A raíz de una tibia crítica que este autor hizo al batllismo al comentar el evento anual de recuerdo a Aparicio Saravia en Masoller, el ex presidente Sanguinetti nos envió un amable contrapunto que terminaba diciendo que en 1904, “Saravia era el pasado, Batlle el futuro”.La frase, nos quedó repiqueteando, y nos volvió insidiosa a la mente al escuchar los tradicionales discursos de cierre de la ExpoPrado, del presidente de la Asociación Rural y el ministro de Ganadería, Agricultura y Pesca.
Es que pocas cosas nos representaron de forma más perfecta pasado y futuro que el tono y el contenido de las palabras de Rafael Ferber y Alfredo Fratti.
Sobre el tono, no hay mucho que decir. El primero fue amable, componedor, técnico, plagado de datos científicos y conceptos prácticos. Además, fue breve, como demanda un poco la capacidad de atención del mundo actual. “Queremos levantar la vista y marcar posición en los temas de fondo, algunos de estos, creemos que no nos dejan avanzar o peor aún nos hacen retroceder”, dijo Ferber.
Explicó cómo el sector ha logrado multiplicar exponencialmente la producción de carne en apenas 30 años. De cómo de la aplicación de ciencia y tecnología a las semillas, permitió que en un par de décadas la agricultura pasara de ser apenas un rubro para consumo interno a generar miles de millones para el país. O de cómo el cambio de mentalidad del estado respecto al campo, al pasar de querer solo extraer renta a fomentar el desarrollo de un sector, permitió que los privados impulsaran el boom de la forestación, que hoy encabeza las exportaciones, y dinamiza el mercado laboral.
No evitó referirse a temas más áridos, como el cuidado del medio ambiente, donde defendió el concepto del campo natural y al empuje de los productores para sostenerlo. Negó que la producción de alimentos sea el gran ogro que fomenta el cambio climático, como insólitamente no se cansan de afirmar incluso nuestros propios burócratas del rubro. O del problema del déficit fiscal, y de las regulaciones laborales que terminan generando efectos exactamente contrarios a los que dicen perseguir.
Lo de Fratti, fue completamente distinto.
Habló casi una hora, en una alocución confusa, deshilachada, plagada de adjetivos, enconos, pases de facturas y reivindicaciones fuera de lugar. En un país donde la mitad de los niños no terminan el liceo, y donde hay problemas inaceptables de pobreza infantil, defendió sin matices una política de colonización que consume miles de millones de dólares, sin lograr mover la aguja en nada ni en la cantidad de gente que vive en el campo, ni en la salud de la producción familiar. Afirmó con tono peleador que su gobierno seguirá con su agenda, pese a lo que diga la realidad. Y que no cederán a las presiones de las corporaciones, en el mismo momento en que el puerto de Montevideo, la principal vía de salida de la producción nacional, se encuentra tomado por un sindicato de trabajadores privilegiados, y al que no le importa en absoluto el daño que le hace al país, con tal de lograr una partida especial en efectivo, o algunas horas extra de licencia sindical.
Y habló eternos minutos sobre la garrapata, ese arácnido que se prende a los animales potentes y saludables, para parasitarlos hasta dejarlos flacos, débiles, tristes… incapaces de aportar al país la riqueza que su generosa naturaleza, le regala a la sociedad uruguaya.
La alegoría que esto exhibe con una mentalidad que ha sido hegemónica en Uruguay demasiados años respecto al rol del estado y al papel del sector agropecuario en el mismo, no hace falta marcarla con mayor claridad.
Pero si ver las consecuencias de una y otra mirada.
Cualquiera que recorra el interior en los últimos años, podrá dar fe del cambio a nivel social que se vive en el mismo. Gracias a los avances técnicos, al empuje de los productores, y en no escasa medida, a la distracción del estado con otros temas, se ha permitido un aumento de la riqueza fuera de los ejidos de la capital, como no se veía hace muchas décadas. Algo que, desde ya, no es parejo ni generalizado en todo el país, pero que si es innegable.
El contraste con el derrumbe de sectores industriales fomentados de forma artificial por burócratas bien intencionados, pero con formación y cultura divorciadas por completo de la realidad productiva nacional, es chocante.
Si nos planteamos hoy dónde está el pasado, y donde está el futuro del Uruguay, o quien en el centenario estrado de la Rural del Prado el domingo pasado representó mejor una forma de adaptación al tiempo actual y quien un reflejo de una era superada, nadie se podrá confundir.
Ahora solo falta que el sistema político lo entienda, y no reincida con errores que durante tantos años nos han impedido aprovechar el verdadero potencial de generación de riqueza que tiene nuestro país.