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La niña que quería vivir entre las patas de los caballos

Ponerse las botas y montar el Criollo siempre será el mejor plan de María Eugenia Montans Ferrando

María Eugenia Montans Ferrando es ingeniera agrónoma, tiene 25 años y es parte de El Chiripá, la cabaña familar fundada por sus padres, Juan Montans y Cecilia Ferrando.
María Eugenia Montans Ferrando es ingeniera agrónoma, tiene 25 años y es parte de El Chiripá, la cabaña familar fundada por sus padres, Juan Montans y Cecilia Ferrando.
Juan Manuel Ramos

Hay personas que nacen con suerte. La suya fue tener siempre un Criollo cerca. Y si no está cerca, se escapa de la capital rumbo a Tacuarembó para ponerse la botas, agarrar un caballo y que el mundo se detenga por un buen rato. Esta es la vida de María Eugenia Montans Ferrando, que ha dedicado sus primeros 25 años al caballo Criollo. Y todavía le quedan unos cuantos por delante...

Hasta los seis años vivió en el campo, pero eran pocas las ganas que tenía cuando llegaba el momento de ir a Montevideo. Fue así como su madre y sus hermano mayor -el mayor arrancaba la escuela-, amortiguaron la llegada a la capital, mientras ella aprovechó hasta el último minuto posible afuera junto a su padre.

“Más de una vez no llegaba al colegio el lunes después de las vacaciones por quedarme en el campo”, contó.

Fue una infancia rodeada de familia y animales. Se criaron en un ambiente en donde el compañerismo fue, quizás, la palabra más importante, y es así como viven hasta el día de hoy.

Comenzó estudiando veterinaria, porque quería vivir “entre las patas de los caballos”. Hubo algo que no la convenció y empezó Agronomía. Durante casi tres años estudió simultáneamente las dos carreras. Sin embargo, llegó un punto en el que coincidían demasiados parciales y pruebas, y si no rendía perdía la materia y, lo que es peor, el año entero.

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Ahí fue cuando se vio obligada a tomar una decisión y optó por que la producción del campo fuera su pasión. Hoy, recibida, se da cuenta de que tomó el camino correcto.

“Mi interés en la producción, en los negocios y en la búsqueda de la eficiencia económica fue lo que me hizo decidirme por la Agronomía”, señaló.

El Chiripá, establecimiento familiar ubicado en Tacuarembó, lo viven entre todos, pero es su padre quien los mantiene actualizados en el día a día en la vida del campo. Pero esa niña se sigue escapando cada vez que puede de la capital y rumbo a Tacuarembó a recorrer, dar su opinión y seguir aprendiendo.

A su vez, está entrenando para empezar a participar de pruebas funcionales con la yegua que domó y entrenó, lo cual es todo un desafío.

Actualmente trabaja en Carbosur, una consultora en cambio climático, la cual le despertó un interés enorme en seguir aprendiendo sobre cómo promover una producción más sustentable y eficiente a la vez: “ese es el desafío diario que me propongo; tomar decisiones y estudiar prácticas que permitan desarrollar una producción más amigable con el medio ambiente y con la economía del productor”.

Criollos. Le pregunté a María Eugenia qué lugar ocupaban los Criollos en su vida, pero me respondió que no ocupan un lugar sino que son su vida.

“Desde que soy chica recorro los potreros interiorizándome en la relación con los caballos. Salgo a recorrer y me desconecto de todo, disfrutando y agradeciendo la suerte que tengo de poder vivir mi mayor pasión”, aseguró.

Por ello, agradeció a sus padres, Juan Montans y Cecilia Ferrando, que siempre les enseñaron a valorar el caballo Criollo y lo que es capaz de dar y enseñar.

“¡Si me habrán enseñado a ser paciente y a bajar la pelota!”, recordó entre risas.

En la familia Montans el Criollo no es un caballo, sino que lo toman como un lugar de encuentro, de intercambios con un mate de por medio, de domingos sentados en la cabaña mientras que los caballos comen, pero principalmente de unión y compañerismo.

“No me atrevería a decir que se domar”, confesó. En 2019 empezó a ir a Rancho del Este, en donde Martín Posse fue su “paciente instructor”.

Llevó a la nieta de la yegua que le enseñó a andar a caballo cuando tenía dos años… El año pasado llevó otra yegua que había elegido desde que le propuso a sus padres cruzar a la madre con el padre: “esa yegua me enseñó más a mí de lo que yo a ella”.

Supone que lo que la hizo animarse a empezar a domar fue todo lo que aprendió en el campo con el capataz “El Cholo” y con Ricardo, el cabañero.

“Te digo más, mi yegua de toda la vida tenía el nombre en honor a un peón que me enseñó a ordeñar. Todos los días que estaba en El Chiripá no me acostaba sin preguntarle al capataz a qué hora arrancábamos al otro día y qué íbamos a hacer. Y yo me adaptaba a todo trabajo que hubiese, desde castrar los terneros hasta desatracar una vaca”, recordó.

Y sí, se cayó varias veces del caballo. La última fue domando. Pero sigue aprendiendo y es lo que más le gusta: ver y hacer, errar y aprender.

Campeones. Del primer gran campeonato de El Chiripá en la Expo Prado no se acuerda porque fue cuando tenía tres años, pero los que si recuerdan las veces qué María Eugenia preguntó por ese animal fueron sus padres, Juan Montans y Cecilia Ferrando.

“Creo, igual, que es de la única que no tengo un recuerdo, porque cada uno de los logros fue un momento único. Y fueron 12 grandes campeonatos. Sin embargo, cada vez se sienten más importantes”, señaló.

Como todo criador bien sabe, cuando se corona a un Gran Campeón -como sucedió con el macho Criollo que presentó El Chiripá este año en la Expo Prado- no solo se corona ese día en particular, sino que es un homenaje al trabajo que se viene realizando en equipo desde que se elige -en este caso- la yegua para el padrillo.

En particular, el Chapicuy, el Gran Campeón de este año, fue de esos caballos, desde que nació, descolocó a los Montans Ferrando.

“La madre no es una yegua cualquiera para mí, fue mi primer gran premio presentando caballos en la Expo Prado como cabañera. Si bien Ricardo es el que está día a día con ellos, siempre intento ayudarlo y apoyarlo cuando puedo. Ese año me la prestó y fue Reservada Gran Campeona”, destacó la cabañera.

Por eso, aseguró que el premio es “un reconocimiento al trabajo”: a seguir confiando en la genética que se selecciona y en el tipo de caballo que se busca: un animal bueno, vaquero y dócil, en donde su morfología acompañe la función.

“Y bueno… vivirlo en familia como lo vivimos este Prado, en donde saltamos de aquella grada para abrazarnos los cinco, es inexplicable”, recordó emocionada.

La cabaña. En 1988 sus padres compraron su primera yegua sin conocer mucho del tema, Princesa la llamaron.

A los 11 años de la cabaña surgió la primera Gran Campeona. Hoy, 34 años después, tienen 27 animales que están dentro de los cuatro mejores ejemplares de Otoño y Prado.

“Eso es fruto de una pasión, acompañado de mucho trabajo y aprendizaje que permitió a mis viejos a formar la consistencia genética que tienen dentro de cabaña El Chiripá. No solo eso, sino todo el trabajo familiar que nos impulsa a realizar una presión de selección y seguir mejorando y avanzando con los objetivos de la raza”, aseguró.

En ese sentido, Montans explicó que desde hace ya algunos años, desde El Chiripá están muy comprometidos en seguir apostando a la presión de selección hacia una genética morfológico/funcional.

“Estamos pensando en proyectos en el largo plazo, en donde los animales ya consagrados en pistas morfológicas desarrollen su carrera funcional, como la Reservada Gran Campeona del año pasado que este año comienza su paso por el Freno de Oro”, contó.

Por eso, como cabaña, buscan una consistencia genética que permita que los animales se destaquen en cualquier lugar, apostando a un biotipo uniforme y representativo de El Chiripá, encontrando el equilibrio en animales mansos, lindos y buenos.

Un poco de esto es lo que buscará el próximo domingo 23 de octubre cuando María Eugenia Montans Ferrando esté jurando los Criollos que se presenten en la Expo San Carlos.

Es la segunda vez que participará en calidad de jurado. El año pasado lo hizo junto a su hermano en Melo. Antes de esto, había acompañado a su hermano mayor también en Melo y, en Brasil, participó en el Freno de Oro joven y de propietarios en Arroyo Grande.

Cambio climático y huella de carbono

Carbosur con mucha experiencia en el sector del Cambio Climático. Se busca generar conciencia sobre la responsabilidad que tenemos como país. Contribuir a la mitigación del cambio climático mediante practicas más sustentables que aumenten la eficiencia productiva de la empresa, tanto a nivel agropecuario, como a nivel urbano.

Montans se especializó en la medición de la Huella de Carbono y en el desarrollo de proyectos que aumenten el secuestro de carbono de la atmósfera, con particular énfasis en el agro. “Me gustaría continuar acompañando en la toma de decisiones al productor, defendiendo prácticas que promueven el cuidando del suelo y de los animales mediante el bienestar animal”, dijo.

Se han recibido muchas consultas este año apostando a un nuevo mercado que puede ser la carne carbono neutral y hay varios proyectos en desarrollo.

Además, el mercado del carbono ha sido una gran tendencia internacional que se ha trasladado a nuestro país. Carbosur ha desarrollado más de 10 proyectos de secuestro de carbono para la generación de certificados.

Esto se volvió una forma de invertir en empresas preocupadas por el medio ambiente, intentando balancear lo que la producción de una empresa no puede evitar emitir. Entonces, si no fuera por la venta de certificados de carbono, no podría realizar el proyecto.

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