Opinión

Crece desde el pie

La ganadería supera la sequía.

Ing. Agr. Nicolás Lussich.

 

La ganadería está mostrando avances destacados en la cría, su base de producción, y los datos de preñez divulgados esta semana lo confirman. A pesar de la violenta sequía -que afectó buena parte de las principales zonas criadoras- la preñez de los rodeos no tuvo una caída significativa. Según datos del XVI Taller de evaluación de diagnósticos de gestación vacuna (INIA Treinta y Tres), la preñez promedio bajó levemente, de 77,8% a 75,6%, lo que sigue siendo uno de los mejores registros de los últimos años. Lo mismo muestran los datos del stock. Tomando las cifras de existencias vacunas (con la proyección del Planagro para 2018) elaboramos la gráfica que muestra la evolución del PER (Parámetro de Eficiencia Reproductiva): número de terneros declarados sobre el número de vacas de cría más vaquillonas de más de 2 años.

Es una forma de evaluar no solo la eficiencia reproductiva por preñez sino también por edad de entore (a entore más temprano, menor número de vaquillonas de más de 2 años, y mayor PER). La gráfica muestra en forma clara -con lógicas variaciones- el avance en la eficiencia reproductiva, producto de la aplicación de tecnologías que tienen ese objetivo, tanto a nivel estrictamente reproductivo (inseminación, destete precoz o temporario, etc.) como en alimentación y manejo.
Que se apliquen estas técnicas responde, en buena medida, a un marco de políticas que -con vaivenes- le han dado al criador el estímulo suficiente, a corto y largo plazo. No son políticas esencialmente nuevas: ya desde principios de los 90 (cuando se liberó la exportación en pie, se eliminó el stock regulador, etc.) la política sectorial ganadera incorporó el concepto de que si la cría y la producción se afirman, se afirma todo el sector cárnico.

Con las últimas administraciones el concepto persistió (aunque con algunas resistencias), agregándose avances sanitarios y comerciales que permitieron abrir más mercados, reforzando la trazabilidad que otorga más garantías a los compradores, y profundizando la promoción de la carne uruguaya en todo el mundo, liderada por INAC, de manera de generar condiciones para acceder a los mejores precios posibles para la producción. A modo de ejemplo, hoy los valores de los cortes de la cuota Hilton uruguaya empardan los de Argentina, tradicional líder en ese mercado.

Es insoslayable que uno de los factores relevantes para impulsar el precio de los terneros y la reposición ha sido la exportación en pie, que paga más por los ganados de lo que habitualmente se paga en el mercado local, y que ha crecido sensiblemente en los últimos años (gráfica). La exportación en pie incide más por la posibilidad de exportar que por la exportación en sí, elevando los precios de todo el rodeo de terneros y reposición.

Como ha dicho un economista que sigue los temas ganaderos con mirada aguda: la mejor exportación en pie es la que podría irse pero no se va: se queda para finalmente ser recriada y faenada (generando los efectos ‘en cadena’ a través del procesamiento industrial, de impacto tan positivo en la economía), pero a valores arbitrados con la posible venta al exterior, lo que da al criador mejores precios.

Los últimos datos del Novillo Tipo son una confirmación de esta dinámica: aumenta el valor global (el Novillo Tipo efectivamente, ponderando todos los productos finales vendidos por los frigoríficos) y aún más sube el precio del novillo al productor, de lo que surge que cae el ‘valor agregado industrial’. Efectivamente, el margen de la industria se está achicando, lo cual -con costos en suba- configura una situación difícil para ese eslabón de la cadena.

Es comprensible que la industria tenga otra mirada de toda esta dinámica, y al ver que crece la exportación en pie teme por la disponibilidad de materia prima. Pero sería un gravísimo error siquiera plantear medidas que afecten la exportación en pie; lo que hay que reducir son los costos industriales, tanto específicamente (energía, transporte, puertos, productividad de la mano de obra), como a través de una mejora en las cuentas del Estado, lo que permitiría trabajar con un dólar más competitivo.

Eso sería mucho mejor para la industria que limitar el andar de los animales hacia el barco. Si la exportación en pie sigue aumentando, obviamente desafiará la situación de muchos frigoríficos. Pero también estimulará a una mayor producción de terneros. Se ha planteado -con razón- que la industria no puede importar ganado en pie, por razones sanitarias. Pero ¿no son esas razones sanitarias las que permiten exportar nuestra carne a mejores precios?

Y si la trazabilidad es robusta ¿por qué no habilitar la importación de ganado para que ciertas plantas faenen para el mercado interno? Carne importada ya estamos consumiendo. Por otra parte, no hay que dar la demanda por ganado en pie por garantida: Turquía es el principal destino de la exportación en pie y no es un país que se caracterice por su estabilidad económica; además, no somos el único país que puede exportar ganado en pie.

Así las cosas, cabe preguntarse: este aumento de la exportación en pie: ¿será la base para un giro en la política de libre exportación? ¿O es el estímulo genuino que esperábamos para -finalmente- hablar de un Uruguay que produce consistentemente 3 millones de terneros?

Prefiero lo segundo.

Rurales EL PAIS