El investigador explicó que el interés inicial surgió de un trabajo conjunto con otras instituciones. Al respecto dijo “empezamos a trabajar con gente de la Facultad de Veterinaria y por interés inicial del SUL se empezaron a sacar algunas tesis y trabajos bastante pequeños respecto a evaluar el comportamiento de animales en viñedos y en ovinos particularmente”.
Lo que comenzó como una curiosidad académica fue ganando peso específico “a medida que empezamos a trabajar, empezamos a ver la potencialidad que tenía desde el 2017 con pequeños trabajos. En los últimos dos años presentamos un proyecto específico para esto que implicaba fondos y más tiempo dedicado” explicó Coniberti.
El profesional reconoció que al inicio del proyecto “pensamos que era como cambiar un ovino por una disquera o una rotativa, que era una cosa así, y después nos dimos cuenta que en realidad hay muchas más cosas, a medida que uno se pone a trabajar y contactar con gente que está haciendo lo mismo empezás a conocer gente y aprender” explicó.
En este sentido señaló que la experiencia internacional también jugó un rol fundamental en la validación de esta práctica. Al respecto destacó el caso de un productor estadounidense que adoptó este sistema por una necesidad pragmática de reducir costos operativos ante la escasez de mano de obra. Por su parte, en el marco del proyecto, Coniberti indicó que “pasamos de ser algo que creíamos que podía ser como un símbolo de sostenibilidad y que podía ser utilizado en algunos viñedos turísticos o enfocados a generar marca ligada a ese tipo de emprendimientos o en pequeños productores familiares que puedan aumentar el ingreso por unidad de superficie, a ver que en realidad tiene un potencial mucho mayor y que es aplicable casi que en cualquier viñedo”.
La presencia de los ovinos genera un ciclo de beneficios que comienza en el suelo y se refleja en la salud general de la planta, según el profesional. Al alimentarse de la flora espontánea del viñedo, los animales no solo controlan el crecimiento de las malezas, sino que contribuyen activamente a la biodiversidad y al mejoramiento de las condiciones biológicas de la tierra. El ingeniero Coniberti destacó que el animal cumple un rol fertilizador constante y natural. Según sus observaciones, la presencia del ovino “aumenta la biodiversidad, termina mejorando la flora del suelo y la biodiversidad termina siendo un factor clave en la salud del sistema”. Este proceso se complementa con una reducción significativa en las emisiones de carbono, ya que se disminuye la necesidad de pasar maquinaria pesada de forma recurrente para el control del tapiz vegetal.
El investigador de INIA; explicó que la utilización del ovino favorece a la disminución del uso de los productos químicos. En este sentido detalló que “la eficiencia de aplicación de herbicida es mucho mayor, porque si vos ponés a los ovinos a comer el pasto justo antes de la necesidad de aplicar, las plantas ya tienen cierto debilitamiento cuando empiezan a brotar y son muy sensibles, entonces algunas malezas que se comportan como resistentes dejan de serlo cuando las trabajas primero con los ovinos y después aplicas el herbicida”.
Además, el uso de ovinos ha demostrado ser una solución eficaz para tareas que habitualmente requieren una carga horaria considerable de mano de obra humana, como la eliminación de los rebrotes en los troncos de las vides. En la estación experimental, la integración ha sido tan exitosa que el ahorro en personal y recursos es ya una realidad tangible. El investigador confesó que “hoy en día nosotros casi no retiramos los ovinos, todos los experimentos en INIA Las Brujas los manejamos con ovinos y los manejamos con ovinos simplemente porque es más barato y porque no tenemos suficiente personal como para trabajar, realmente nos ahorra un montón de tiempo”.
Una de las prácticas de esta integración es el deshojado de la zona del racimo, una tarea fundamental en la producción de uvas tintas de alta calidad para prevenir enfermedades y mejorar la exposición solar. El equipo de INIA ha observado que, “hay un periodo del ciclo que coincide con un periodo interesante para hacerlo en la uva, a ellas no les interesa la uva, solamente comen las hojas haciendo una tarea que se puede hacer a máquina, pero no es tan precisa la tarea de la máquina como harían las personas o los ovinos porque ellos lo hacen realmente muy bien”, explicó Coniberti.
Además, de las tareas mencionadas anteriormente, el investigador indicó que, luego de la cosecha, el ingreso de los animales permite limpiar los restos de fruta que quedan en las plantas o en el suelo, conocidos como restos de vendimia, que suelen ser fuentes de inóculo de enfermedades fúngicas para la siguiente temporada. “Lo que hemos visto en los últimos años es que nuestros viñedos tenemos mucho menos problemas de enfermedades y es lo que observa todo el mundo, nosotros no tenemos ensayos sistemáticos que puedan probarlo pero en realidad va en la dirección de lo que a todo el mundo le ocurre y en nuestro caso también pasa” dijo Coniberti.