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Residuos de fitosanitarios en los alimentos: por qué detectar una sustancia no significa necesariamente un riesgo para la salud

Actividad de CAMAGRO en el Día Mundial de la Alimentación arrojó conclusiones interesantes

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Alvaro Portillo

Especialistas analizaron los criterios científicos que determinan los límites máximos de residuos y el papel de la comunicación en la percepción del riesgo y la seguridad alimentaria.

La presencia de residuos de productos fitosanitarios en los alimentos, los criterios científicos que determinan los límites máximos permitidos y la forma en que se comunica el riesgo a la población fueron los ejes del encuentro organizado por la Cámara de Comercio de Productos Agroquímicos (CAMAGRO) el viernes 16 de octubre, en el marco del Día Mundial de la Alimentación. La actividad se desarrolló en el Anexo del Palacio Legislativo y reunió a autoridades, especialistas del ámbito académico, organismos públicos y representantes del sector privado.

Bajo el título “¿Qué hay detrás de los residuos en los alimentos? Límites máximos de residuos, ciencia y seguridad alimentaria”, la jornada incluyó exposiciones de Paulina Marchant, especialista en Límites Máximos de Residuos y Evaluación de Riesgo al Consumidor de Bayer para América Latina, y Claudio Canales Ríos, oficial científico sénior del Instituto Federal Alemán para la Evaluación de Riesgos (BfR). También se realizó un panel de intercambio con Alba Negrín, de la Unidad Académica de Toxicología de la Facultad de Medicina (CIAT); Alex Hughes, de la Dirección General de Servicios Agrícolas del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP); Norman Bennett, gerente de Inocuidad Alimentaria de DIGEBIA; y Paulina Marchant, con la moderación de Nicolás Lussich.

Durante su presentación, Marchant explicó cómo se establecen los límites máximos de residuos (LMR) y qué estudios intervienen en ese proceso. La evaluación considera, entre otros aspectos, las buenas prácticas agrícolas, los estudios toxicológicos y de metabolismo, los patrones de consumo de alimentos y los escenarios de exposición más exigentes.

Según informa un comunicado emitido por Camagro, uno de los puntos centrales de su exposición fue la diferencia entre superar un límite legal y representar un riesgo para la salud. Los LMR son estándares que permiten controlar el uso de los productos fitosanitarios y verificar el cumplimiento de las buenas prácticas agrícolas, pero la evaluación del riesgo para el consumidor se realiza a partir de otros parámetros científicos, como la ingesta diaria admisible (IDA) y la dosis de referencia aguda (DRfA), que consideran la exposición a corto y largo plazo.

Marchant también destacó la importancia del monitoreo de residuos en los alimentos. Estos controles permiten verificar el cumplimiento de la normativa, identificar posibles usos no autorizados, estimar la exposición de la población y orientar medidas correctivas. La calidad y representatividad de las muestras, los métodos de laboratorio y la publicación de los resultados son aspectos fundamentales para interpretar adecuadamente los datos.

Por su parte, Canales Ríos abordó los desafíos de comunicar estos temas a la sociedad. Su presentación, titulada “Productos fitosanitarios: mejor hablar de ciertas cosas”, puso el foco en cómo las emociones, las experiencias personales y la confianza en las instituciones influyen en la percepción del riesgo, incluso cuando existe evidencia científica disponible.

El especialista señaló la importancia de distinguir entre peligro —la capacidad de una sustancia o situación de causar daño— y riesgo, entendido como la probabilidad de que ese daño ocurra y su gravedad en determinadas condiciones de exposición. En ese sentido, sostuvo que la comunicación del riesgo no depende exclusivamente de transmitir información técnica, sino también de construir confianza y generar herramientas para interpretar la evidencia.

Canales Ríos también destacó el papel de los medios de comunicación en la percepción pública, al señalar que los enfoques periodísticos pueden influir en qué aspectos de un riesgo adquieren relevancia y en cómo se interpretan las incertidumbres científicas. En un contexto marcado por la circulación de contenidos en redes sociales y el avance de la inteligencia artificial, planteó el desafío de promover una comunicación basada en la objetividad, la veracidad, la ética y la transparencia.

El panel permitió ampliar el intercambio sobre los límites máximos de residuos, la evaluación científica y los mecanismos de control vinculados a la inocuidad alimentaria, con aportes desde la toxicología, la gestión pública y la experiencia del sector privado.

Las exposiciones coincidieron en la importancia de fortalecer la comprensión pública de la ciencia y de los mecanismos de evaluación y control. La presencia de un residuo, su concentración y la exposición efectiva del consumidor son variables diferentes que deben analizarse en conjunto para interpretar los resultados y tomar decisiones informadas sobre la seguridad alimentaria.

Asociación Cultivadores de Arroz, Gremial de Molinos, INIA y FLAR serán los organizadores del evento

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