Opinión

¿Sabremos cumplir?

En pocas semanas, Uruguay logró captar miles de millones de dólares -con bonos y préstamos- para enfrentar la crisis económica causada por el Coronavirus. Es un logro por la confianza que ofrece el país, pero la deuda dio un salto y -a su tiempo- habrá que pagarla. Se logrará solo con mayor competitividad y producción, en todos los rubros.

 

Ing. Agr. MBA, Nicolás Lussich.

El mundo está atravesando una crisis económica muy seria -la mayor desde la gran depresión- causada por la epidemia de Coronavirus, que ha hecho caer la actividad económica drásticamente en casi todo el mundo. Las nuevas proyecciones del Fondo Monetario Internacional (FMI) parecen de película apocalíptica, pero son reales: estima que la economía global caerá 4,9%, principalmente por la fuerte reducción en el PBI de Europa y Estados Unidos, que caerán en torno a 10%. China crecería apenas 1%, completando un panorama desolador en la actividad económica global para este año.

La crisis tendrá consecuencias profundas, entre otros planos en el financiero, pues los gobiernos han enfrentado la caída en la actividad con una expansión del gasto que llevará los déficits fiscales a niveles inauditos, con el consecuente aumento del endeudamiento. En el caso de Estados Unidos se proyecta un déficit fiscal cercano al 24% del PBI este año, con una deuda bruta que subirá al 140% del PBI. Y esto siempre que no se dé una nueva ola de infecciones por Coronavirus, en EE.UU. y otros varios lugares.

A Uruguay le competen las generales de la ley, si bien ha tenido una muy buena gestión de la pandemia. Con una economía ya complicada previamente a la llegada del virus, los datos divulgados esta semana sobre la recaudación de impuestos ilustran claramente el impacto en la actividad y -por tanto- en los ingresos del Estado. La recaudación de la DGI bajo casi 20% real en mayo, un descenso equivalente a casi US$ 130 millones mensuales respecto al mismo mes del año pasado (gráfica). Si a eso se agrega el esperable descenso en la recaudación del BPS y de otros ingresos, sumado al aumento del gasto previsto por Seguro de Desempleo y otros gastos en políticas sociales, es claro que -como se preveía- el déficit fiscal aumentará mucho este año. La ministra Arbeleche señaló que los datos de recaudación están dentro de lo esperado y en línea con la proyección de déficit fiscal de 6,7% del PBI para 2020. Los analistas consultados por el Banco Central no son tan optimistas y proyectan un déficit del 7,3% (unos US$ 3.500 millones) (gráfica).

 

En cualquier caso, el déficit hay que financiarlo y Uruguay lo ha logrado, mostrando su fortaleza institucional, su confiabilidad y los méritos de una buena gestión de deuda que viene de administraciones previas. Ante la pandemia, el equipo económico optó por recurrir primero a los préstamos contingentes preestablecidos con organismos multilaterales (en especial el BID); eso permitió ganar tiempo para ver cómo movían otros países y para que el escenario más crítico en lo financiero pasara, una vez que los países desarrollados desplegaron su arsenal monetario y fiscal. La situación tendió a normalizarse -no del todo- y Uruguay hizo lucir -también-, su buena gestión sanitaria. Así, logró esta semana realizar una importante emisión de deuda en los mercados globales, a través de la cual captó el equivalente a US$ 1.500 millones, de los cuales US$ 1.100 fueron en pesos indexados (UI), a 20 años. El resto se emitió en dólares a 10 años con interés del 2,5%, la menor tasa en dólares que ha pagado Uruguay en su historia.

Es el primer país de América Latina y primer país emergente que -en este año de pandemia- coloca deuda en su propia moneda, confirmando el Grado Inversor. A esto hay que agregar un nuevo préstamos del Banco Mundial, por US$ 400 millones a 12 años. Tanto los préstamos como los bonos se toman a tasas bajas, lo que hace que el fuerte aumento del endeudamiento no tenga tanto peso sobre el gasto anual como en otras épocas de tasas menos amigables.
Así, Uruguay logró tomar cerca de US$ 3.500 millones en pocas semanas para afrontar la crisis económica. Ya tiene cubiertas sus necesidades financieras para este año y parte del año próximo, buena noticia. Pero la facilidad que tenemos para financiarnos es un logro incompleto: el éxito en la gestión de deuda debería estar acompañado por un mejor desempeño económico y competitivo, de lo contrario lo anterior no es sostenible. Y es allí donde hay luces amarillas encendidas, que no se apagarán simplemente por transcurrir bien la pandemia.

¿Y el dólar?

El éxito de la estrategia financiera trajo mayor calma en el mercado cambiario, con una baja en la cotización del dólar que moderará la inflación. Pero se enciende otra luz amarilla: la mejora en el tipo de cambio real que se logró en marzo, se va achicando y se corre el riesgo de volver a caer en un retraso cambiario. En especial, preocupa la evolución de precios relativos con Brasil pues -repetimos- nuestro vecino compite directamente con los agronegocios uruguayos en varios rubros. En el último año, el dólar en Uruguay subió 20%, en Brasil 40%… y con mucha menor inflación (gráfica).

Uruguay sí ha ganado competitividad-precio con los destinos fuera de la región; pero allí nos faltan acuerdos de libre comercio. Por estar en el Mercosur, no accedemos con ventajas a ninguno de los bloques económicos principales (EEUU, China, UE, Japón). Es una situación insostenible y -entendemos- no fácil de resolver. Y menos ahora, con cambios geopolíticos fuertes en el mundo, que pueden golpearnos directa o indirectamente.

La salida desde el agro.

Avanzar comercialmente es imprescindible para salir de la pandemia con una mejor proyección económica, y eso es especialmente importante para el agro, que depende de una mayor capacidad de exportar. Cerrar el acuerdo Mercosur-UE es fundamental, para luego avanzar con otros, en especial con países asiáticos. Si los vecinos están reticentes, hay buenos argumentos para avanzar a dos velocidades. La agenda comercial es clave y hay que apostar a fondo, aún con la complicación que implica el anuncio de alejamiento del canciller.

Si se abren los espacios comerciales, el campo responde. Hoy la producción de los agronegocios se sostiene, pesa a los inconvenientes propios y precios externos no del todo alentadores. La producción total de granos se redujo por la seca, pero levantará el año próximo, si el tiempo acompaña. La producción de leche empató la del ciclo pasado y en los últimos meses ya está creciendo en la comparación interanual. La faena vacuna cerrará el ciclo 2019/2020 con una caída de más de 15%, pero tiene potencial para recuperarse y avanzar.

El campo mantiene una alta competitividad potencial, por la acumulación de conocimiento y tecnología de los últimos años. Se trata de conseguirle más mercados y -por supuesto- dar más espacio a la innovación en productos y servicios conexos, para un mundo que pide más seguridad y garantías.

Por su manejo de la crisis sanitaria y por cómo se destaca por su estabilidad en la región, Uruguay es un país atractivo para invertir, tanto a nivel financiero -bonos- como para aplicar inversiones reales, tal como aspira el gobierno al reducir requisitos para obtener la residencia fiscal. Sin embargo aún hay cuentas pendientes y hay que superarlas, para no solamente atraer, sino progresar.