El gobierno presenta hoy en el Parlamento el proyecto de Presupuesto elaborado por el equipo económico y aprobado por todo el gabinete. El mismo condicionará de manera importante el marco económico en el que se desarrollarán los agronegocios en los próximos años, en la medida que sea aprobado.
Es sabido que en Uruguay el margen de maniobra a nivel fiscal es escaso: la estructura del gasto es muy rígida, lo que hace difícil que en el proyecto presupuestal -que debe hacer cada gobierno en su inicio- haya cambios estructurales profundos. Y no se vislumbran iniciativas políticas que cambien esto.
El principal gasto del Estado son los pagos de jubilaciones, pensiones y beneficios sociales del BPS, para los que no alcanza con los aportes y toman 7 puntos del IVA y todo el IASS (y si no alcanza, hay que cubrir con más recursos de rentas generales). Además, hay grandes estructuras salariales, gastos de funcionamiento y otra cantidad de compromisos que, en su mayoría, siguen establecidos estructuralmente en el gasto presupuestal. Además, por supuesto, de una importante cuenta de intereses de deuda.
Por eso, el énfasis que ha hecho el ministro Oddone en la presentación del proyecto está en el gasto adicional, que es modesto porque la situación fiscal es delicada: a pesar de que Uruguay goza de grado inversor por su buena historia de cumplimiento en sus obligaciones financieras, el déficit fiscal actual del 4,5% del PIB no da espacio para mayores aumentos (en realidad habría buenos argumentos para reducir el gasto). El ministro explicó que habrá US$ 140 millones adicionales al gasto ejecutado en 2024, un aumento del entorno del 0,5%.
De manera que la economía deberá seguir sosteniendo un gasto estatal muy alto y ahora un poco mayor. Eso se hace con los aportes de impuestos a todo nivel, tanto de las personas como de las empresas. En este punto, es importante destacar que el déficit fiscal no se ha generado porque la recaudación haya caído: al contrario, subió de manera importante en los últimos años y en lo que va de este 2025, muestra un aumento real neto de más de 5%.

Y la estructura del gasto del Estado uruguayo está claramente inclinada a beneficios sociales y apoyos cedulares a las personas, con un espacio mínimo para inversiones. Esto obviamente le impone un costo de competitividad a la economía que hay que sobrellevar permanentemente, con las dificultades conocidas. En este contexto, el proyecto plantea como base de desempeño que la economía crecerá 2,4% anual promedio en el período. Esto permitiría sostener ingresos incrementales para el Estado que, con un incremento de gasto acotado, permitiría ir reduciendo el déficit hasta llegar a un equilibrio primario (antes de intereses) al final del período. El equipo económico busca apuntalar ese desempeño con medidas para mejorar la competitividad y promover la inversión, en un escenario regional y global que se vislumbra difícil (de ahí que haya catalogado el proyecto presupuestal como “audaz”).
Para los agronegocios el escenario presenta varios desafíos. Uno de ellos es transmitir de la mejor manera la situación del sector, que ya viene aportando en gran manera a la economía. Porque más allá de las dificultades que han tenido ciertas agroindustrias, y de los vaivenes climáticos o de mercados, la mayor parte de los agronegocios lo está dando todo. La ganadería está en un momento excepcional de precios y aumentando la producción y la productividad en todos los eslabones de la cadena. La lechería ha tenido años difíciles, pero ahora nuevamente ha entrado en terreno récord de remisión de leche a plantas industriales. Para ambos sectores se está ingresando además en una segunda primavera consecutiva de muy buena disponibilidad de forraje y estado de los ganados. Los datos del Plan Agropecuario (encuesta RIGI) así lo muestran (gráficas).


La forestación -que con las inversiones en plantas de celulosa ha sido protagonista del crecimiento del Uruguay en los últimos años- está en un momento de precios bajos y volátiles para la celulosa, pero sigue acumulando inversiones ahora en el subsector de la madera sólida, con la nueva planta de Lumin para inaugurarse el año que viene y otras inversiones importantes, como BrasPine, también arrancando.
Y la agricultura alcanzó este año un récord histórico de producción de granos, al sumar cosechas récord en soja, maíz y arroz, con una cosecha también destacada en trigo y otros cultivos. El dinamismo económico que implica la agricultura es reconocido, si bien hay quienes aún no lo logran ver: comercialización de insumos, transportes, logística, movimientos portuarios, inversiones e ingresos millonarios a la economía uruguaya, que generan efectos encadenados positivos, a varios niveles.
Con este gran desempeño de la producción, cabe preguntarse si podrá seguir superándose en los próximos años, aunque el potencial de la producción del campo no deja de sorprender. La incorporación del riego, mejoras en maquinarias, insumos más sofisticados, genética, tecnologías de la información y otros componentes, pueden seguir aportando a una mayor productividad. Y por supuesto, también hay espacio para desarrollar mayor valor en el propio producto final, como lo está demostrando el sector cárnico. Son todos factores que permiten proyectar más crecimiento hacia adelante. Pero para eso, al agro hay que ayudarlo.
Apoyos y obstáculos.
Para que la producción del campo siga avanzando, más que apoyos -que en algunos casos son oportunos-, lo que se necesita es remover obstáculos. Uno duro de roer es el alto precio del combustible y una política que no termina de reformarse y transparentarse. Esta semana se decidió subir el precio del gasoil, a pesar de que la paridad de importación marcaba un descenso. Respecto al petróleo, el gasoil ha acompañado la tendencia en el precio, pero la que se ha encarecido notoriamente respecto al crudo es la nafta, en una tendencia que viene ya desde algunos años (gráfica). En cualquier caso, da la sensación de que se vuelve atrás: haber establecido la referencia mensual de la paridad de importación era un paso adelante en términos de transparencia. Pero eso se ha desdibujado y es un riesgo. El obstáculo sigue sin removerse y Uruguay sigue teniendo los combustibles más caros de la región.

A su vez, la producción del campo necesita infraestructura. En los últimos años se desplegó un importante plan de obras viales que mejoró mucho los accesos y transportes en varias zonas productivas. Sería clave que siga adelante, sumando más inversiones en la red de caminería rural, que precisa mejoras en varias zonas. Habrá que ver en qué medida el acuerdo presupuestal cerrado entre el gobierno y los intendentes puede habilitar avances en este plano. En cualquier caso, tanto en años previos como en los que se proyectan a futuro se trata de inversiones acotadas por lo que decíamos líneas arriba: el gasto estatal es rígido y no da mayor espacio a este tipo de inversiones.
A estos problemas se agregan las dificultades en las relaciones laborales, que están exhibiendo un deterioro preocupante, con sindicatos de agroindustrias que apuntan al daño por el daño en sí mismo, sin argumentos. Lo de los lácteos es conocido y cada vez más preocupante; pero en su momento sucedieron cosas similares en industria frigorífica, molinera, etc.. También son un problema recurrente las regulaciones; cuando se pide simplificar hay poco éxito, y aparecen otras nuevas, desde el transporte a las condiciones laborales, pasando por el intenso capítulo ambiental.
Finalmente, Uruguay sigue teniendo un problema de competitividad. Los precios al consumo medidos en dólares aumentaron 13% en el último año y no parece haber cambios cercanos en esta tendencia. Según los últimos datos del tipo de cambio real (BCU) en julio hubo una caída del 2% respecto a los principales socios comerciales. Si bien en los últimos dos años el tipo de cambio real ha mejorado modestamente, sigue sin alejarse de los mínimos históricos en los que cayó en años previos. Este lastre de competitividad es lo que condiciona el desempeño de la economía y por lo tanto el sostén presupuestal.
A los productores del campo y a otros trabajadores y empresarios en muchos otros sectores no les ha faltado audacia para seguir adelante, emprendiendo e invirtiendo. Habrá que ver si hay audacia política para remover los obstáculos que dificultan el crecimiento y la inversión. Esto es clave para lograr la meta presupuestal-fiscal.