La propia coyuntura del negocio y del mercado, sumado a los avances genéticos del maíz y mejoras en el manejo, permiten visualizar rotaciones en el este que van más allá del arroz, la soja o la ganadería extensiva. En el marco del evento organizado por El Sauzal Agronegocios, Ignacio Macedo y Nicolás Maltese de INIA, María Inés Rovella, Víctor Tonelli, Fernando González y Matías Guigou intercambiaron visiones sobre el momento del maíz y del negocio ganadero.
Al comienzo María Inés Rovella, integrante de El Sauzal Agronegocios, presentó los resultados del maíz de la zafra 2025/26 en el este y los investigadores Ignacio Macedo y Nicolás Maltese de INIA expusieron sobre investigación agrícola en el este y bases ecofisiológicas para el manejo del maíz.
Luego de eso, el consultor argentino Víctor Tonelli presentó su análisis “Escenarios en la nueva era de la ganadería”, donde sostuvo que el comercio mundial de carne vacuna duplicó su volumen en los últimos 20 años. Ese crecimiento se apoyó en el fuerte avance de mercados no tradicionales y en una revalorización de las proteínas animales, el retroceso de los ultraprocesados de origen vegetal y una demanda cada vez más orientada a la salud, la sostenibilidad y la seguridad alimentaria. Tonelli remarcó que este nuevo escenario ya se refleja en los precios: para abastecer una demanda en expansión, la oferta global debió liquidar stocks y los valores treparon entre 30% y 40% en el último año.
El eje central de su exposición fue el inicio de un ciclo de retención en la gran mayoría de los países exportadores, que condicionará la oferta durante los próximos tres a cinco años y sostendrá precios altos por cambios estructurales del mercado. El desequilibrio entre oferta y demanda, advirtió, será aún mayor en ese período, y una vez alcanzado un ciclo equilibrado los valores podrían ser todavía más elevados. Las caídas de faena se verán parcialmente mitigadas por el aumento de los pesos de faena, aunque el número de terneros logrados sigue siendo el principal límite al crecimiento de la oferta.
Para Uruguay, el diagnóstico abre una oportunidad concreta. Tonelli planteó que, alcanzando la eficiencia productiva de Australia, el país podría aumentar su oferta de carne en torno al 70%, pasando de 640.000 a más de un millón de toneladas anuales. La brecha es amplia: mientras Uruguay extrae el 20,9% de su stock, Australia llega al 30,7%, con mayores pesos de res y niveles de faena muy superiores, lo que marca el margen de mejora disponible para nuestro país.
Con todo, el consultor insistió en que el camino no pasa únicamente por volumen, sino por agregar valor mediante calidad con medición objetiva, trazabilidad y diferenciación, recordando que en mercados como el estadounidense las calificaciones premium pagan sobreprecios de hasta 21%. Su conclusión fue contundente y optimista: se presenta un escenario de precios y rentabilidad como no se ha visto en el pasado, y el éxito y la consolidación de esa oportunidad están en manos del propio sector.
Fernando González, director de Frigorífico Copayán, comentó que atender el mundo de la forma que lo hace Uruguay, demanda tener un volumen que el cliente sepa que va a tener, y eso es algo que va a ser clave en los años que vienen, un Uruguay protagonista y no abocado a ocupar espacios que otros dejan.
“Tener un mayor volumen va a generar que tengamos un mayor precio, una permanencia en los mercados y clientes, y una mayor identidad propia, que ese es uno de los grandes debes que tiene Uruguay”, expresó González. En esta línea, el principal de Copayan sostuvo que “los corrales van a tener un nivel de especialización cada vez mayor, y estamos seguros de que los corrales existentes van a crecer, y que cada día más en el este van a haber más confinamientos”.
Para que este crecimiento se concrete la producción de maíz va a jugar un rol clave, y en ese sentido Uruguay dispone de muy buena tecnología.
Matías Guigou, gerente ganadero de ADP, describió el actual momento del corral como una etapa de fuerte dinamismo. Señaló que cada vez es más impactante la cantidad de gente nueva que entra al negocio y de nuevos proveedores que se integran a la cadena de producción, en un contexto de valores muy buenos. Advirtió, no obstante, que el riesgo hoy es mayor porque el capital de trabajo necesario creció de forma considerable, aunque el negocio sigue funcionando.
En cuanto a la agricultura asociada, consideró que, según los pronósticos y la información disponible, es lógico que el área de maíz crezca, quizás más de primera que de segunda. Explicó que la necesidad de Uruguay de granos forrajeros excede el área de intención de siembra relevada, y que en un año Niño, con la posibilidad de capturar mejores rendimientos y una demanda firme del negocio ganadero y de proteínas, la intención de siembra podría terminar siendo mayor a la prevista. En todos los casos, subrayó, esa producción tendrá destino asegurado.
Sobre la paridad de exportación no ve riesgo: solo el consumo de los corrales explica un crecimiento sostenido de la demanda de maíz, con entre 800.000 y 900.000 toneladas sobre un total cercano a los 2,2 millones de este tipo de grano en el país.
De todas formas, Guigou encendió algunas alertas. El margen del corral se encuentra en una situación similar a la de hace un año, con un costo de producción del animal cercano a los 1.600 a 1.700 dólares y un margen que se mantiene en torno a los 80 a 120 dólares, en un marco de costos de producción crecientes y desafíos climáticos. Puso como ejemplo el barro en este año con pronósticos de lluvias: sin un buen mantenimiento, puede significar una pérdida de hasta el 30% en la eficiencia de conversión, un impacto tan grande que llevó a su empresa a casi duplicar el presupuesto destinado al mantenimiento de los corrales.
Pedro Heguy, gerente comercial de El Sauzal, aportó luego la mirada del territorio. Destacó los buenos rendimientos del maíz de segunda en el este, con chacras que fueron aumentando su promedio hasta los 6.500 kilos por hectárea, y el creciente interés por el maíz de primera. Repasó el avance del cultivo en la zona, donde prácticamente no había plantadoras y el área fue creciendo de forma sostenida, con El Sauzal como gran impulsor. En ese proceso, explicó, el maíz vino sustituyendo al sorgo: gracias a un avance genético “brutal”, poco a poco se fue imponiendo entre productores que tradicionalmente hacían sorgo, integrándose muy bien a los sistemas. Ubicó su valor en torno a los 240 dólares, con una paridad de importación que podría descomprimir hacia 180 a 200 dólares, siendo que el negocio aún funcionaría así.
Heguy reivindicó además una lógica de diversificación y de ciclos como forma de dar estabilidad y sustentabilidad en el tiempo y aprovechar las oportunidades. “Creo en los ciclos”, resumió, al describir un esquema con “una pata en la carne, otra en el arroz y otra en la agricultura”, apoyado en rotaciones de carinata, maíz, soja y praderas de cuatro años. Si bien reconoció que el ganado de cuota “paga bien”, observó que el maíz encuentra hoy su lugar sobre todo en los establecimientos de recría y terminación, y matizó las expectativas: el “boom” de corrales en el este, dijo, todavía no llegó.
Por último, mencionó el potencial del arroz quebrado, que a los valores actuales sería “espectacular” para los arroceros, aunque los molinos no lo liberaron en esos precios, y valoró la experiencia de estos en el manejo del agua, clave en un año Niño con excesos hídricos en los campos bajos del este.
Integración del maíz en los sistemas del este
Históricamente la zona este se caracterizó por el cultivo de arroz. Luego vinieron las praderas sobre su rastrojo, que permitieron incrementar los índices de producción de carne. Más cerca en el tiempo, la soja irrumpió con fuerza y hoy es el tercer protagonista del sistema productivo: ganadería, soja y arroz. Pero para grata sorpresa de todos, parece haber un cuarto participante con ganas de entrar en el juego: los avances del maíz le permiten también sentarse en la mesa.