Opinión

La carne es Mundial

Por el Ing. Agr. Nicolás Lussich.

 

El sector cárnico atraviesa un bueno momento, aunque no exento de tensiones. La suba del dólar mejoró los números, que venían particularmente complicados en los primeros meses del año. El aumento de la moneda estadounidense llegó desde afuera, por el aumento en la tasa de interés en EE.UU. (que se reafirmó esta semana). Cuando el dólar sube, los precios internacionales de los productos tienden a bajar, pero no ha sido el caso de nuestra carne: el precio medio de exportación no solo no bajó sino que aumentó, impulsado por la sostenida demanda de China, el principal mercado, acompañada de los buenos precios que se obtienen en las cuotas a Europa. En lo que va del año, Uruguay exportó carne bovina por US$ 740 millones, 13% más que en igual período de 2017.

Cuando combinamos la suba del dólar con el propio aumento del precio en dólares, se observa un aumento en el precio en pesos de la tonelada de carne exportada de más de 20% anual (ver cuadro). Mayor aún ha sido el aumento en el precio medio al productor, cercano al 30% en pesos en el último año, cuando promediamos vacas y novillos. Indudablemente esto ha mejorado también las cuentas de los productores que venden ganado para faena. El precio al público subió, como era esperable, pero no mucho más que la inflación y bastante menos que el precio externo, lo que muestra que -si bien los mercados están vinculados- el mercado interno no necesariamente incorpora todo el aumento del precio de exportación (como tampoco lo hace cuando baja).

En este buen escenario, hay que hacer algunas salvedades. En las últimas semanas, buena parte de los ganados faenados provinieron de los corrales (feedlots), que producen la mayoría de sus animales para la cuota 481 (de la Unión Europea). Los cupos de la cuota son abiertos cada tres meses por la UE, “ventanas” que la industria aprovecha (como el resto de los países competidores) para concretar negocios a alto valor. Por eso, seguramente el precio baje en semanas subsiguientes. En cualquier caso, el precio medio de exportación en lo que va del año está casi 6% por encima del registrado en el mismo período del año pasado.

El corral se ha vuelto un eslabón relevante en la cadena cárnica uruguaya, aunque sus márgenes son sensibles al precio del alimento (que subió en los últimos meses) y al de la reposición, que también se afirmó. De tal manera que también los productores criadores y recriadores se han visto beneficiados. Éstos han tenido otro factor a favor en el escenario ganadero: la firme demanda de ganado en pie para exportación, con Turquía como destino principal. Estas exportaciones ya suman 140.000 cabezas, por más de US$ 90 millones, 55% por encima de lo registrado en igual período de 2017.
La exportación en pie complica a la industria, pero es esencial para el sano funcionamiento del sector cárnico, que exhibe un gran potencial. De hecho, a pesar de la sequía subieron los precios de los ganados (casi inédito) y la última información indica que la preñez no se vio tan resentida como se temía.

Así las cosas, en términos relativos el eslabón que luce más exigido es el industrial. Hay una fuerte competencia entre frigoríficos, con nuevos grupos internacionales (como NH Foods) que se suman a los brasileños, ya presentes. Si bien la faena se ha sostenido más de lo previsto, la industria tiene capacidad ociosa y los grupos pueden armar las faenas cerrando alguna planta y concentrando en otras. Cuando la empresa tiene una sola planta, esto no es posible y la competencia se agudiza, en algunos casos a pérdida. En cualquier caso -y como indica cualquier análisis estratégico básico- si hay competencia entre demandantes, se benefician los proveedores, en este caso los ganaderos.

No ayuda que los costos industriales sigan siendo elevados, desde la mano de obra a la energía. El señalado aumento de precios de exportación ayuda, pero cuando se lo lleva a valor real -descontando inflación- apenas se despega del promedio de los últimos años (gráfica). Por suerte China no solo sigue su firme demanda, sino que está abriendo oportunidades para productos más diferenciados, que implican mayor incorporación de mano de obra.

Ojalá que esto se pueda capitalizar para que el sector pueda sostener el empleo, algo clave en un contexto de caída de la demanda de trabajo en el país. Claro que el apreciado mercado chino tiene varios pretendientes, en especial nuestros vecinos Argentina y Brasil, que han devaluado sus monedas y amenazan con más agresividad en la competencia externa. Así, no hay que descuidar ni el buen trabajo de promoción, conocimiento y expansión del mercado, ni los precios relativos con los vecinos: si el dólar nos queda retrasado, podemos perder negocios.

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