Gonzalo Ducos Director de Campo Capital agrofocus
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Hay momentos en que la ganadería le devuelve a uno lo que le dio. Este es uno de ellos. Llevamos tres años seguidos por encima de los 3 millones de terneros. Por primera vez en la historia andamos rozando los 4,5 millones de vacas de cría. La declaración jurada al 30 de junio dejó el stock en 11,84 millones de cabezas, un 3,5% más que el año anterior, con las vaquillonas de uno a dos años creciendo casi 15% después de la seca de 2023. Y si la preñez acompaña, el año que viene podemos estar hablando de 3,3 millones de terneros.
Mientras tanto, el mundo va para el otro lado. Australia, Estados Unidos, Argentina, Canadá, incluso Brasil: rodeos que se achican o que recién empiezan a retener. Estados Unidos tiene el rodeo más chico en siete décadas. Uruguay es prácticamente el único que logró crecer, aunque sea un poco. Los ciclos ganaderos de los grandes jugadores están sincronizados algo que nunca se dio de manera tan sincrónica, esa sincronización con menos ganado. Eso se llama precio.
¿Cuánto dura? Mirando la dinámica internacional, yo veo dos años buenos por delante, con idas y vueltas con las tensiones lógicas de cualquier negocio. No me animo a decir más. Y desconfío un poco del que se anime.
La tentación de siempre
Con estos precios, lo lógico sería retener hembras y hacer crecer el rodeo para producir más. Pero nuestra idiosincrasia es otra. Al buen momento lo agarramos por el lado del giro: dinamizamos los sistemas, tratamos de producir más con lo que tenemos, mejoramos el margen con costos más o menos controlados. No está mal. Es prudente. Pero tiene un límite.
Lo que para mi no debemos olvidar, es que los ciclos ganaderos siguen existiendo. Este simplemente está siendo más largo de lo que esperábamos. Y cuando dé la vuelta, que la va a dar en algún momento, la pregunta que cada empresa se tiene que hacer hoy, es muy simple: ¿mi estructura de costos queda por encima de lo que el negocio puede sostener en un año normal? La bonanza no se mide por lo que entra. Se mide por lo que queda cuando se va.
Este es el momento de consolidar a las empresas que venían necesitando buenos resultados para afirmarse, de ordenar deudas y de invertir en lo que produce terneros. No en lo que brilla en el galpón.
El vecino que viene de atrás
La semana pasada Estancia Bayucuá y el equipo de los Tardáguila, trajo al país a un especialista internacional del mercado cárnico. Una de las cosas que marcó con claridad es que si hablamos de calidad en el mercado de carne mundial hablamos de MARBELING. Y destaco la diferencia de calidad que separa al Bos taurus —las británicas que nosotros criamos— del Bos indicus, uno compite en el segmento del especiality y el otro en el segmento del comodity. Brasil puede tener maíz por todos lados y una expansión fabulosa de los confinamientos, pero le cuesta llegar a las calidades que logramos nosotros, igual que la Argentina, con Hereford, Angus y sus cruzas.
Ahora, que nadie se duerma. En Brasil hay programas serios de selección de madres Brahman por alto marmoleo, usando genética australiana ANGUS y WAGYU de alto marmoleo para cruzamientos terminales que van directo al corral. Eso va a ser un nicho dentro del volumen que exporta Brasil, sí. Pero un nicho de Brasil puede tener el tamaño de buena parte de lo que exportamos nosotros. En cuatro o cinco años lo vamos a sentir en el mercado de carne de alta calidad, que es justamente la cancha donde jugamos.
Y la cancha ya se está inclinando. En agosto Estados Unidos abrió un nuevo contingente de 300 mil toneladas libre de aranceles. Brasil y Paraguay entran a competir por él. Uruguay queda afuera, porque ya tiene su cuota propia. Nuestra ventaja de calidad es real, pero no es eterna ni se defiende sola.
Donde se gana el partido: la vaca
Tenemos una oportunidad como país, porque la cría es el único proceso artesanal de toda la industria de la carne. Un ternero se puede atar a una estaca, como en un tambo, y transformarlo en novillo dándole de comer. Lo mismo con un destete precoz. Una vez que el puntapié inicial está dado, el camino es sencillo: mejore la base forrajera, dele más de comer, mejore las ganancias, y tendrá un producto mejor y antes.
Lo que no se puede industrializar es la vaca. Hay que cuidarla y preñarla en un acto que es binario: preñada o vacía. Después, que esa preñez se conserve, y que a los nueve meses nos dé un ternero en buenas condiciones, con buena genética, buena sanidad y alta performance posterior. Ahí está el desafío de Uruguay. Y ahí, justamente, estamos haciendo bien los deberes.
Para ir más rápido hay que meterle al campo natural. Manejarloy explorar y explotar más área de campo natural mejorado: Lotus El Rincón, los nuevos cultivares que viene sacando INIA, coberturas de trébol blanco y lotus, y fósforo. Cambiamos la curva de forraje en cantidad y calidad, logrando sostener mas carga, mejores preñeces, mas kilos destetados por vaca y terneros de mas calidad que darán un mejor producto final.
Y el paso que nos cuesta: retener más vientres dentro de los sistemas. Eso exige inversión en retener a los precios de hoy, en pasturas, en subdivisiones, en aguadas. Y sobre todo en gente. El capital humano que nos acompaña es el gran desafío de los próximos 5 años. Dicho sin vueltas: el que hoy vende la vaquillona porque el precio está lindo, está vendiendo el ternero de 2029.
Errores no forzados
Señores, el momento es excepcional. Todo indica que afuera hay condiciones para dos o tres años de buenos precios. Por eso creo que la mayor amenaza no está afuera. Somos nosotros mismos.
Me gusta mucho mirar tenis y siempre pienso en los errores no forzados. El rival no te gana el punto: lo perdés vos. Una pelota fácil a la red, una doble falta en el momento justo. La pregunta es: ¿dónde nos equivocamos nosotros para que el contrincante saque ventaja? ¿Dónde no nos podemos equivocar?
• En la política comercial. Regalar cuota. Cada tonelada de acceso que no se pelea, no se llena o se cede, es una tonelada que le regalamos al competidor. Brasil y Paraguay no van a pedir permiso.
• En la diplomacia. A fines del año pasado la vicepresidenta de Vietnam postergó su visita a Uruguay en medio de la pelea por un busto de Ho Chi Minh. Vietnam es un mercado de cien millones de personas que queremos abrir y ampliar. La carne no entiende de bustos ni de estatuas.
• En la inocuidad. Este año China rechazó carne uruguaya con residuos de garrapaticida y un frigorífico quedó sancionado. Mandar a la industria una proteína de altísimo valor contaminada es transformarla en desecho. Y es el error más no forzado de todos, porque el período de carencia está escrito en la etiqueta.
• En la estructura de costos. Gastar como si el precio de hoy fuera el de siempre.
• En la gente. Querer producir más y mejor sin formar, retener y pagar bien a quienes hacen el trabajo.
Podríamos hacer una lista inmensa. Pero lo que nos puede condenar no es lo que hagan Brasil, Australia o Estados Unidos. Eso no lo controlamos. Lo que nos puede condenar son nuestros errores no forzados.
A trabajar
Los países que ganen la próxima década en carne van a ser los que tengan calidad, trazabilidad, inocuidad, mercados abiertos y gente preparada. Uruguay tiene todo eso, o lo tiene al alcance de la mano. Pocos pueden decir lo mismo.
La fiesta ganadera ya empezó. Nadie nos va a echar. Si quedamos afuera, va a ser porque nos fuimos solos.