La falta de lluvias continúa afectando con dureza al este del país, particularmente en el departamento de Maldonado, donde la situación hídrica se ha vuelto crítica para la producción ganadera. Desde el establecimiento Manchega, en la zona de Sierra de los Caracoles, el productor y veterinario Mauricio Rodríguez describió un panorama complejo, marcado por la escasez de agua y forraje, en una región mayoritariamente criadora.
Según explicó en Valor Agregado de radio Carve y Oriental Agropecuaria, el déficit hídrico se arrastra desde la primavera, con registros muy por debajo de lo normal. “En lo que va del ejercicio no tuvimos ningún mes con más de 100 milímetros de lluvia. De septiembre a diciembre el promedio mensual fue de apenas 36 milímetros”, señaló. La última precipitación significativa se registró el 10 de enero, cuando cayeron unos 90 milímetros en dos días, lo que permitió un breve reverdecer del campo, aunque sin revertir el déficit acumulado.
La escasez de agua es hoy la principal preocupación. Tajamares y aguadas naturales se encuentran prácticamente secos, lo que complica el abastecimiento para el ganado. “La gente está pasando mal. Los ganados están pidiendo agua, ya ni siquiera pasto”, advirtió Rodríguez, al describir la situación de pequeños productores familiares que predominan en la zona.
En ese contexto, remarcó la necesidad de invertir en infraestructura hídrica en momentos de buenos precios ganaderos. “Uno de los grandes debes del sector, sobre todo en la producción familiar, es aprovechar estos años favorables para hacer pozos y asegurar agua. Hoy hay tecnologías accesibles que permiten enfrentar mejor estas sequías”, sostuvo.
Impacto productivo y expectativas
El déficit hídrico compromete la disponibilidad de alimento y agua, y genera incertidumbre sobre los resultados reproductivos. La zona, caracterizada por sistemas criadores, podría registrar efectos en los porcentajes de preñez del entore si la situación se prolonga.
A pesar de este escenario, el negocio ganadero atraviesa un momento favorable en materia de precios, impulsado por factores estructurales a nivel global. Rodríguez explicó que la baja de stock en países como Estados Unidos y Brasil, sumada a estrategias de retención en distintas regiones, genera una menor oferta mundial de carne y una demanda sostenida.
“Pasamos de una economía de oferta a una economía de demanda. En Uruguay faltan novillos pesados y toda la categoría de faena está muy demandada. Los precios siguen subiendo”, señaló.
En cuanto a la zafra de terneros, proyectó valores récord, aunque advirtió que la demanda podría verse condicionada por la propia sequía en zonas tradicionalmente invernadoras del sur del país. “Tenemos que presupuestar terneros en el eje de los 700 dólares. Son valores altos, pero razonables dentro del contexto del negocio”, afirmó.
Cautela sanitaria y oportunidades de valor
El escenario internacional favorable abre oportunidades para la carne de calidad y la diferenciación en nichos de alto valor, una estrategia que el sector Angus y la industria frigorífica vienen consolidando. Sin embargo, Rodríguez advirtió sobre la necesidad de extremar cuidados sanitarios, especialmente en el uso de medicamentos veterinarios.
“Tenemos que ser muy responsables con los residuos de medicamentos en carne. Un incumplimiento puede cerrar mercados de forma inmediata. Es clave respetar los períodos de carencia y actuar con sensatez”, subrayó.
En materia comercial, consideró que Uruguay debe profundizar el posicionamiento en mercados premium, donde la calidad y la trazabilidad permiten capturar mejores precios. El crecimiento del engorde a corral y la diferenciación por marmoreo y calidad de carne aparecen como caminos para agregar valor en una industria con alta capacidad instalada.