Nicolás Lussich /Ing. Agrónomo MBA / Periodista
En los últimos días el MGAP divulgó los datos preliminares del stock vacuno al 30 de junio, que mostraron una mejora en su estructura y desempeño. En efecto, el número de terneros superó las 3 millones 100 mil cabezas, marcando un nuevo récord histórico (cuadro). La cifra es casi 3% superior al año anterior y casi 17% superior a lo que se registraba en la primera parte de la década de 2010; en aquellos tiempos se buscaba consolidar una producción superior a las 2 millones y medio de cabezas. Hoy estamos más de medio millón arriba.
Asimismo, creció el número de vacas de cría que se acerca a la potente cifra de 4 millones y medio de cabezas, también marcando el máximo nivel histórico registrado (gráfica). El crecimiento es de algo más de 2% respecto al año anterior y de un 8% respecto al promedio de principios de los 2010, unas 300,000 vacas de cría más. Este aumento en el rodeo de cría se da en simultáneo con una reducción en el número de vaquillonas de más de 2 años, lo cual -lejos de reflejar un problema de base en el stock de vientres- muestra que la edad de primer entore ha ido bajando consistentemente, aumentando la eficiencia del proceso de reproducción (gráfica).
Todas estas tendencias se sintetizan en el Parámetro de Eficiencia Reproductiva (PER), que seguimos año a año y que muestra nuevamente un aumento este año, superando por primera vez el 65% (gráfica). El PER no es otra cosa que el cociente entre el número de terneros, y la suma de las vacas de cría y las vaquillonas de más de 2 años, que se suman precisamente para incorporar la reducción en la edad de entore como variable de avance.
Con las fluctuaciones esperables de una producción ganadera, el PER viene subiendo en una trayectoria consistente, reflejando que la ganadería uruguaya es más productiva y eficiente.
Todo esto, además, se logró mientras transcurrió una expansión agrícola en el Uruguay que -obviamente- desplazó a la ganadería de una parte importante de los mejores suelos del país, particularmente en las zonas de invernada del litoral. La agricultura ahora le está devolviendo ese desplazamiento con creces, en particular con una producción de maíz que se encamina a otro récord y que apuntala la producción ganadera en todas sus categorías. La ganadería es el principal destino de la producción maicera y el consumo de granos forrajeros es uno de los principales factores en explicar la mejora en el desempeño del stock. A esto hay que sumar los avances en la oferta genética en pasturas forrajeras y -abarcando todo esto- las mejoras en el manejo y la gestión en los establecimientos.
Por supuesto, estos importantes avances se dan en un contexto de notable mejora en el valor del producto cárnico, con precios que han alcanzado niveles récord, más allá de las fluctuaciones semanales o mensuales que responden a las distintas coyunturas. Dicho esto, no pueden omitirse los desafíos que se están planteando en la cadena cárnica, algunos de ellos bastante serios.
Campo y puerto.
En la base productiva, es insoslayable mencionar lo que está sucediendo con la garrapata, vehículo de los parásitos que causan la tristeza bovina. Contrariamente a lo que sucedió en su momento con la aftosa, aún no hay un consenso sólido entre productores, industria y autoridades para emprender una estrategia contundente y exitosa. El problema no solo causa pérdidas serias en la producción, sino que afecta el comercio, con los notorios casos de la suspensión de dos de las principales plantas frigoríficas por parte de China. Se hallaron residuos de específicos veterinarios -usados para combatir la tristeza- en embarques de carne, por no haberse respetado los tiempos de espera.
El MGAP ha comenzado a dar pasos para mejorar la situación y todo el sector espera que tenga resultados. En especial la industria frigorífica, que ve como se suma un nuevo problema a una situación ya difícil por los altos costos, que ha llevado a un fuerte ajuste a la baja en la actividad de faena. Y como si todo esto fuera poco, el conflicto portuario está afectando de manera especialmente grave a la industria frigorífica, donde cualquier atraso afecta los tiempos de comercialización, en particular en carne enfriada. Mientras se busca superar estos problemas, irrumpió por estos días una nueva discusión sobre las cuotas cárnicas.
Tuya y mía.
El hecho que desató la discusión fue un tuit del presidente de Brasil Luis Ignacio Lula Silva, que está en plena campaña electoral buscando su reelección. Luego del encuentro que mantuvo con el presidente Yamandú Orsi en Nueva York, Lula agradeció a Uruguay haberle ofrecido a Brasil parte del “excedente” (así lo escribió) de la cuota cárnica de Uruguay con China. Las críticas estentóreas no se hicieron esperar y legisladores opositores elevaron al gobierno sendos pedidos de informes sobre el asunto.
China ha sido un mercado clave para Uruguay en las últimas décadas, factor esencial en la expansión del sector cárnico a partir de la mejora en el ingreso de millones de personas. En el último año China decidió cuotificar las importaciones, para proteger y estimular su producción local, un objetivo que muchos juzgan excesivamente optimista. Estarán vigentes hasta el año 2028; dentro de la cuota los aranceles se mantienen como hasta el año pasado (12%) y por fuera de la cuota se aplica un adicional de 55% (casi prohibitivo).
A Uruguay China le dio una cuota de 324.000 toneladas, volumen similar a lo que llegó a exportar Uruguay en años recientes, cuando China era el mercado predominante; en este sentido, fue un logro de Uruguay, fruto de los antecedentes del propio sector y de la gestión de las autoridades de INAC y el gobierno, el año pasado. Este año Uruguay exportará a China bastante menos que ese volumen, entre otras razones porque el mercado estadounidense está con valores superiores e históricamente muy elevados, lo que elevó las ventas a ese destino, a donde seguramente se van a colocar más de 150.000 ton (en EEUU Uruguay tiene una cuota chica, de 20.000 toneladas, fuera de la cual hay que pagar 26% de arancel agregado).
Pero que Uruguay no complete este año su cuota con China, en modo alguno significa un incumplimiento: las cuotas son parte estructural de las condiciones comerciales y en buena medida un reconocimiento al potencial del país, no solo en volumen sino en calidad y regularidad. Este año Uruguay seguramente no alcance a cubrir el 70% de esa cuota, pero eso no quiere decir que se genere un “excedente” de cuota. En realidad, hoy todas las ventas de carne uruguaya a China van dentro de la cuota, lo que no implica otra cosa que mantener las condiciones arancelarias de antes.
En realidad, lo que necesita Uruguay son más cuotas y aumentar las que ya tiene, principalmente la de EEUU, donde no hemos logrado conseguir ningún avance. Y además, resolver cuanto antes la distribución de la nueva cuota europea.
Remarcar todo esto, no implica aferrarse a una posición rígida o intransigente, lo que también sería un error. Seguramente hay componentes de la negociación diplomática que no se conocen, al menos en su cabalidad; más ahora en la era Trump, donde la discrecionalidad es permanente y sorpresiva. Las agendas con Brasil y China son -obviamente- muy amplias, y Uruguay tiene mucho para ganar en el diálogo, captando oportunidades y neutralizando amenazas. Potencias regional y global, respectivamente, dichos países tienen una habilidad diplomática comprobada y Uruguay tiene que moverse con tanta pericia como rigurosidad; en especial si pretende seguir abriendo nuevos mercados y haciendo nuevos acuerdos.
En cualquier caso, una “cesión” transitoria de la cuota la aprueba o no la propia China, con la que tenemos pendiente la rehabilitación de los frigoríficos y varios otros temas. La información a la que accedimos apunta a que China no está muy afín a las transacciones de cuotas. Lo clave hoy es rehabilitar los frigoríficos.