Cierra una nueva cosecha de invierno y afortunadamente, otra vez se obtuvieron rendimientos altos. Al menos en líneas generales, si hay que inclinar la balanza hacia un lado, se puede decir que nuevamente fue satisfactoria la campaña de cultivos de invierno en Uruguay.
No fue una zafra para nada fácil, con complicaciones desde la implantación de los cultivos, particularmente en colza, hasta las trillas en las últimas semanas del año, que se vieron demoradas por las frecuentes lluvias que azotaron al país.
Uno de los grandes ganadores de esta campaña de invierno es el trigo. Primeramente porque con más de 300.000 hectáreas, volvió a convertirse en el principal cultivo de invierno en superficie, superando otra vez a la canola que tuvo una explosión el año pasado.
A su vez, a la espera de las confirmaciones de promedios por parte de DIEA o de Urupov, se puede manejar que los rendimientos fueron excelentes, superando en muchos casos los 5.000 kilos y con la gran noticia de que hubo poco rechazo por cuestiones de calidad.
Si bien la cosecha se extendió más de lo esperado y se vio trigo por trillar casi hasta fin de año, la zafra cierra con este tradicional cultivo como el más beneficiado de esta campaña.
Para la cebada el escenario fue absolutamente agridulce. Si hablamos de rendimientos, también fueron muy buenos, superando las 5 toneladas. El gran cuello de botella estuvo en cuestiones de calibre, proteína y calidad, que con porcentajes variables, marcaron un gran rechazo en las malterías para la producción.
Por esta razón, en algunas chacras se abandonaron las trillas para retomar después del trigo, en algunos casos con suerte y en otros no, pero se maneja que hay porcentajes bastante altos de dicho cultivo que terminaron en raciones o exportados como forrajera. El tamaño del grano también fue una limitante.
La colza continúa con su disparidad zafra tras zafra. De los cultivos de invierno, es el más nuevo de los 3, y los productores aún se encuentran adaptándose al mismo, no solamente para levantar los rendimientos, sino también para tener promedios más estables año tras año más allá de las variaciones climáticas a las que se puedan enfrentar.
Similar a lo que sucede con los promedios de los dos cultivos antes mencionados, a la espera de las confirmaciones, hay muchas chacras que entregaron promedios de rendimiento cercanos a los 1.500 kilos por hectárea, pero una gran variabilidad por zona, por cantidad de precipitaciones recibidas, temperaturas y especialmente si se trataba de canola primaveral o invernal.
Los precios en este momento no atraviesan su mejor escenario, pero la buena noticia para los productores es que productivamente se trató de una zafra de regular hacia arriba, y también que se realizó con costos menores debido a la baja de precio de los insumos.
Las complicaciones logísticas de la última etapa de los cultivos afectaron su desempeño final, pero es buena noticia que nuevamente se pudo ver en Uruguay un número importante de chacras de invierno.