En la primera edición de EL PAÍS, el 14 de septiembre de 1918, ya se hablaba del sector agropecuario. Esta era la crónica con la cual se daba inicio a la información Rural.
Preocupación dominante de nuestro diario será la de prestar atención a todos los asuntos rurales. Trataremos de dar amplia y completa información sobre todo lo que interesa a nuestros ganaderos y agricultores. Cuidaremos con empeño escrupuloso, de que las informaciones sean tan serias que jamás aparezca en sus datos el más mínimo error. El movimiento de “Tablada” y frutos del país, aparecerá reflejado con toda exactitud, de la misma manera que lo que tiene atingencia con las múltiples manifestaciones de la ganadería.
En el deseo de poder suministrar a nuestros lectores una buena información diaria, rogamos a los señores rematadores y comisionistas se sirvan darnos los datos que crean convenientes.
EL PAÍS enviará delegados especiales a todos los certámenes ganaderos que se efectúen en la República.
Entendemos que la ganadería es la riqueza primordial del presente, y también del futuro. Solo un insensato apasionamiento de los hombres que gobiernan ha podido considerar al ganadero casi como enemigo jurado del progreso nacional.
De ahí esos conceptos despectivos con que los elementos oficialistas los han pretendido flagelar, en pleno parlamento; de ahí esos impuestos implacables, creados uno tras otro, para herir al hacendado.
¡Qué idea más injusta, qué error más profundo!
La ganadería es lo castizo, lo nuestro, lo nativo; es fundamento sólido de nuestro progreso; los vellones de las ovejas y las carnes de nuestros ganados han conjurado todas las crisis financieras que desaciertos y extravíos y derroches de la clase gobernante, han provocado a la República.
La fuerza del país está en la campaña; si la ciudad es el cerebro que piensa, la campaña es el corazón que palpita y el músculo que trabaja.
Comprendiéndolo así, nuestro diario será un defensor de sus intereses y prestará atención preferente y detenida, a todo lo que concierna a la vida rural.