El precio del petróleo cerró la semana en un nuevo máximo desde el año 2022 (casi 115 US$/barril Brent) ante señales de que el conflicto en el Golfo Pérsico -causado por la guerra entre EEUU e Israel contra Irán- parecería no tener un final claro, al menos en lo inmediato.
A nivel internacional se plantean básicamente dos escenarios posibles, tanto en la consideración de los gobiernos como de las empresas financieras globales y -por supuesto- las propias empresas energéticas.
Un primer escenario es el de un conflicto de relativamente corta duración que se resuelva en los próximos días o semanas, lo que llevaría el precio del barril hacia mayo a un rango de 80-90 dólares, para seguir bajando hacia los 70 dólares (valores previos a la guerra) hacia mitad del año.
Un segundo escenario implicaría un conflicto más largo en el tiempo, que mantenga el precio del petróleo varios meses en torno a los 100 dólares o por encima, con la posibilidad de que se involucren otros países, lo cual podría llevar a una situación particularmente crítica en la economía global.
Este segundo escenario era de probabilidad casi nula en la consideración de los referidos tomadores de decisiones globales, pero en los últimos días ha subido su probabilidad, si bien es el de menos posibilidades.
Es en esta compleja situación global que tiene que navegar Uruguay y -como era de esperar- el Poder Ejecutivo se vio obligado a adelantar el aumento en los combustibles, en la medida que los costos de abastecimiento de petróleo han subido más de 40%.
Ancap venía haciendo sus compras habituales de crudo antes del conflicto. El ente compra con un precio orientativo y el precio final, se define en el momento de la descarga, considerando los promedios de indicadores del mes de arribo. De manera que los precios se van a ir conformando con las descargas. La última descarga registrada -primera después que estalló la guerra- fue el 14 de marzo, de un buque comprado en enero (pre-guerra) con 720.000 barriles de petróleo tipo Medanito (Neuquén), cuyo precio DAP (sigla en inglés de “descargado en el lugar”) fue de 98,53 US$/barril, ya incorporando -en buena medida- el aumento internacional. A modo de comparación, una descarga previa, de principios de febrero, tuvo un precio de 75,88 US$/barril.
Últimamente -el 18 de marzo- Ancap compró 2 embarques de petróleo Medanito por un total de 1,5 millones de barriles, a un precio orientativo de 107 US$/barril, que se descargarán hacia junio. Como se lee, los precios tuvieron un aumento drástico. La ministra de Industria, Fernanda Cardona, señaló que Uruguay no tiene problemas de abastecimiento, pero obviamente tiene que ajustar los precios.
El Poder Ejecutivo debió adelantar el aumento: el mecanismo vigente definía ajustes bimensuales, por lo que hubiera correspondido ajustar en mayo, pero eso habría implicado millonarias pérdidas (y en frontera desabastecimiento, al mantenerse Uruguay más barato). Así, optó por una estrategia de “mitigación” y decidió adelantar el ajuste pero no trasladar al precio interno toda la suba internacional. Los cálculos oficiales indican que -tomando en cuenta la paridad de importación que calcula URSEA- el precio de la nafta debería haber subido 13% y el del gasoil 40%. Sin embargo, se optó por un aumento hasta el tope previsto por la reglamentación, del 7%, informándose que, de aquí en más, los ajustes serán mensuales. Parece bastante obvio que si el escenario de altos precios del petróleo persiste habrá un nuevo ajuste dentro de unas semanas.
Al no ajustar totalmente los precios según el aumento externo, el Estado asume un costo fiscal, que el ministro de Economía, Gabriel Oddone, estimó en US$ 30 millones para el mes de abril. Señaló que la situación fiscal es restrictiva, pero hay margen para afrontar este costo.
Precios y agro.
La ministra de Industria, Fernanda Cardona, remarcó que la decisión considera la particular situación de la agricultura, que está en plena cosecha de cultivos de verano y encara ya las siembras de invierno, por lo que hay un pico de demanda de gasoil. En efecto, el gasoil -en esta circunstancia- debería haber ajustado mucho más, atento a lo explicado líneas arriba.
El problema del gasoil se ha vuelto bastante crítico a nivel internacional porque la crisis en el Golfo Pérsico no sólo hizo subir el petróleo sino también (y en mayor medida) el precio del gas (hubo ataques a importantes instalaciones gasíferas). Y muchas centrales termoeléctricas pueden sustituir el gas por gasoil, de manera que éste se ha encarecido más que la nafta. En Brasil esto es un problema serio porque -a pesar de ser neto exportador de petróleo- es estructuralmente neto importador de gasoil; de manera que en Río Grande do Sul hay problemas de abastecimiento y muchos brasileños están llegando a la frontera uruguaya a comprar gasoil; los precios se han emparejado e incluso (aún con el aumento para abril en Uruguay) el gasoil está más barato de este lado de la frontera. Ante la situación, el gobierno exhortó a la Ursea a monitorear la situación, y habrá más controles de Aduanas.
Con el ajuste anunciado para abril, el precio del gasoil en dólares aún está igual o incluso algo por debajo del precio que alcanzó cuando el dólar tuvo la abrupta caída de comienzos de este año, como se ve en la gráfica.
En la otra gráfica -que actualizamos habitualmente en estas páginas-, se compara la evolución del precio del petróleo y con los precios de los combustibles al consumo en Uruguay, pasados a una misma base. Se ve claramente la priorización que se le ha dado a mantener el gasoil en un valor inferior, mientras que la nafta tenía un aumento considerable y por arriba del barril de petróleo, aún con el ajuste para abril (se estima un barril en 110 dólares).
Obviamente los análisis pueden tener diferencias o matices según el punto base de comparación pero parece claro el concepto: si bien de un barril de petróleo (que tiene casi 160 litros) se produce la misma cantidad de nafta que de gasoil, este último es el combustible de la producción y el transporte, y en todos los países suele estar más barato; Uruguay no es la excepción. El problema es que se sobrecarga a la nafta.
La situación de Ancap.
Además de informar el ajuste de precios, los ministros remarcaron que Uruguay está mejor plantado ante la suba externa por contar con una planta que permite abastecerse de crudo y refinar, en lugar de comprar directamente los refinados, algo que -en estas circunstancias- sería más oneroso. En efecto, contar con una planta industrial permite un mayor margen de maniobra; el problema es que -al ser un monopolio- a esa estructura petrolera se le incorporan aditivos que generan pérdidas, como el caso del portland. Este negocio perdió US$ 31 millones (más otros US$ 33 millones en la distribución de Cementos del Plata); Ancap tuvo ganancias por US$ 72 millones en 2025, que podrían haber sido mayores (o los combustibles haber sido más baratos), si no hubieran ocurrido esas pérdidas del portland.
De tal manera que, a pesar del resultado positivo en 2025, el gobierno abrirá a Ancap 2 líneas de crédito contingentes para encarar la compleja coyuntura energética. Serán US$ 100 millones para gestión financiera (liquidez) y otros US$ 120 millones para capital de trabajo. Todo indica que una nueva peripecia de Uruguay con los combustibles acaba de empezar