Expo Prado

Sin la genética no se conquistan mercados 

Dr. Jorge Bonino: 40 años en la Expo Prado.

Jorge Bonino en Expo Prado 2018. Foto: Ariel Colmegna.

Uruguay y su arraigada cultura de campo, logró combinar los cuatro pilares productivos: genética, sanidad, alimentación y tecnología, potencializando un biotipo animal que se adaptó rápidamente a los cambios de los mercados”, afirmó a El País el Dr. Jorge Bonino Morlán, jurado de admisión en la Expo Prado desde hace 40 años.

El profesional consideró que “la gran zanahoria que pusieron delante los mercados, mostrando mayor demanda y principalmente precios favorable, aceleraron los cambios y motivaron avances mayores”.

En ovinos, hace cuatro décadas, la especie tenía otro protagonismo en los establecimientos, pero la producción y la exportación estaba mucho más orientada a la lana que a la carne.

“Surgieron todos las razas carniceras, que antes no estaban porque la orientación era lanera y la genética que apuntaba a la carne era muy escasa. Aparecieron otras razas doble propósito (carne y lana)”, reconoció Bonino.

Uruguay está teniendo un alto crecimiento y un alto potencial productivo en todas las razas ovinas destinadas a la producción de carne, que “hoy están muy fuerte y muy bien orientadas, por la demanda que están mostrando los cortes en todo el mundo”.

La producción de lana también sigue siendo importante, pero hoy está más enfocada hacia las lanas finas, apostando a lograr una mayor calidad y a conquistar nichos de alto valor. “Se ve un afinamiento marcado, producto de esa fina selección genética y del apoyo en datos objetivos”, recordó Bonino.

Con su experiencia, el profesional que también es delegado del sector privado ante la Organización Mundial de Sanidad Animal (OIE) durante más de 20 años, no pasó por alto que se vio una evolución en todos los órdenes, pero consideró que “en genética se logró desarrollar un reconocimiento y una fama en el mundo que asombra”. Un ejemplo claro, hay genética Hereford uruguaya en países euro asiáticos.

Ingenio. Entre otras habilidades, la pecuaria uruguaya supo adaptarse a los cambios y combinar los sistemas de producción apoyándose en la agricultura, facilitando la terminación de las reses y logrando conquistar nuevos nichos de alto valor, apoyándose también en una herramienta única: la trazabilidad obligatoria del rodeo bovino.

“Eso se combinó con el alto potencial genético, con razas de origen británico que son mayoritarias, pero también dándole lugar a los cruzamientos y al surgimiento de otras razas”, dijo Bonino destacando la integración por sobre todas las cosas.

Genética. El Prado es el culto a la genética de elite y en estos 40 años hay cambios importantes a nivel del biotipo animal que se expone en las diferentes razas.

“Hay tecnologías que ayudaron mucho a los cambios, pero las cabañas tuvieron la inteligencia de detectar rápido a qué productos hay que apuntar”, recordó. Técnicas como la inseminación artificial , el trasplante de embriones y la fertilización in vitro, fueron fundamentales para conquistar el actual avance”, remarcó Bonino .

“Eso permitió trabajar con la muy buena genética que hay en Uruguay, multiplicarla y abrir sangres con el exterior para continuar avanzando. Hace 40 años era muy difícil poder multiplicar y avanzar al ritmo actual”, destacó el Dr. Jorge Bonino Morlán.

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