Agricultura

Eligiendo el mal menor

Llegamos a diciembre, las primeras chacras de trigo empiezan a mostrar muy buenos rindes, si bien los niveles de proteína resultan dispares, el resto de los indicadores (peso hectolítrico, Falling Number, etc) resultan, en promedio, aceptables. De no mediar ningún desastre climático, el trigo llegaría bastante entero al final de la presente zafra, lo que no es poco considerando las últimas cuatro campañas y todavía más cuando todas las voces técnicas respetadas han venido hablando del año Niño más marcado de los últimos cincuenta años para este último trimestre de 2015.

Bloomberg fotos - ARGENTINA WHEAT DROUGHT - F - Farmers plant wheat seeds in a field near Los Indios, Argentina, on Saturday, June 27, 2009. Argentina, the world's fourth largest wheat exporter last year, may withdraw from world markets for the first time in at least a century as drought reduces plantings. Photographer: Diego Giudice/Bloomberg News ARGENTINA WHEAT DROUGHT - LOS INDIOS - ARGENTINA - DIEGO GIUDICE - AH. GRANJEROS SEMBRANDO SEMILLAS DE TRIGO EN UN CAMPO PROXIMO A LOS INDIOS, TRACTOR , SEMBRADORA, MAQUINARIA AGRICOLA

Entonces, lo que por el otoño de 2015 resultaba a todas luces una aventura dados los últimos antecedentes y amenazaba de hecho con profundizar todavía más los déficit financieros de los agricultores – con cuentas ya castigadas por una soja 2014 para el olvido – parecería ahora permitirles afrontar de otra forma el futuro próximo. Lo que parecía ser rojos más intensos y pasivos más gruesos, ahora tiene todo para alcanzar un alivio financiero, mover la línea de crédito y honrarla e incluso aumentar la disponibilidad de caja tanto para cubrir los créditos abiertos, como para – en el mejor de los casos, o sea: los menos – llegar a subsidiar en algo el precio mínimo requerido de la próxima soja. En otras palabras: bajar el costo por tonelada, desde el arranque, lo que no es otra cosa que arrancarle dólares al mercado, en este caso en el físico, como se hace con los futuros.

Siendo 2º de diciembre, todo esto son buenas perspectivas y expectativas. Las cosas no se dan porque sí ni nadie regala nada. Si lo sabrán eso los agricultores, sobretodo quienes apostaron al trigo y a la cebada, a cambio de nada. Es decir, sin tener más que en su espíritu emprendedor y en el de riesgo, propio de la actividad, la esperanza de que los analistas meteorológicos errasen en sus pronósticos.

Es importante señalar que estos vientos algo más favorables son únicamente desde el punto de vista productivo, habiéndose sacado en varias chacras promedios de 3000 kilos por hectárea o más, lo que siempre es una buena noticia con la mira puesta en atenuar los gastos por tonelada producida.

De darse este panorama, ¿cuáles son los peligros? Tenemos una situación comercial, a nivel de precios en el mundo, como hace tiempo no se daba. Las producciones de trigo se suceden una tras otra, se sigue produciendo cada vez más, incluso con precios sometidos a la presión simultánea de una sobreoferta y una demanda selectiva, como hace tiempo no se veía. Sin embargo, el trigo no funciona como la soja y el mercado global es mucho más atomizado. No son las Américas – del Norte y del Sur – las únicas productoras que le venden a un único mercado en China. Hay grandes productores y grandes – y muchos – demandantes e incluso el mercado funciona menos libremente que con la soja. La formación del precio queda sujeta entonces a aspectos más regionales y geopolíticos.

En la región, estamos a nueve días de la asunción del presidente electo en Argentina. En cuanto a la producción y exportación de granos, tanto el primer mandatario como el futuro ministro de agricultura han anunciado durante la campaña electoral, y lo han ratificado en cuanto foro han tenido oportunidad, que lo primero que van a hacer con la exportación de granos es eliminar de un plumazo las detracciones (mal llamadas retenciones) así como los permisos/registros de exportación (ROEs), lo que dejará manejadas las ventas al exterior al libre funcionamiento de la oferta y la demanda (no aplica esto para la soja, que está libre de ROEs). A esto se suma la baja escalonada de las detracciones a la exportación de soja sin procesar, de 5% anual, desde el 35% actual, lo que en cuatro años de gobierno debería llevarla hasta 15%.

Se habla que Argentina tiene varios millones de toneladas de granos (cereales y soja) guardados, como activo financiero o moneda de cambio por los productores, a la espera de un sinceramiento en el tipo de cambio y una flexibilización en las condiciones comerciales de venta, las mismas que están anunciándose.

A la eliminación de las medidas de administración de comercio exterior ya comentadas, se suma el anuncio de medidas para llevar al tipo de cambio a una referencia única, lo que cierra el combo de medidas necesarias para tentar a los productores a deshacerse de su producción guardada (sin contar la cosecha actual de trigo).

El trasfondo del asunto es la imperiosa necesidad de ingresar dólares para empezar por mover la economía, poder hacer frente a los vencimientos financieros de corto plazo, aumentar las reservas y – en resumen – poder tener bajo control el tipo de cambio, para no generar problemas colaterales (inflación, etc).

Si algo faltaba para completar esto, es el anuncio del presidente electo diciendo que su primera visita al exterior será a Brasil, su principal socio comercial, comprador número 1 de automotores, alimentos y trigo argentino. Entonces, a las medidas macroeconómicas señaladas, que a todas luces apuntan a estimular las ventas, se suma la visita a su principal comprador de trigo.

Lo que puede esperarse de esto es un productor agrícola tirándose de cabeza a vender lo que de repente no tiene ningún impuesto a la venta y le resulta más rentable vender. Por la soja, si le bajan 5%, el precio no se va a acomodar enseguida, si bien puede empezar a liberar en algo más la venta. Si no hay un tipo de cambio único, tampoco le conviene al productor vender para no saber cuánto va a costarle a él comprar el dólar (recibe pesos a cambio de su venta).

En resumen, para un productor que tiene guardado cereales y soja, tiene que optar por vender primero lo que lo deje mejor perfilado. Los cereales – trigo y maíz – son los que muestran el cambio más radical, más rápido. Todo indica que Argentina vuelve a venderle trigo a Brasil, lo que es empezar a vender volumen a granel (literalmente).  Hay que pensar qué pasa cuando un vendedor se tira a quemar (más que vender) su producción porque, de la noche a la mañana, lo que no le era atractivo vender, ahora sí le resulta.

Una zafra de trigo que pinta bastante aceptable desde el punto de vista productivo, no parece ser completa, considerando que no se vislumbra que sea ésta en la que los precios vuelen. Se viene un competidor que es un peso pesado y en donde les digan que vendan todo, lo van a hacer y fuerte.  En el mejor de los casos, Uruguay volverá a vender a Brasil, como siempre que lo hizo Argentina, subiéndonos en ancas de ellos. Pero ahora con reglas de juego bien distintas.

Que cada uno piense, sinceramente, cuál es su expectativa de precio cuando Brasil se encuentre de repente con 3, 4 o 5 (o más) millones de toneladas disponibles de trigo de excelente calidad de su proveedor habitual, a precios planchados. El nuevo gobierno toma su cargo el próximo 10 de diciembre y todo lo señalado es lo primero que manifiesta que va a hacer.

Quizás el precio local actual en Uruguay todavía sea demasiado bueno y haya que aprovecharlo. Ya habrá otro año para conseguir el mejor precio posible, que conforme a todos.

FIMIX – agrofinanzas

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