Opinión

La camiseta en el fútbol y en la ganadería

Por Rafael Tardáguila 

El fútbol es pasión. Por algo tantos programas deportivos usan esa palabra. Para los más fanáticos de cualquiera de los cuadros grandes, siempre que gana el otro es porque lo ayudaron los jueces. No hay partido en el que estos fanáticos no vean un par de rojas que no fueron sacadas, un par de penales no cobrados para el rival de turno o un penal mal cobrado a favor del “cuadro del sistema” (cada cual que le ponga los colores que quiera). 

Para estos fanáticos, su odiado cuadro rival de todas las horas perdería todos los partidos si no fuera por el acomodo con los jueces. Por supuesto que esta visión no admite ni un segundo de análisis racional. Los dos cuadros grandes del país tienen presupuestos 10 o 20 veces más altos que los demás. Lo lógico es que ganen casi todos los partidos, como suele suceder. 

En las redes sociales pululan los personajes con esta visión. Y no está mal que sea así. Al final y al cabo el fútbol mueve pasiones y cada uno puede volcar allí sus argumentos, sean creíbles o a todas luces delirantes. 

La ganadería, más allá de la pasión que genera en quienes abrazan esta labor, es un negocio. Camisetearse de forma apasionada similar a la de los fanáticos futboleros solo sirve para hacerse mala sangre. 

Con la fuerte baja del precio del gordo en las últimas semanas comenzaron a surgir voces de rechazo desde el sector productor. El desagrado y hasta el malhumor de recibir un precio mucho más bajo que el de meses anteriores es lógico y compartible. A fin de cuentas, a todos nos gusta ser bien remunerados por el producto de nuestro trabajo. Pero de allí a imaginar conspiraciones y actitudes espurias en el mercado hay un paso grande. El vocero de Un Solo Uruguay, Marcelo Nogué, dijo en nota con La Mañana esta semana que “los frigoríficos están faenando a los productores” mientras “las autoridades miran para el costado” y reclamó que éstas “cumplan con su función”. #Un Solo Uruguay emitió un comunicado en los últimos días titulado “¿Volvieron las faenas de productores?”

Nogué argumentó que los frigoríficos se están aprovechando de la situación de sequía y denunció que “hoy tenemos una industria de la carne oligopólica que tiene un dominio muy grande en el mercado y lo que hace es aprovecharse de estas coyunturas”. 

La justificación de estas denuncias es que los precios del ganado para faena bajaron “entre 28 y 30%” mientras que el valor medio de la tonelada de carne exportada en el acumulado anual cayó 1%. La comparación no es correcta, porque son dos períodos distintos. La baja de 28-30% es comparando el precio actual con el de 12 meses atrás, algo muy distinto al valor medio en el acumulado anual. El valor medio del novillo gordo en lo que va del año es de US$ 3,33 el kilo carcasa; el año pasado fue de US$ 3,79. La baja, por lo tanto, es de 12% en el promedio anual. Ese dato sí es comparable con el del valor medio de exportación en lo que va del año. Ciertamente, muestra una evolución descendente mayor que el valor medio de exportación. Y es natural que así sea, dado que hay una oferta interna mayor que el año pasado, en especial si se compara con el nivel de demanda. Un año atrás China era una aspiradora que barría con todo kilo de carne que aparecía en el mercado internacional. Hoy la situación es bien distinta. Pero, además, hay una situación de incipiente sequía que eleva la oferta. En momentos de demanda calma, este crecimiento de la oferta pega sobre el mercado y lleva a un descenso de los precios. Es natural que así sea en un mercado que funcione. 

Que en momentos de sequía la oferta aumente y los precios bajen es de toda lógica. No tiene nada que ver con ningún oligopolio. A fin de cuentas, los frigoríficos son los mismos que un año atrás, cuando se pagaban los precios más altos de la historia. Lo que está sucediendo en Uruguay pasa en todos lados. Australia lo sufrió hasta este año, con un proceso de liquidación para hacer campo que bajó los precios de todas las categorías. La demanda en Australia será más o menos oligopólica que en Uruguay, pero lo que pasó fue lo mismo. 

En los últimos años las señales del mercado han sido favorables para el sector productor. Se sucedieron noticias con impacto positivo sobre los precios, desde la muy intensa demanda por terneros en pie desde Turquía hasta la fiebre porcina africana en China que elevó como nadie podía imaginar su voracidad por proteína animal en el mercado internacional. 

Estas señales de mercado llegaron bien claras al sector productor, el cual mantuvo un históricamente alto rodeo de vacas de cría, a la vez que invirtió en la alimentación en las fases de recría y terminación para llegar antes al peso de faena. Nunca antes la edad media de faena de los novillos había sido más baja que en el último año. 

En las actuales condiciones, con caídas consistentes en los precios del gordo y de todas las categorías de reposición y cría, es un desafío mayúsculo sostener estas conquistas. Pero la ganadería es así, los ciclos ganaderos existen en todas las ganaderías del mundo, desde las de los países más desarrollados hasta los menos. A momentos de recomposición de existencias como el actual (el rodeo creció en 2020, lo volverá a hacer en 2021 y seguramente en 2022) le siguen momentos de liquidación cuando los precios no son tan atractivos. No hay que dejar de lado, en la actual coyuntura, el impacto de la pandemia sobre la demanda internacional. 

Se está ingresando en una fase distinta de precios más bajos para el complejo ganadero. Es imprescindible contar con los canales de comercialización lo más aceitados posible para vehiculizar la oferta adicional, especialmente si se confirma un escenario de verano seco. 

Pero no es con la pasión del futbolero que se debe evaluar y encontrar soluciones para la actual situación. La pasión por la camiseta, esa que no permite mirar la situación con objetividad, hay que dejarla en el fútbol. No es buena consejera al analizar los escenarios para una evolución sostenible de la ganadería.