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El tambero que resurgió de las cenizas como el ave fénix

Hace un año se le murió 2/3 del rodeo, pero hoy Alejandro Henry está de nuevo en pie y traccionando

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A mediados de febrero de 2021 Alejandro Henry ocupó las portadas de los medios tras perder más de la mitad de las vacas en producción.

A mediados de febrero de 2021 Alejandro Henry ocupó las portadas de los medios tras perder más de la mitad de las vacas en producción que tenía en su tambo, luego de que ingirieran una enorme cantidad de cebada molida seca. En ese momento, una vez más, la solidaridad del campo uruguayo se hizo notar, cuando recibió llamados de aliento de personas a las que no les conocía la cara, le prestaron 46 vacas y se le facilitaron préstamos para que su tambo no se venga a pique. Afortunadamente, no tuvimos que lamentar la pérdida de otro productor lechero, porque, un año después Henry está de pie y “entreverado” con el resto.

El 4 de abril de 1986 se cumplirán 36 años de este emprendimiento lechero ubicado en Lavalleja, el cual comenzó remitiendo entre 40 y 60 litros, ordeñando a mano y en tarro.

Al ser tan poca la leche, se juntaron entre seis vecinos de la zona de Gaetán y una vez a la semana se turnaban para arrimarla hasta el Paso de los Troncos, en Casupá, por donde pasaba el camión de Conaprole.

Arrancó solo, trabajando en 38 hectáreas, de las cuales cuatro eran propias y con el Banco de la República como su principal socio.

La zona es de productores chicos y la lechería fue la mejor alternativa para trabajar, porque, en aquel momento, se montaba un tambo con muy pocos insumos: 10 vacas, unos tarros y ordeñando a mano.

“La lechería daba una alternativa mejor que la agricultura en aquel momento de tierra empobrecida y sin la tecnología de hoy. Para los productores chicos era una buena alternativa”, contó a El País.

Hacer esto hoy es, prácticamente, inviable pero en aquel momento se obtenía un salario ordeñando pocas vacas y, de a poco, se capitalizaban sacando terneros.

En 1988, a los dos años del tambo y de ordeñar a mano, llegó la luz e invirtió en una máquina de ordeñe y un tanque de frío. Con esto llegaron otros tambos más grandes, hubo más leche en la zona y el camión empezó a ir todos los días, a la esquina del tambo de Henry. “Con los tanques de frío fue aumentando la leche. Hoy hay tambos de 300 a 400 vacas en la vuelta. Fue dura la cosa al principio porque no teníamos recursos económicos y realmente fue complicado”, señaló.

El crecimiento fue lento. Trabajó en el Plan Agropecuario por cinco años y pudieron expandir la cuenca lechera a la zonas de Andrioli, Villa del Rosario y Ortiz. Llegaron a ser 76 productores de leche remitentes a Conaprole.

El “gran cambio” en la historia de Henry se dio en 1995 cuando adquirió un predio lindero. Allí compró un campo de 117 hectáreas con un crédito del Banco. “Lo hemos ido pagando. Tenemos cierto endeudamiento, pero en relación al crecimiento del capital y la valorización de los campos, el endeudamiento es llevable”, indicó.

Sin embargo, el “gran tropiezo” se dio el año pasado cuando ocurrió “esa desgracia” en la que se murió dos tercios del rodeo. “Teníamos 89 vacas y se nos murieron 59, quedamos con 30 vacas en ordeñe. Abrieron una portera en la noche y se metieron a un bolsón de cebada molida seca, que vimos al otro día. Estuvieron toda la noche comiendo cebada molida a discreción. Fue una fatalidad. Era un domingo, por lo que había poca gente en el tambo para ayudarme”, recordó.

Fue una portera que se abrió y las vacas cambiaron de ruta. Algunas fueron salvadas con bicarbonato de sodio, pero muchas murieron delante del productor. Tenían un nivel de acidosis en el rumen muy alto y no se lo pudieron bajar.

“Fue horrible, fue un momento muy jodido en verdad. Ver a mis bichos muertos no me lo olvido más. En el tambo, al igual que en una cabaña, uno tiene relación todos los días con los animales…”, lamentó.

Tampoco se olvida del apoyo recibido. Los vecinos le prestaron vacas, 45 en total. El banco lo ayudó con un crédito. Conaprole le aprobó otro crédito con el que pudo comprar 36 vacas.

“Me fui armando de vuelta, pero va a ser una situación que tendré que digerir en cuatro o cinco años”, explicó.

Hoy, al igual que muchos otros productores, la seca pegó duro y se comió la reserva de primavera, aunque pudo salvar los cultivos de verano, que es, la reserva del invierno.

“Estamos en la rueda de vuelta. Bastante bien de leche, haciendo tactos y bien en la parte reproductiva. Venimos entreverados”, contó.

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Tierra. Desde su punto de vista, el gran tema es la tenencia de la tierra, hay mucha área está arrendada y el tambero no es propietario.

“Colonización ha jugado un rol muy importante en campos de recría y forraje. En San Ramón hay un ejemplo fabuloso: son 700 hectáreas de maíz para 90 productores con un manejo técnico muy ajustado y prolijo, es un emprendimiento bárbaro que ayuda muchísimo. Pero el tema estructural es la tenencia de área en las unidades productivas. Tendría que haber una acción dirigida a solucionar eso”, señaló el productor lechero de Lavalleja.

Henry aseguró que una solución sería tener un crédito a largo plazo, con una tasa especial, baja. Deberían ser créditos de 15 a 20 años para compra de tierra y exclusivo para tamberos.

“Puedo parecer egoísta, pero la lechería tiene una cualidad que le interesa a todo el país: estabilizar gente en el medio. Es colonizadora. Mantener a las comunidades de productores en el medio es muy relevante porque ayuda a la parte social. Es una reserva de valores muy importante para todo el país. Los valores que se cultivan en el campo son muy potentes, muy buenos para la sociedad en general. Eso hay que mantenerlo y fortalecerlo. No pedimos que nos regalen nada, no es subsidio ni nada que se le parezca”, aseguró.

Por otro lado, Henry aseguró que es “una verdadera tristeza” el abandono de tambos. Muchas veces es porque les ha ido mal, pero otras tantas porque no tienen seguimiento. “Los hijos se van para otro lado. En una familia los momentos duros, de crisis económicas, dejan una marca y esa huella se manifiesta en los momentos que no son de crisis. Es como que eso puede volver a pasar. Se han perdido muchos productores y es una lástima. A veces son hijos que podrían haber seguido en el rubro”, explicó.

En ese sentido, instó a solucionar los temas estructurales. “Mirar a largo plazo y ver qué hacer para que no se vaya gente. Hacer alianzas extrafamiliares es una opción. Un muchacho joven quiere seguir el tambo de otra persona, darle una extra jubilación a ese ex tambero por alquilarle todo. Que la gente no venda y no se vaya; que venga gente nueva y así se fortalezca el sector”, comentó.

Finalmente, Henry señaló que han sido unos años muy buenos, en los que ha vivido y trabajado, a veces sin parar y a veces sin luz, camino ni mucha esperanza. Sin embargo, la lechería siguió adelante y transfirió mucha tecnología, porque eso es lo que hace: estar en la vanguardia tecnológica, siempre empujando.

Hay otros sectores que también son muy dinámicos, pero el tambo está siempre investigando qué maíz, qué sorgo es mejor, cómo optimizar los recursos al máximo. ¿Por qué? Porque hace todo por no volver a estar con márgenes en rojo, porque tiró la piola de los recursos y aprendió a ser más cuidadoso con el medio ambiente.

Tecnología para todos enfocada en el medio ambiente

El productor lechero de la zona de Lavalleja, Alejandro Henry, es también el delegado de los productores en el Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA). En ese sentido, opinó que la parte tecnológica “tiene un desarrollo muy importante” con distintas opciones.

“No hay un único paquete tecnológico para toda la lechería. Hay productores que van más por una línea no tan intensa de los recursos, para hacer un uso más agroecológico de la unidad productiva. Optimizar recursos, pasturas a largo plazo, cuidar la siembra, el agua, quizás no es la apuesta más productiva, pero hay que respetarla”, señaló. Por otro lado, está el productor que opta por los 10 mil litros y el deber del INIA es tener la tecnología disponible para darle respuesta a ese productor. “INIA ha trabajado mucho con adaptación de materiales nativos, como el Paspalum Sepé, como los lotus que tienen una adaptabilidad muy buena, el Inia Basalto, un lotus que se adapta muy bien a suelos superficiales. Hay líneas muy interesantes para usar menos recursos y, a su vez, hacer un manejo más amigable con el ambiente de la lechería”, dijo.

“Gente que nunca vi me ofrecía vacas lecheras de Artigas”

El productor lechero de la cuarta de Lavalleja, Alejandro Henry, señaló que la lechería está “mucho mejor” que en los últimos años, los cuales fueron muy duros, de 2014 a 2021. El precio de la leche era muy bajo. La rentabilidad muy mala, en la medida que hubiera rentabilidad en las empresas.

En ese momento, un porcentaje alto de los tambos de Conaprole tenían rentabilidad negativa, había un endeudamiento importante de las matrículas, sobre todo, de los tambos chicos que tienen menos espalda para resistir.

“Ahora es un momento muy lindo, después de la lluvia hay mucho pasto. Sin embargo, la lechería tiene problemas estructurales. Han pasado los gobiernos y no se encuentra una solución”, explicó.

También hizo referencia a la labor de todas las gremiales lecheras. “Es un respaldo solidario que en los momentos más jodidos ayuda mucho. No solo por la parte económica, que me vi muy acompañado, sino en los efectivo; cuando uno está medio caído es bueno tener gente que esté. Una llamada por teléfono ayuda pila. Mucha gente estuvo y no la conozco. Me llamaba gente que nunca le vi la cara. Una cosa son los vecinos de toda la vida, pero gente que nunca vi me ofrecía vacas de Artigas”, recordó.

Por eso, valoró la fortaleza del sector lechero “que hay que cuidarlo con uñas y dientes”. “Hay transferirla a otros sectores. Estaría bueno que otros nos copiaran algunas cosas a los lecheros como la organización, la cooperativa, la gremial. Es toda una cadena”, indicó.

Si bien recientemente hubo una modificación en el precio de la leche, los tamberos siempre pretenden más, aunque no dejan de reconocer que el valor de hoy “es bueno”.

Sin embargo, también es cierto que hay un problema de costos. “Si tuviéramos este precio con los costos de dos años atrás, la ecuación sería buenísima, pero prefiero toda la vida está situación y no la anterior”, afirmó.

También dijo que los números de Conaprole “son muy buenos” y que la cooperativa tiene un “respaldo bárbaro”.

“No tiene un endeudamiento desmedido, es acorde a su crecimiento y modernización. No nos podemos quedar si inversión. El camino es la tecnología, diferenciarnos en productos con más valor y transferir precio a los productores”, concluyó Alejandro Henry.

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