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La combinación de letras con ovejas como forma de vida

Mariela García es escribana, productora rural y madre a tiempo completo: aplica el conocimiento de un oficio en el otro para sobrevivir...

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En ruta 9, próximo a la capilla capilla en Canelones, vive Mariela García y su hijo, Matías, de 21 años. Ella es escribana pública y productora rural, criadora de Texel. Ambas profesiones a tiempo completo.

En ruta 9, próximo a la capilla en Canelones, vive Mariela García y su hijo, Matías. Ella es escribana y productora rural. Ambas profesiones a tiempo completo. También es madre de un hijo de 21 años que estudia Ingeniería en Sistemas y viaja todos los días a Montevideo a cursar, al igual que ella lo hizo en su momento.

Viven en forma permanente en el campo al cual siempre estuvo vinculada trabajando en diversas tareas, primero en agricultura, luego en un invernáculo de tomates, pero desde hace 10 años descubrió su verdadera pasión. Bueno, su segunda pasión: la cría de ovinos.

De forma metódica, se dedica a la raza Texel. Realiza ciclo completo en la producción, proyectando desde el laboreo del suelo, planificando las siembras de forraje, las semillas a utilizar, los fardos y el acopio para el invierno.

Es originaria de la zona de Soca, sus padres eran de allá. Ahí nació, ahí se crió, ahí se formó y ahí sigue. Al firme.

Todas las mañanas recorren los casi 10 kilómetros que los separan de la ruta 8 para que su hijo espere en la parada el ómnibus que lo traslada a la capital.

Luego, ella maneja unos 22 kilómetros hasta llegar a Soca para trabajar en la escribanía, como lo hace todos los días, de todas las semanas, de lunes a viernes.

Cuando cae la tarde, retorna a la parada de la ruta 8 para esperarlo, cosa que sucede sobre las 17:30 o 18:30 horas y regresan al campo. Pero el día no termina ahí, menos aún si es época de pariciones o hay mucho trabajo con la oveja.

En la nochecita, cuando llegan, encierran a las ovejas y les dan fardos. En las zafras más complicadas, lleva a su hijo hasta la parada y vuelve al campo a vigilar los partos, distribuir los potreros que se van a pastorear. La escribanía puede esperar, las ovejas no.

El predio es totalmente intensivo. Es pequeño, pero está todo sembrado. Las ovejas no duermen en el campo, sino que pastorean solo de día.

“Tenemos un sistema de subdivisiones de potreros con caminos internos. El cambio de predio lo hago una vez a la semana, los sábados y domingos, cuando estoy en casa y no voy a trabajar a la escribanía. Los fines de semana hago la planificación de las tareas y la toma de decisiones de todo lo que voy a hacer; los cambios de los potreros, los pastoreos…”, contó la pequeña productora.

Su padre fue quien le recomendó elegir la carrera de Escribana Pública, para que tuviera otro tipo de ocupación y una vida distinta a la del campo.

“La idea era alejarme, por ser mujer, de las tareas del campo, de la incertidumbre, de las inclemencias y de las adversidades del tiempo con las que hay que trabajar en el campo: la lluvia, las heladas, el frío, la seca... todo lo que tenes que hacer en el campo tiene que combinarse con el medio ambiente, la naturaleza, si hace calor, frío o lluvia. La idea de él era que yo no tenga que soportar esas condiciones para trabajar, sino que lo pueda hacer en otras condiciones más confortables, pero no lo logró. Bueno, en realidad logró las dos cosas, pero fue lo que pasó”, contó García.

La escribana y la productora se conjugan en una sola mujer. Con sacrificio, claro, pero lleva las dos tareas al mismo tiempo.

Sin embargo, descubrió una forma de aplicar los conocimientos de un oficio en el otro para que todo sea un poco más sencillo: “aplico en el campo todos los métodos o la exigencia de la escribanía”, explicó.

La escribanía es un trabajo de “bastante control”, de cumplir con muchas cosas. Es un oficio que está sumamente reglamentado, que no admite errores, que tiene un solo camino y un método para ejercerla.

Ese mismo método es el que aplica en la producción del campo. Lo que hay que hacer lo realiza siempre en el tiempo correcto: la inseminación, los forrajes, la esquila, el esquema sanitario de los animales en las fechas que corresponde.

Todo lo que sabe de ovejas, lo tuvo que aprender. Sus padres no trabajaban con ovinos, sino que introducirlos fue su decisión, 10 años atrás. Hizo todos los talleres y cursos que pudo y sigue leyendo siempre que puede, cuando le sobra algunos minutos, pero no sucede muy seguido.

“Conjugo de esa manera el método de trabajo: el orden, el cumplimiento de las etapas. En casa siempre es cumplir un método para tener un resultado, aplicar las cosas en orden en tiempo, en época. Ver qué hay que sembrar, si llovió, si hay humedad en la tierra o no, respetar la altura de los forrajes usados, hacer el pastoreo, la rotación de los predios. Siempre aplico de una forma rutinaria todos los métodos. Siempre el orden en todo”, señaló.

Majada
De forma metódica, se dedica a la raza Texel. Realiza el ciclo completo en la producción. No trabaja con perros, no tiene burra, ni perros. Solo les habla.

Porqué la oveja. La oveja es un animal dócil y esa fue una de las grandes motivaciones que tuvo para volcarse al lanar. Son animales muy mansos y rutinarios. A las 17:15 de la tarde comienzan a ir para los corrales de la casa en donde pasan la noche.

“No queda ninguna en el campo; 17:15 de la tarde empieza el éxodo, como le digo yo. Si tienen corderos chicos los empiezan a traer”, contó.

No trabaja con perros, no tiene burra, ni perro Maremmano o Border Collie, solo les habla: las llama y ellas se vienen o se van.

“Son muy fieles. Nunca arreo la majada, no usamos caballo porque el predio es chico, es sumamente intensivo. Los sábados salgo para ver el potrero y ellas ya lo saben. Esperan y conocen las vueltas que voy. Nunca tengo que llevar la majada de atrás, voy adelante y ellas me siguen”, explicó.

Por ejemplo, contó que cuando algún veterinario visita el predio y trae su perro, son las ovejas quienes lo rodean, porque no responden a sus órdenes.

“Responden a nuestra voz. Están muy adiestradas. Con el tema de las pariciones en los boxes, están en mucho contacto con nosotros. Además son siempre las madres las que quedan en el campo, solo compro carneros. Y ese aprendizaje se va aprendiendo. Los mismos hábitos, las mismas respuestas quedan”, aseguró.

Saca cordero pesado precoz, que nace en agosto y los embarca entre el 30 de noviembre y el 10 de diciembre al frigorífico San Jacinto. Cada año selecciona 30 hembras corderas aproximadamente y hace tatuaje MO.

“No me interesa cambiar lo que tengo ni lo que hago, sólo me interesa perfeccionarlo y anexar a la actividad rural una turística y/o didáctica”, comentó.

Aprendizaje. “El campo es unidad de protección de alimentos, es el eslabón inicial de una cadena en todos los aspectos de la sobrevivencia de la humanidad. Es un recurso natural muy valioso y necesario”, esto es lo que quiere dejarle a su hijo, Matías, como enseñanza.

También, agregó, que tenga la capacidad de desarrollar una actividad en su futura profesión conjugada con la actividad del campo y demostrar que esas dos puntas se pueden mantener unidas, dependiendo de la capacidad de entendimiento y amplitud de compresión que tenga cada persona.

“Sí trabajas en el campo comprendes las cosas más sencillas como saber que la carne no sale de la góndola y que el agua no sale del grifo. También te pone en tu lugar en la supervivencia y el manejo de los recursos, aprendes a administrar desde el lugar que ocupas. Me gustaría que las mantenga y que actualice esa actividad, pero en realidad lo que prefiero es que haga cualquier actividad vinculada al campo que lo mantenga prendido a ese lugar, aunque no sea con las ovejas”, concluyó.

Agradecer siempre, por la ayuda y el conocimiento

Agradeció especialmente a la guardia de parición de los estudiantes de Veterinaria que prestaron un servicio excelente de apoyo y conocimiento. “Me mandaron estudiantes y nos salvaron la vida. Nosotros nos vamos en el día y los partos son difíciles, los corderos son grandes y se trancan. Es una experiencia divina. Me encanta tener gente en casa; en la noche nos reunimos, cenamos, me cuentan sus cosas, de donde vienen, donde alquilan, la familia. Lo bien que trabajaron y lo responsables que son los estudiantes que me mandaron”, destacó. El coordinador de la guardia es Pablo Gallinares y los estudiantes Jessica Caballero, Ignacio Lluberas, Stefanie Fajardo y Julieta Larrosa. También agradeció a Marcos García Pintos, del SUL.

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