera y créditos de carbono”, afirmó.

El director de Climit también explicó que los créditos no se generan de forma inmediata. Primero se debe levantar información, preparar reportes técnicos, cumplir con metodologías internacionales y pasar por una auditoría inicial, llamada validación. Luego, con el proyecto en marcha, se realiza una verificación para comprobar que efectivamente hubo captura o reducción de emisiones.

“Estamos hablando de procesos que pueden llevar un año y medio hasta que el proyecto queda aprobado para generar créditos”, señaló.

Una vez emitidos, los créditos quedan registrados en una cuenta administrada bajo estándares internacionales, como Verra. Luego pueden ser comercializados a empresas que necesitan compensar sus emisiones, como aerolíneas u otras compañías con compromisos ambientales.

“Es como una cuenta bancaria donde, después de muchas aprobaciones, aparecen los créditos generados”, explicó.

La entrevista también abordó la ganadería intensiva y el crecimiento de los corrales en Uruguay. Inthamoussu sostuvo que, desde el punto de vista ambiental, no se puede analizar el tema con una sola variable.

“El animal de corral no está en un ecosistema con pasto, pero también es altamente productivo. Si lo medimos en emisiones por kilo de carne producido, puede ser más eficiente que un animal terminado exclusivamente a pasto durante más tiempo”, explicó.

En ese sentido, señaló que un novillo terminado a pasto durante cuatro años puede emitir más por kilo de carne producida que un animal que se termina a los dos años con 100 días de corral. Por eso, consideró que el corral puede ser un complemento eficiente dentro del sistema ganadero.

Además, mencionó la posibilidad de generar créditos de carbono mediante el uso de productos naturales que reducen emisiones en animales de corral. Según explicó, los estudios determinaron una reducción de 17% en las emisiones absolutas de los animales en corral. Ese resultado permite generar aproximadamente un crédito de carbono cada tres animales.

El producto tiene un costo adicional estimado en US$ 1 por animal en un ciclo de 100 días. Si el crédito de carbono se comercializa a US$ 20, el ingreso potencial sería de unos US$ 6 por animal. Si alcanza valores mayores, el retorno también aumenta.

“Con un costo extra de un dólar, el crédito puede generar un ingreso que no solo recupera ese costo, sino que deja un adicional”, afirmó.

Inthamoussu aclaró que el proceso requiere certificación, monitoreo y documentación. Los productores deben demostrar que los animales consumieron la dosis correcta y que forman parte del proyecto. La reducción de emisiones ya fue estudiada y validada, pero cada corral que se incorpore debe cumplir con los requisitos de seguimiento.

Consultado sobre cuándo los productores uruguayos podrán comenzar a monetizar estos créditos, sostuvo que 2026 aparece como un año clave.

“En los proyectos silvopastoriles ya tenemos créditos emitidos y estamos comercializándolos. Esperamos que muy pronto se formalice la primera venta. En los proyectos de corrales, esperamos tener los créditos emitidos y listos para comercializar hacia fin de año”, indicó.

Para Inthamoussu, el mercado de carbono todavía es nuevo, complejo y en evolución, pero representa una oportunidad concreta para el agro uruguayo. No solo por la posibilidad de generar ingresos adicionales, sino también porque obliga a medir, ordenar información, mejorar procesos y demostrar con datos el desempeño ambiental de los sistemas productivos.

“El crédito de carbono puede ser una herramienta interesante, pero no aplica para cualquier actividad. Hay que cumplir reglas, demostrar adicionalidad y pasar auditorías. Cuando eso se logra, puede convertirse en una nueva fuente de valor para el productor”, concluyó.

Mirá la entrevista completa:

Agustín Inthamoussu en Hablemos de Agro 2026

Licenciada en Comunicación por la Universidad ORT (2017) y máster en Dirección de Comunicación Corporativa (2024). Desde agosto de 2020 forma parte del equipo de Rurales El País. Actualmente colabora con la revista de la Asociación Rural y produce el programa #HablemosdeAgro, que se emite los domingos por Canal 10. Además, acompaña a empresas del sector agropecuario en el diseño y la implementación de sus estrategias de comunicación. Anteriormente trabajó como periodista agropecuaria en El Observador y fue productora del programa radial Valor Agregado, en radio Carve.

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