Las intensas precipitaciones de los últimos días dejaron numerosos campos anegados en el norte de Rocha, obligaron a productores a trasladar ganado hacia zonas más altas y mantienen la atención puesta en la evolución de la laguna Merín. En algunas áreas se acumularon entre 200 y 250 milímetros en apenas dos o tres días, un volumen que dificulta el escurrimiento y genera problemas productivos y de infraestructura.
Jorge Birriel, productor ganadero de la zona de San Luis y directivo de la Asociación Fomento Rural de Lascano, explicó que la situación presenta diferencias según la ubicación de los establecimientos y que, por el momento, el principal problema responde al agua caída directamente sobre los campos y al aporte de los distintos cursos de agua, más que a una gran creciente del río Cebollatí.
“Tenemos muchísima agua en los campos. Es imponente la cantidad de agua llovida”, señaló Birriel en diálogo con Valor Agregado de radio Carve. Según detalló, los registros se ubicaron en el eje de los 200 a 250 milímetros, con volúmenes incluso superiores sobre la costa de la laguna Merín respecto a zonas ubicadas algunos kilómetros más arriba, hacia la ruta 19.
Buena parte de esa agua está escurriendo lentamente hacia la laguna Merín a través de arroyos y otros cursos. El productor mencionó particularmente las zonas de San Luis, Cebollatí, Isla Negra y San Miguel, donde las condiciones de drenaje determinan cuánto tiempo permanecen anegados los campos.
Uno de los factores que genera incertidumbre es precisamente el nivel que alcanzará la laguna una vez que termine de recibir toda el agua de su extensa cuenca. Birriel explicó que, antes de estas precipitaciones, la laguna se encontraba en niveles relativamente normales, por lo que entiende que podría absorber el volumen actual. Sin embargo, advirtió que habrá que esperar para conocer el escenario definitivo.
Dos tipos de creciente
El productor diferenció la situación actual de las grandes crecientes del río Cebollatí, que tienen una dinámica particular en el norte de Rocha. Cuando el río alcanza niveles elevados y desborda en la zona de Paso Averías, el agua sale hacia los campos y continúa su recorrido rumbo a la laguna Merín, sin retornar posteriormente al cauce.
En esas situaciones, grandes extensiones pueden quedar cubiertas por el agua durante períodos prolongados. “Después que esa agua sale del río, nunca más vuelve al río. Se recorre buena parte del norte de Rocha hasta llegar a la laguna”, explicó.
Esta vez, sin embargo, el escenario es diferente. El Cebollatí salió parcialmente de su cauce, pero no registró hasta ahora una creciente de las dimensiones observadas en otros episodios. El problema central está en el enorme volumen de lluvia acumulado directamente sobre los campos y en la dificultad para evacuarlo.
“Quedaron todos los campos blanqueando, porque no hay manera que desagüen 200 o 250 milímetros que te caen en dos o tres días”, sostuvo Birriel. Además del impacto sobre las pasturas y el manejo de los animales, el exceso de agua puede afectar caminos y alambrados, generando daños que el productor consideró difíciles de cuantificar en esta etapa.
Para Birriel, el comportamiento de la laguna Merín durante las próximas semanas será determinante. Si no se registran nuevos episodios de lluvias extraordinarias, considera que el sistema podría absorber el agua acumulada.
También juega un papel el canal San Gonzalo, que permite evacuar agua hacia la laguna de los Patos. Aunque su capacidad es reducida en comparación con las dimensiones de la laguna Merín, el productor señaló que funciona como una “válvula de escape”, especialmente si transcurren varios días sin nuevos aportes importantes.
De todos modos, pidió cautela antes de realizar proyecciones. La cuenca de la laguna Merín comprende territorio uruguayo y brasileño, por lo que las lluvias ocurridas del otro lado de la frontera también inciden directamente sobre su nivel. Incluso se han registrado situaciones en las que las precipitaciones fueron moderadas en Uruguay, pero la laguna igualmente creció debido al aporte proveniente de Brasil.
“Hay que esperar, hay que ser cautos”, afirmó Birriel, quien estimó que podrían ser necesarios unos 20 días para tener una visión más clara de la situación. El escenario cambiaría sustancialmente si, una vez que la laguna quede cargada con el agua actual, vuelven a producirse lluvias del orden de 200 o 300 milímetros.
Movimiento de ganado
Mientras tanto, los productores de las zonas más bajas ya tuvieron que tomar medidas. En distintos establecimientos se trasladaron animales hacia potreros más altos ante el avance del agua, aunque en algunos lugares el descenso ya permitió comenzar a retornar el ganado.
Birriel mencionó, entre otras, la zona de Rincón Bravo y áreas próximas a las costas, donde los productores optaron por retirar los animales de forma preventiva debido a que son campos históricamente expuestos a inundaciones.
La experiencia acumulada permite anticiparse, aunque cada creciente puede comportarse de manera diferente. En ese sentido, Birriel señaló que las obras, canales y modificaciones realizadas en el territorio durante los últimos años también alteran la forma en que circula el agua.
El productor planteó además interrogantes sobre el eventual comportamiento de una futura creciente importante del Cebollatí luego de las obras realizadas en la ruta 15. A su entender, la elevación de algunos tramos podría modificar el escurrimiento hacia determinadas zonas.
“Son cosas que no las hemos visto y no sabemos lo que va a pasar. Ojalá sean suficientes los pases de agua y los drenajes que se hicieron”, expresó. Para los productores, explicó, esos cambios pueden determinar que un lugar del establecimiento que históricamente permanecía seco durante una creciente deje de hacerlo, modificando incluso la estrategia utilizada para resguardar el ganado.