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“El partido tiene que encontrar un líder que logre lo que hizo Luis”

Santiago Gutiérrez Silva tiene 28 años, es ingeniero agrónomo y militante del Partido Nacional. Le apasionan varias cosas, entre ellas la lectura, el campo y su cuadro de fútbol, Nacional

Santiago Gutiérrez Silva

Santiago Gutiérrez Silva tiene 28 años, es ingeniero agrónomo y militante del Partido Nacional. Le apasionan varias cosas, entre ellas la lectura, el campo y su cuadro de fútbol, Nacional. Trabaja como consultor en Opypa. Tiene la teoría de que la política le corre por la sangre, aunque confiesa no poder comprobarla. No le pesa ser tildado de “nieto de” y tampoco se reconoce como el líder de los jóvenes del Partido Nacional. Vive siempre en su presente, cargando con su pasado y construyendo su futuro. Tiene varios sueños y anhela muchas cosas, entre ellas, pasar por el Ejecutivo o ser ministro de Ganadería, pero no tiene claro si la presidencia lo seduce.

-¿Quién es Santiago?

-Santiago es un gurí de 28 años que nació en Montevideo, en el barrio Punta Carretas. Hijo de Marcos y Carina. Fue a Los Maristas toda su niñez de los dos hasta los 15 años. Luego Juan XXIII, hizo biología, Agronomía. Por algún motivo, que no sé bien cuál, creo que emocional, a los 14 años ya sabía que quería ser ingeniero agrónomo. En algún momento tuve la duda si veterinario, porque me gustaban más los animales que las plantas, dicho burdamente... pero, no me costó mucho decidirlo. En 2013 empecé la Fagro. Hice una carrera divina, una experiencia fantástica, con altibajos. Hoy soy consultor en Opypa, en el Ministerio de Ganadería. Lo más llamativo, en realidad, es que si bien mi familia paterna tuvo campo, no soy de esas familias que van siempre. Me crié yendo al campo de mi mejor amigo de toda la vida, el Lolo, en Sarandí del Yí.

-¿Cuáles son tus mejores recuerdos?

-Qué buena pregunta. Muchos de mis mejores recuerdos de la niñez están en Montevideo porque Punta Carretas funcionaba como barrio jugábamos en la calle. Tenía mucha vida de barrio, de vecino. Éramos vándalos, medio sabandijas... Después las idas al campo, seguro. Son mis recuerdos más lindos.

-Y si te pregunto por tus mayores anhelos, ¿qué dirías?

-¿Ahora? Pa, me estás matando. Que buena pregunta… Me gustaría formar parte de una generación de jóvenes que pueda llegar a incidir para que Uruguay productiva y socialmente sea un país más justo, más posible, más próspero.

-¿Trabajas para ello?

-De a uno come la gallina y engorda. Creo que sí.

-¿En qué sentido?

-Por aproximaciones sucesivas, es un pasito todos los días. Yo hago política y, obviamente, creo que la política es la herramienta por excelencia para transformar realidades. Así suena muy volado, pero lo que hacemos es por vocación y lo hacemos para eso. Tengo una carrera profesional a la cual estoy muy agradecido, creo que es la más linda que puede hacer un uruguayo que le tenga cariño al país. Me ha dado además la oportunidad de conocer al país, mucho para lo que es mi joven edad. Creo que entre las dos cosas se hace.

Ojalá tengamos la capacidad, la humildad y la fuerza para juntarnos varios y poder formar un movimiento el día de mañana, integrar un cuadro de gobierno, etcétera. ¿Cómo? No hay una receta, me parece. Creo que es entender que tenemos que ser hijos de nuestro tiempo. Yo, que soy nieto de, entre comillas, eso lo llevo todo el tiempo… En una época en la que se habla de wilsonismo, herrerismo, batllismo, seregnismo, creo que lo más importante es entender que tenemos que ser hijos de nuestro tiempo y entender los problemas de Uruguay hoy y las soluciones que hay que encontrar hoy.

-¿Sentís que heredaste tu rol político o nació naturalmente?

-Las dos cosas. Debe haber algo, no quiero decir genético porque no lo puedo comprobar, pero crecí en una casa en la que se habla de política todos los días, todo el tiempo y sobre todos los temas. Cuando se crece en un entorno así, uno tiene cierta predisposición. Desde lo emocional, le tengo mucho cariño a la política por mi familia paterna. Los blancos somos muy emocionales y le tengo mucho cariño, naturalmente, al Partido Nacional y a la historia del país, por lo tanto, al país y a su gente. Desde lo emocional es un poco entre lo heredado y dónde crecí. Me he dado cuenta que la política es lo que más me despierta interés, emoción, lo que más me entusiasma, de donde más aprendo y lo que me ha hecho ser mejor persona, más humilde, más empático, sereno, responsable.

-¿Cómo ves al Partido Nacional?

-En un proceso de transición, de cambio de liderazgo. Tenemos un liderazgo indiscutible del presidente de la República, ganado en buena ley. No solo en los votos sino también en la cancha. Todos estamos muy conformes con su gestión y con su capacidad de liderazgo, pero el presidente no puede ser candidato, entonces el partido tiene que encontrar buenos líderes que logren lo que logró Luis. Y eso lleva a cambios en la interna, procesos que ojalá logremos llevar adelante con altura y poniendo adelante al partido, que es lo más importante. Creo también que el Partido apostó a la juventud hace muchos años y le ha dado su lugar.

-¿Qué tiene que tener un buen político?

-Muchas, muchas cosas. Es lo más difícil de la política. Hay que tener una cantidad de condiciones y habilidades, así le dicen habilidades. Responsabilidad, carisma seguro... serenidad, inteligencia y empatía.

-¿Te definís como político?

-No sé si tengo todas esas…

-A eso iba...

-Obviamente soy militante político, pero para tener todas estas hay que ser un genio y no soy un genio para nada.

-¿Se nace político o se aprende a serlo?

-Las dos cosas. Creo que hay algo que a uno le hace interesar la actividad política, pero tiene, a su vez, cosas complicadas para soportar, sobre todo, dedicarle tiempo. Esto es todos los días todo el tiempo. Hay que dejar a la familia de lado, a los amigos. Hay mucha presión, agresiones, mentiras, engaños, malos resultados. Hay un componente importante de vocación, que se nace con eso. Pero también hay una parte que se hace, el perfeccionamiento en la cancha. Hay habilidades que uno puede elegir querer tener o mejorar para ser un mejor obrero público.

- ¿Cómo evalúas lo que ha hecho el gobierno hoy por el campo?

-Creo que siempre se puede hacer más. En todo los términos. El gobierno no le corresponde, no debería jamás gobernar solo para el campo, naturalmente lo agropecuario es la actividad más importante del país, no solo en términos económicos. A veces se habla de campo en términos de cuántos dólares genera y medimos las cosas así... Lo rural en Uruguay tiene una trascendencia brutal, en términos económicos, sociales y, sobre todo, culturales. Es muy importante, hay que protegerlo y multiplicarlo.

Es la raíz de nuestras mejores costumbres y nuestros mejores hábitos. Pero el gobierno tiene que balancear porque no todos viven en el interior y no todos viven del campo. En ese ínterin hay que tomar decisiones difíciles. Seguramente, ahora no todos están contentos con el valor del dólar, que tampoco el gobierno toca un botón y lo sube o lo baja. Creo que ha sido un gobierno bastante campero, que atiende a los productores, que toma decisiones rápidas. Siempre hay para mejorar. El MGAP tiene para mejorar y ha avanzado muchísimo.

-¿Qué te motiva todos los días?

-Profesionalmente, estoy convencido que Uruguay tiene productivamente una cantidad de condiciones espectaculares para jugar en primera división, como se ha plantado en el mundo. Nosotros no vamos a ser el mayor productor de carne ni de granos por nuestra escala, pero podemos ser los mejores productores de carne, granos, lana, madera, celulosa, frutas, hortalizas y muchos etcétera del mundo. Uruguay le puede poner un segundo piso a la producción, tenemos los recursos naturales, los recursos institucionales, tenemos que perfeccionar los profesionales y económicos. Estoy convencido que podemos ser mucho mejores. Y eso me entusiasma mucho. Lo mismo en términos políticos: creo que Uruguay está llegando al fin de una etapa que quizás es la pos dictadura en la que Uruguay tuvo un crecimiento sostenido con vaivenes por la coyuntura, muy rehén de las distintas coyunturas, pero que ha ido mejorando su institucionalidad, su desempeño económico.

Creo que hace unos años empezamos a darnos cuenta que el modelo se está agotando y que el barco se empieza a frenar. De alguna forma u otra, con mejores o peores coyunturas, hay un porcentaje importante de los uruguayos al que no llegamos, más allá de tener un Estado que abarca mucho, con una protección social importante y muy buena. Por decir un número burdo, hay unos 300 mil uruguayos que así el país esté muy bien o muy mal no los logramos proteger o sacar de esa situación. Creo que Uruguay tiene que hacer cambios importantes. Tener la valentía de hacerlos. Por poner titulares: financiamiento de los partidos políticos, gobernanza y estructura de empresas públicas y Banco Central, reformas económicas de competencia, la inserción internacional, inversión colectiva salarial, hay un montón de cosas para hacer que pueden tener mucho impacto real en la vida de todos los uruguayos.

-Muchas veces se te señala como el líder de los jóvenes del partido, ¿lo sentís así?

-No, para nada. El partido, por suerte, tiene su estructura orgánica en jóvenes. Yo integro mi grupo político, Por la Patria. Estamos convencidos que queremos crecer, ser más representativos y tener nuestra identidad y contenido y lo estamos haciendo muy bien. Si sumo mi granito de arena estoy contento.

-¿Hay espacio para los jóvenes?

-Sí, por supuesto. El Partido Nacional es el Partido de los jóvenes. Además de que el directorio tiene dos sillas reservadas para los jóvenes electos, hoy de sus 15 sillas, sacando las dos de los jóvenes, tiene dos directores de menos de 30 años.

-¿Cuáles son sus preocupaciones?

-A veces se habla de los jóvenes como si sólo pudieran hablar del tema de los jóvenes. Lo más interesante es lo trabajamos en igualdad a los mayores, entre comillas. En el directorio hablamos de igual a igual de todos los temas. Discutimos todos los temas con dirigentes de larga trayectoria. Nuestra voz y voto vale lo mismo. Eso es lo más importante. Obviamente, tenemos una visión distinta de las cosas, porque nos importan distintas cosas. Vamos a escuchar y tenemos que aprender mucho, pero también estamos para sacudir la modorra. Para trancar y trancar fuerte cuando hay que hacerlo.

-¿A dónde te gustaría llegar?

-Yo me quiero sentir útil. En donde pueda aportar, hasta donde mi capacidad y talento me de. En cargos, me parece que el tiempo dirá. Me gustaría tener una etapa en el Legislativo, me gustaría algún día integrar lugares de decisión en el Ejecutivo. Si me preguntas, de novelero, me gustaría algún día ser Ministro de Ganadería.

-De niños todos nos imaginamos ser astronautas o cosas magníficas, ¿se te pasó por la cabeza ser presidente?

-De niño jamás.

-¿Y de grande?

-(Risas) No sé. Para querer ser presidente hay que tener la espalda ancha, el cuero duro y curtido, estar dispuesto a dejar mucha, mucha, mucha cosa de lado. Tiene un costo importante. A mi edad, decir ‘quiero ser presidente’ cuando todavía no formé una familia y no hice mucho recorrido de vida, es un acto de vanidad gigantesco. La verdad es que no lo sé...

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