Opinión

Optimismo exportador 

Las ventas de bienes al exterior -de las cuales el agro responde por casi 80%- muestran un fuerte avance este año, reflejo del aumento de los precios externos y la buena capacidad de respuesta del sector productivo. Será uno de los sectores que lidere la recuperación.

Por Nicolás Lussich | Ing. Agr. MBA

Las exportaciones confirmaron en abril el fuerte impulso que habían mostrado en marzo, recogiendo las impactantes subas en los precios internacionales de productos agropecuarios e incorporando aumentos en el volumen exportado en ciertos rubros. Subieron casi 30% interanual en abril y 24% en el primer cuatrimestre (cuadro).

La comparación con 2020 tiene distorsiones, pues en marzo-abril del año pasado irrumpía la pandemia y la base de comparación es baja, en especial en algunos rubros. Pero al comparar con 2019, pre-pandemia, también hay una suba (gráfica), lo que muestra que estamos en un momento sólido en el desempeño exportador que puede extenderse más allá de este año. Los precios de futuros en el mercado de granos, la posibilidad de que la pandemia se supere definitivamente hacia el segundo semestre en varios países y la recuperación que están mostrando las grandes potencias (EEUU y China), permiten ser optimistas en este plano.

En el análisis por rubro se destaca el aumento de las exportaciones cárnicas, que sufrieron el golpe de la pandemia en abril de 2020 y ahora están muy entonadas, con China como destino predominante: el 60% de las ventas fueron a ese país, aun considerando las dificultades que generó el episodio del etiquetado; se espera que las auditorías de las autoridades chinas en el frigorífico BPU permitan retomar las ventas a esa planta y normalizar la situación.

En el acumulado anual, China tiene el liderazgo como comprador de carnes y Estados Unidos se consolida como segundo mercado, acotado por la cuota de 20,000 toneladas que tenemos con ese país. Fuera de cuota los negocios dejan poco margen (el arancel es 26,4%) y el mercado chino es hoy más atractivo. Por eso, los exportadores buscan aprovechar la cuota –cuyo arancel es 1%- con los cortes más valiosos, y productos certificados o diferenciados (carne natural, orgánica, etc.).

A pesar de las restricciones Comerciales el mercado estadounidense se muestra con mejores perspectivas que el propio mercado europeo, en la medida que la vacunación masiva alienta una recuperación económica más rápida y fuerte que en el viejo continente.

Granos entonados. Mientras la cosecha está casi terminada, con rendimientos récord, las exportaciones de arroz están captando el fuerte aumento en el precio internacional ocurrido en los últimos meses. Son ventas de grano cosechado en 2020, lo que permite a la cadena arrocera encarar el nuevo ciclo comercial 2021 con bajos stocks y buscar sin premuras los mejores negocios.

En abril las exportaciones subieron 15% interanual, por un aumento del 28% en el precio que compensó una baja de 11% en el volumen. Se destacan las importantes ventas de arroz a Irak y nuevos envíos a México (60.000 y 25.000 toneladas, respectivamente). A pesar de estas buenas noticias, en el acumulado anual las exportaciones de arroz muestran todavía una caída del 13%, que seguramente se revertirá en los próximos meses cuando comiencen a predominar los nuevos envíos a mayores valores. El escenario es auspicioso, si bien la competencia es dura con Argentina, Paraguay y el propio Brasil. Nuestro país se destaca por su calidad y esto jugó para quedarse con la mayor parte del volumen licitado por Irak (que fue por un total de 120.000 toneladas). Este mes sale otro barco con ese destino.

La cosecha de soja -el principal cultivo- ya está 30-40% avanzada, aprovechando las “ventanas” que da el clima, entre lluvia y lluvia. Mientras, las exportaciones acumulan U$S 150 millones en lo que va del año, con China como principal destino. Las exportaciones de esta cosecha comienzan a concretarse en forma más firme a partir de este mes. Si bien los rendimientos son desparejos (promediarían 2.000 kg/ha) es esperable un aumento en el monto exportado este año por el mayor precio, que permitiría alcanzar U$S 1.000 millones de dólares (casi 25% más que en 2020).

Otras ramas. En el sector forestal, la celulosa se ha vuelto predominante como producto final y los precios han subido en forma ostensible. En China, la pulpa de Eucalyptus subió de 500 a casi 750 U$S/ton CIF en pocos meses. Las plantas aún demoran en trasladar los aumentos a los proveedores. En madera sólida, en los últimos meses las exportaciones de madera rolliza y aserrada, incluyendo tableros contrachapados, han tenido un aumento destacado por la suba de precios en mercados clave como Estados Unidos y Asia. Entre otras explicaciones, se menciona el fuerte aumento de la actividad de construcción en EEUU y las dificultades de los aserraderos en atender la demanda, al ver sus plantillas afectadas por casos de Covid-19.

Así, en abril el monto por exportaciones uruguayas de productos de madera sólida subió casi 50% y en lo que va del año acumula U$S 185 millones, casi el doble de lo registrado en igual período de 2020. Se están exportando volúmenes significativos de pino (especie que va en camino de fuerte reducción) mientras se espera que este año se inicien las ventas de chips a (sí, claro) China.

El sector lechero sigue aumentando la producción, mientras mejoran las colocaciones a Brasil y China. En el acumulado anual, la venta de lácteos al exterior ya superan los 200 millones de dólares, con Brasil, China y Argelia (en ese orden) como principales mercados.

Otro rubro que suma montos significativos es la venta de ganado en pie, que acumula casi U$S 60 millones, 30% más que en igual período de 2020. China y Turquía son los principales compradores.

La creciente demanda china por alimentos y otros productos agropecuarios es una bendición de enorme alcance para Uruguay. Ciertamente, la creciente chino-dependencia trae mayores riesgos, económicos y políticos, pero también es consecuencia del proteccionismo que aún impera para los productos agropecuarios en la UE, EEUU, Japón y otros países de alto ingreso y grandes mercados. Hay que ser realistas y asumir que –al menos a mediano plazo- la predominancia china llegó para quedarse. Implicará responder a mayores exigencias (lo vimos en soja y carnes) y manejar desafíos políticos complejos.

Impactos. El aumento de las exportaciones tendrá un impacto muy positivo en la economía y ayudará a mitigar las consecuencias económicas de la pandemia. Será además factor clave en la recuperación posterior. Sin embargo, el aumento de precios externos permeará al mercado local, en mayor o menor medida, lo que es un problema. En el sector cárnico esto se expresa con claridad: el precio de los ganados está subiendo de manera impactante y provocará subas en el precio de la carne al consumo, justo cuando muchos compatriotas están en serias dificultades. Pese a esto, la inflación quedó debajo de 7% anual en abril, con la carne vacuna subiendo menos de 2% interanual. Además, el dólar está débil y modera la traslación de precios externos al mercado local.

El desafío es moderar el segundo efecto sin afectar el primero. Es esperable que el valor real del dólar baje, pero hay que cuidar que no se genere un escenario de retraso cambiario que impida lo que –a esta altura- es fundamental: que los sectores competitivos avancen y acumulen ganancias e inversiones. De esa manera movilizarán recursos y empleo a lo largo de toda la cadena de producción y suministro, involucrando a miles de personas que verán mejorar su situación y sus ingresos. Más que de un “derrame” se trata de involucrar a la mayor cantidad de trabajadores en la generación de valor.

Las cifras son elocuentes: datos del BPS divulgados hace pocos días, con motivo del día del trabajador rural, muestran que los trabajadores rurales que cotizan en la seguridad social son 144.000, de los cuales 79.000 son asalariados y 65.000 productores y sus cónyuges. Representan más del 10% de los cotizantes totales. En 2020, casi 6.000 de esos trabajadores estaban recibiendo subsidio por desempleo. Es esperable que con la mejora que transita el sector, es cifra baje y que la dinámica del agro se extienda a otros sectores de la economía.

Para esto, hay una dificultad que no se superará de inmediato: el aumento en los ingresos por exportaciones debería trasladarse a mayor consumo interno, a través de servicios como el comercio, la gastronomía y el turismo. Sin embargo estos servicios presenciales están restringidos por las medidas de reducción de movilidad, por lo tanto el impacto del mejor escenario exportador posiblemente demorará más en expresarse de lo que lo haría en una situación normal. Mientras habrá que enfocarse las políticas sociales para mejorar su eficacia y alcance, sin dejar de impulsar mejoras en la competitividad y la inserción comercial, que a la larga fundamentan el bienestar.