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Los cisnes son los virus

Se denominan cisnes negros porque son extraordinarios. Últimamente, están apareciendo cisnes negros por todos lados, y buena parte de ellos son de índole sanitario. Lo extraordinario es cada vez más ordinarios

Cisne Negro
Cisne negro.
Pexels

La teoría del cisne negro es una metáfora elaborada por el filósofo y ex corredor de bolsa libanés Nassim Taleb que le da nombre a un hecho disruptivo en los mercados, sorpresivo, de gran impacto, y que, una vez que acontece, da la sensación de que era muy probable que sucediera.

Se denominan cisnes negros porque se consideran extraordinarios. Antes de que se descubrieran cisnes de este plumaje sobre fines del siglo XVII en Australia, estaba el dicho, cuando algo se consideraba imposible de que sucediera, que era “más difícil que encontrar un cisne de plumas negras”. Y sucedió.

Un ejemplo claro de un “cisne negro” fueron los atentados de las Torres Gemelas del que, ayer, hicieron 20 años. Era absolutamente descabellado tan siquiera imaginar que algo así podía suceder en la principal ciudad del mundo y este no fue igual a partir de entonces.

Últimamente, están apareciendo cisnes negros por todos lados, y buena parte de ellos son de índole sanitario. Los eventos extraordinarios son cada vez más ordinarios. Por más que el propio Taleb pone en duda que la pandemia pueda ser considerado un cisne negro, ya que no se podría decir de que se trata de un hecho inesperado, cumple con varias de sus características.

Por su parte, en el ámbito de la producción y el comercio de productos animales, dadas las restricciones que implican los problemas sanitarios, son acontecimientos absolutamente removedores que cambian el eje de los mercados.

Todos los uruguayos vinculados al campo y con más de 30 años recordarán lo que fue el último caso de fiebre aftosa en el país, en 2001. Determinó el cierre momentáneo de todos los mercados y algunos de ellos demoraron casi dos décadas en ser recuperados, como el de Japón.

Allá por la década de 1990 la vinculación del mal de las vacas locas -la encefalopatía espongiforme bovina- con la enfermedad en humanos denominado mal de Creutzfeld-Jacobs fue un cisma en la producción, en el consumo y en el comercio internacional de la carne vacuna.

Llevó años recuperar la demanda internacional, impactando no solo en los países donde se habían registrado casos, sino también en los demás, dado que impactó sobre el consumo mundial de esta proteína.

El último acontecimiento disruptivo del mercado internacional de la proteína animal fue la peste porcina africana en China. Esta epidemia, que comenzó a desparramarse en agosto de 2018, determinó el desplome del stock de cerdos en el país -el principal productor y consumidor mundial de esta proteína-, la impresionante avidez china por carne en el mercado internacional y la suba de los precios de todas las carnes exportadas.

Uruguay, entre otros, está aprovechando esta situación con precios altos de la carne exportada que se trasladan a las cotizaciones de la hacienda gorda.

Los recientes casos de vaca loca atípica en Brasil van en el mismo sentido, aunque todo indica que su incidencia será de corto plazo y que, por lo tanto, no habrá un impacto trascendente sobre el mercado internacional. Para seguir con los cisnes, este no sería tan negro… Igualmente, Brasil suspendió las exportaciones a China tras la confirmación de los casos, tal como dice el protocolo firmado por ambos.

Que nada menos que las ventas del principal exportador mundial estén suspendidas al principal importador, es un hecho de significación. Todo indica que la duración de esta suspensión -al menos al momento de escribir esta columna no había novedades de que se haya levantado- será corta.

El antecedente de 2019, con un caso atípico en una vaca vieja, fue la suspensión de las exportaciones a China por un plazo de solo 10 días. En esta oportunidad la expectativa es que se extienda más o menos por el mismo lapso, más allá de que ahora son dos casos y no uno.

De acuerdo con lo que indican tanto desde Brasil como desde China, no hubo cambios significativos en la demanda. Incluso, se dice que los importadores están concretando nuevos negocios desde Brasil porque dan por descontado que la corriente comercial se restablecerá más temprano que tarde.

Tampoco se han advertido cambios en los precios a los que se coloca la carne desde otros orígenes, entre ellos Uruguay.

El mercado sigue muy firme y con precios altos, pero similares a los que había antes de la confirmación de los casos atípicos de vaca loca en Brasil.

El factor común en todos estos hechos que han alterado en mayor o menor medida al mercado internacional es que se trata de aspectos sanitarios.

No importa si son transmisibles a los humanos -ni la aftosa, ni los casos atípicos de vaca loca, ni la peste porcina africana lo son- sino que lo trascendente es que se cierran las posibilidades de venta.

En algunos casos con argumentos valederos, como es el de la peste porcina africana, en otros más endebles, como en la aftosa, que es más una barrera no arancelaria que otra cosa. Pero la cuestión es que su potencial disruptivo sobre el mercado es enorme.

Lo que causa el mal de las vacas locas no es un virus. Es un prion, una proteína deformada capaz de “contagiar” a otras y degenerar el cerebro. Pero con esa licencia, se podría aseverar que los principales disruptores de los mercados de la proteína animal son los virus.

Parafraseando aquel viejo dicho de que “los reyes son los padres”, se puede decir que, en el mercado de la proteína animal, “los cisnes son los virus”.

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