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Rafael Tardáguila: Oferta se adecua a menor demanda

La producción de carne tiende a desacelerar la velocidad de engorde, de manera de no proveer al mercado con un producto por el cual la demanda se contrajo.

Corrales de engorde. Foto: AFP.

Rafael Tardáguila | [email protected]

La demanda por carne vacuna caerá por la recesión global, pero la oferta se está adecuando a esta situación, reduciendo la cantidad de animales en corrales de engorde. Eso está sucediendo en los tres principales países exportadores del producto y también en Uruguay.

La demanda internacional de carne bovina está íntimamente ligada a la evolución de la economía. Cuando ésta crece a buen ritmo, aumenta el ingreso de la población y sube el consumo de proteína animal, en especial de carne vacuna, que es una proteína relativamente cara comparada con las otras dos principales, cerdo y pollo.

Quizás en Uruguay eso no se ve de forma tan clara porque la carne es considerada un artículo de “primera necesidad”, por lo que su demanda es relativamente inelástica respecto del poder adquisitivo. Pero en otros lados donde no hay tal fervor por el “asadito”, el impacto de la evolución del PBI sobre el consumo de carne es mucho más notorio. Brasil es un claro ejemplo. Durante la grave recesión de 2015 y 2016, con caídas del PBI del orden de 3,5% anual, el consumo de carne cayó más de 1,5% anual. Cuando la economía se recuperó, también lo hizo el consumo del producto.

Por lo tanto, la recesión mundial determinada por la pandemia de Covid-19 tiende a disminuir el consumo de carne vacuna, más aún al impactar de lleno en la salida a comer afuera. Los restaurantes son de los que más sufren la pandemia, primero por estar cerrados y luego porque, en donde van abriendo, la población sigue reacia a salir a comer afuera. Es lo que sucedió en China: cuando las medidas restrictivas del movimiento de la población se hicieron más laxas, reabrieron alrededor de 2 millones de restaurantes en el país. Sin embargo, la población siguió reticente a salir en los casos que no fuera estrictamente necesarias, por lo que la concurrencia fue muy inferior a la esperada. Y no es poca cosa, porque alrededor de 80% de la carne vacuna en China se consume fuera del hogar.

Por lo tanto, con un PBI mundial que se estima sufrirá una importante recesión, el consumo de carne vacuna va a caer. Si se mantuviera la producción inalterada, la forma en que el mercado adecuaría la situación sería con una baja en los precios del producto. De hecho, es lo que ha sucedido en buena parte de las principales ganaderías del mundo.
Pero no es la única reacción. La oferta también se adecua a esta situación, reduciéndose. En varios de los principales países productores los corrales de engorde están bajando drásticamente la cantidad de animales. Y los números son bastante coincidentes en los tres principales exportadores mundiales.

En Estados Unidos, al 1º de abril la cantidad de vacunos en los corrales de engorde de más de 1.000 cabezas, de acuerdo con lo informado por el Departamento de Agricultura (USDA), era de 11,3 millones de cabezas, 5,5% menos que en el mismo día del año anterior. Es la mayor caída porcentual desde 2003, cuando estalló el tema de la vaca loca en la ganadería estadounidense. Además, hay un plan para pasar parte de los animales a “dieta de mantenimiento”, de manera de atrasar su terminación.

En Brasil, el Instituto Mato-grossense de Economía Agropecuaria (IMEA) estima que la intención de los productores de Mato Grosso -el estado con más vacunos de todo Brasil- de encerrar animales este año es 30% inferior a la del pasado, de acuerdo con la primera encuesta realizada. En abril, 53,7% de los productores consultados dijo que iba a confinar, 14,6% todavía no lo había decidido y 31,7% habían decidido no hacerlo. IMEA advierte que en la primera consulta suele haber un mayor recelo a confinar, pero advirtió que las respuestas de este año son las de un peor escenario desde 2013. En base a estos números, la cantidad de vacunos confinados en el estado pasaría de 824.255 en 2019 a 577.550 en el corriente.

IMEA atribuye la decisión de los pecuaristas a la suba del precio del maíz, al menor consumo interno de carne vacuna debido al impacto del Covid-19 y a la valorización de la reposición.

En el caso de Australia, el tercer principal exportador del producto, el número de bovinos en feedlots podría caer 30% en el trimestre abril-junio de este año, de acuerdo con el prestigioso analista Simon Quilty. Pronostica que los números en los corrales de engorde tocarán fondo con 867.000 cabezas, una caída de más de 370.000 o 30% desde las cifras récord determinadas por la sequía en el trimestre a diciembre del año pasado.

En Uruguay la expectativa es que suceda algo similar. Consultado Álvaro Ferrés, presidente de la Asociación Uruguaya de Productores de Carne Intensiva (Aupcin), no dudó en que la cantidad de animales en los corrales de engorde descenderá en el segundo semestre. En parte por la reducción del negocio dentro de la cuota europea 481 y en parte por la incertidumbre determinada por la crisis en la Unión Europea. Los frigoríficos no hacen más contratos a precio fijo; ahora se establecen precios con la referencia de la Asociación de Consignatarios de Ganado más 25-30 centavos, lo que le quita certidumbre al negocio. No arriesgó un porcentaje de descenso de cara a la oferta de animales para la ventana de agosto, pero dijo que “una baja de 30% no suena disparatado”.

En definitiva, la producción de carne tiende a desacelerar la velocidad de engorde, de manera de no proveer al mercado con un producto por el cual la demanda se contrajo. El impacto, con toda seguridad, se sentirá igual, pero lo hará en menor medida debido a esta estrategia que está siendo tan global como la crisis.