Forestación

Exportación forestal se puede duplicar en el año 2030

Sector representa hoy el 23% de las exportaciones del país.

Pablo Antúnez

El sector forestal enfrenta el paradigma de generar mayor valor agregado para crecer. Hoy representa el 23% del total de las exportaciones uruguayas y produce el 10% de la energía, un volumen equivalente a lo generado por una represa de Palmar.

El presidente de la Sociedad de Productores Forestales del Uruguay, Ing. Agr. Carlos Faroppa, afirmó que en 2030 el sector forestal puede “duplicar en exportaciones los US$ 200 millones que generó en 2018”, ya sea “por la vía de más celulosa o por la vía de la transformación”, pero advirtió que se precisará “mucho más valor agregado e innovación”.

Faroppa, junto con el director del Programa Nacional de Investigación Forestal del INIA, Roberto Scoz, el gerente general de Montes del Plata, Cr. Diego Wollheim y el gerente general de Ponsse Uruguay, Ing. Agr. Martín Toledo, conformaron el panel: “Perspectivas del sector Forestal del Uruguay”, en el marco del II Foro de Inversión Europea en Uruguay. Silvicultura, madera e industrias asociadas. Fue organizado por Uruguay XXI y la delegación de la Unión Europea en Uruguay.

El sector forestal mueve hoy 17 millones de metros cúbicos de madera, cuando una década atrás apenas movía 7 millones de metros cúbicos. “Vamos a tener una oferta de 23 o 25 millones de metros cúbicos en el 2030”, estimó Faroppa, considerando que “el desafío es ver cómo agregamos valor sobre eso”. Destacó que hacia adelante, “el gran desafío es cómo llegamos a la cadena de valor” y explicó que el sector privado quiere “instrumentar mucho más la logística, tenemos muchos estudios y podemos incrementarla”.

Como otro de los desafíos del sector, marcó cómo transformar en aserraderos los 5 millones de metros cúbicos de madera de los 17 millones de metros cúbicos que se generan anualmente. “Esos 5 millones deben transformarse en productos diferentes, principalmente en lo que hace madera sólida y darles valor agregado”, consideró Faroppa. “Hay que invertir en eso, apostar a esos nuevos productos y buscar más valor agregado”, agregó.

Entre las cosas sencillas para hacer, según marcan los estudios que citó, está “administrar corredores para que transiten camiones y trenes”, ya que eso “impactaría en el 30% de los fletes” o implementar otras eficiencias y “generar las situaciones de esa transformación mecánica, para conseguir más empresas con nuevos desarrollos como lo serán los bioproductos”. Faroppa contó que para transformar un tronco de madera rolliza a un prisma que es una tabla, “tenemos que pensar que esa tabla es apenas el 40%, el resto es otro material, es pasivo ambiental. Hoy son desafíos pero que representan enormes oportunidades que tenemos por delante. En todo lo que son bioproductos a partir de celulosa hay muchas oportunidades. Algunas estarán dentro de nuestra escala, otras no. Bueno, aprovechemos las que están dentro de nuestra escala”.

Cuidadoso. A su vez, el gerente general de Montes del Plata, Diego Wollheim, reconoció que hoy se logra mayor calidad en la producción que hace 20 años atrás.

Contó que en el caso de Montes del Plata, se emplean 6.500 personas en la producción, se producen 1,4 millones de toneladas en una planta que originalmente era de 1,3 millones de toneladas y eso equivale a aproximadamente el 9,5% de las exportaciones de bienes del Uruguay”.

Wollheim destacó que en una década, “todas estas cosas las hicieron los uruguayos, desarrollando desafíos complejos, con cosas que se veían casi imposible. Nuestra planta está entre las más competitivas en costos. Nos jugamos al transporte fluvial de la madera. Todos los días llega a la planta más de una barcaza y eso es el equivalente a 170 camiones con zorra. Es otra forma de mitigar costos y acortar distancia”.

Wollheim consideró que Montes del Plata tiene un puerto propio como ventaja competitiva y “se reciben unos 2 millones de toneladas de madera, más 1,4 millones de toneladas de celulosa salen y hacemos más de 3 millones de movimientos de carga por año”.

Pero la forestación uruguaya busca crecer generando oportunidades. En ese sentido, el ejecutivo destacó que la empresa “tiene más de 300 productores agropecuarios que tienen en sus campos plantaciones forestales, hay más de 60.000 cabezas de ganado pastoreando en nuestros predios y eso muestra una sinergia entre ambas producciones”.

Educación. Otro punto coincidente entre los panelistas es la falta de educación y de concientización de lo que genera el sector forestal a nivel de la sociedad, pese a lo que representa para la economía del Uruguay.

“Fuimos un sector que cuidó primero para crecer. La ley forestal, el código de buenas prácticas y otras fortalezas, hace que seamos sustentables en un país donde el bosque nativo crece y madura, mientras que en la región vemos que esos bosques nativos se queman”, dijo orgulloso Faroppa.

Wollheim consideró que “hay que hacer un esfuerzo en investigación y en desarrollo, pero también en una mejor comunicación de nuestro sector. Como sector forestal tenemos una responsabilidad también en eso. Es increíble que cuando se mira la agenda de 2050, se hable de la importancia que tiene la forestación, pero todavía no hemos ordenado el nombre de las instituciones”.

El 23% de las exportaciones del Uruguay son forestales y van en ascenso en forma sustentable. “La gran diferencia de esta actividad respecto a las otras, es la previsibilidad, tanto a nivel de producción como de cargas”. Y agregó: “socialmente vemos palabras como bioeconomía, renovable, reciclable, fijación y huella de carbono. La forestación está ayudando a salvar el planeta, pero sin embargo, socialmente, todavía esta idea no está clara porque eso no se puede hacer de cualquier manera”.

Investigación. Desde el segmento de la investigación, Scoz reconoció que Uruguay se concentró primero en la fase primaria, donde “aprendimos a hacer árboles y luego a hacerlos crecer”.

Explicó que “como un país muy joven forestalmente hablando, la investigación también es muy joven. Hay un desafío muy grande en aguas, cada vez la sociedad se informa más. En plagas y enfermedades hay fuertes adelantos en la investigación. En tecnologías hay un adelanto importante, puede estar faltando el link con la investigación para promover más la innovación”, sostuvo el científico de INIA.

Según su visión y pese a los adelantos, “sabemos hacer crecer árboles, ahora nos toca hacer crecer madera”, concluyó.

Por su parte, Martín Toledo, gerente general de la Ponsse Uruguay, empresa dedicada a la maquinaria del sector forestal, recordó que el proceso de mecanización en la forestación uruguaya “se dio rápido y ordenado”. Es que en la década del 90 el sector forestal uruguayo estaba poco mecanizado, pero a partir de 2007 comienza un proceso de mecanización más rápido.

“Hoy más del 90% de la cosecha se hace en forma mecánica, pero todavía hay muchas posibilidades de desarrollo en mejores tecnologías. Además, hay que trabajar mucho en la formación de los operadores y mecánicos”, dijo Toledo, aclarando que aún las máquinas no han logrado sustituir del todo al hombre y su experiencia.

Tecnologías que se adaptaron rápido.

Uruguay aprendió sobre la marcha, porque no era un país forestal como pueden ser los nórdicos. “Al principio fuimos implementadores de muchas tecnologías traídas de otros países forestales. Aquí se trabajaron y en el acierto y error hemos aprendido mucho”, explicó con orgullo Carlos Faroppa, presidente de la Sociedad de Productores Forestales del Uruguay.

En ese sentido, el dirigente y empresario contó que “cuando se desarrolló la primera planta de celulosa, las cuatro barcazas que eran para transportar sólo celulosa, significaron duplicar la flota de cabotaje en Uruguay. El río era inexistente en Uruguay, usábamos carreteras, trenes de mala gana y no se pensaba en el transporte fluvial de la madera”, contó Faroppa.

Hoy hay cambios significativos: “tenemos puertos especializados para forestales y celulosa. Eso es desarrollo de la forestación, lo mismo que el recurso energético, porque si no lo desarrollamos, la primera y la segunda planta capaz que no había capacidades para instalarlas”.