El escenario Niño se está confirmando con una secuencia excepcional de días nublados y lluviosos que se estaría interrumpiendo recién este fin de semana. Para los cereales de invierno -especialmente para el trigo- es un escenario de alto riesgo porque son condiciones predisponentes para la afectación por fusarium (golpe blanco); este hongo no solo puede esterilizar las espigas o mermar el llenado de grano, sino que genera una micotoxina (deoxynivalenol o DON) que afecta seriamente la calidad de la cosecha. Según los parámetros y mapeos del INIA, hace más de 10 años que no se ven condiciones tan favorables para el daño por el hongo. Las condiciones fueron extremas hacia el pasado fin de semana, y en los últimos días han “mejorado” parcialmente, aunque el escenario es de alto riesgo y claramente peor que en años previos (mapas). El asunto es complicado porque no solo puede afectar los kilos y la calidad panadera, sino que también puede afectar la calidad de los lotes que incluso tengan destino forrajero.
Según la reglamentación nacional, el límite máximo permitido de DON en productos de consumo humano es de 1 ppm, siendo 10 ppm para alimentos animales.
Con este panorama, los productores han casi agotado los stocks de fungicidas como carbendazim y tebuconazole, para combatir el fusarium, aunque la aplicación para combatirlo no es sencilla y debe hacerse en un momento muy preciso para que sea efectiva. No se pierde la esperanza de que -a pesar de la humedad y las nubes- las temperaturas relativamente bajas para la época y el hecho de que el hongo hace mucho tiempo que no se extiende, puedan ser factores que contengan el eventual daño; pero el riesgo es innegable.
La preocupación por los cereales convive con las buenas expectativas de una gran cosecha de colza, que es hoy el principal cultivo de invierno en Uruguay. Los cultivos de esta oleaginosa de invierno están entre buenos a muy buenos, dependiendo de la zona que se considere. En Colonia, sur de San José y partes de Soriano, hay varios cultivos muy buenos. Más hacia el centro y norte (Flores, Durazno, Paysandú) los cultivos están bien, con las variaciones lógicas según chacra y productor.
Si no hay sorpresas en el fin del ciclo, varios agricultores están previendo que habrá muy buenos rendimientos de colza. La cosecha podría demorarse algo más de lo previsto por las condiciones climáticas, que han extendido las etapas del ciclo del cultivo; pero esto podría incluso tener el efecto de extender el periodo de llenado de grano, con más kilos por hectárea. De todos modos, como en el resto de los cultivos, los kilos se cuentan después de la cosecha, cuando los granos están en los silos o bolsas.
La oleaginosa le ha aportado a la agricultura uruguaya una opción de cultivo de invierno muy atractiva, y en pocos años se ha vuelto predominante. El desafío ahora es establecer rotaciones sostenibles, que eviten volver a colza en años seguidos, lo cual sería riesgoso desde el punto de vista sanitario.
La posibilidad de plantar carinata y camelina -las “primas hermanas” de la soja, más valiosas pero con protocolos más exigentes- también apuntalan el rol de las oleaginosas de invierno, con varias empresas que aspiran a aumentar el alcance de sus planes de siembra.
El panorama de mercado para la colza sigue siendo positivo, con precios que se ubican alrededor de 10% por encima de lo que se obtenía el año pasado y -pese a la corrección de la última semana- se mantienen cerca de los máximos de los últimos años (gráfica).
Más presión de mercado está enfrentando la soja, oleaginosa de verano y principal cultivo del Uruguay. El precio de la posición julio 2027 en el mercado de Chicago tocó mínimos desde agosto (gráfica), por proyecciones de una cosecha récord en EEUU y una gran cosecha en Brasil (principal productor y exportador). Si bien la demanda china se muestra firme y hay nuevos negocios de venta al gigante asiático, los precios se han ajustado y la baja se trasladó al mercado local. Pese a esto, los precios futuros de la soja siguen siendo atractivos y en el mercado se estima que el área será similar a la del año pasado.
Maíz firme.
Mientras, se confirma la fuerte apuesta al maíz para este año, con los más optimistas estimando un área cercana a las 300.000 hectáreas -sumando primera y segunda- lo que sería un récord histórico. El grano tiene un precio muy firme, apuntalado en la muy buena demanda ganadera y de otros sectores de la producción animal (lechería, avicultura).
La base de esta nueva era del maíz en Uruguay está en los eventos transgénicos resistentes a insectos, que han permitido extender las siembras de segunda (cuando otrora esto era casi imposible por la presión de plagas). Pero el avance no quedó allí: hace ya varios años que se vienen sumando aportes sustanciales de nuevos transgénicos y otras biotecnologías, además de mejoras permanentes en genética, que permiten no sólo seguir incrementando el potencial de rendimiento, sino asegurar un mínimo de producción más alto -en especial en años con restricciones hídricas- lo que es
clave para la inversión y el desarrollo de este cultivo.
Todo indica que el clima será favorable para los cultivos de verano, aunque emergen otros problemas por el lado de los costos: el aumento en los combustibles parece que llegó para quedarse (al cierre de esta semana el barril Brent quedó casi en 110 dólares), con impacto también en el precio de los fertilizantes, que han salido de los máximos que tocaron hace unas semanas, pero siguen altos.
A todo esto hay que agregar condiciones financieras complicadas para varios productores. Son los que más necesitan un ciclo 2026/27 con buenos rendimientos y rentables, para repagar y seguir adelante. También lo necesita la economía: la sequía recortó el crecimiento en el primer semestre, por menor producción agrícola y menor actividad en los servicios asociados, menos exportaciones, etc.. Con poca dinámica en otros sectores de actividad, es clave que los granos vuelvan a dinamizar una economía que precisa fundamentos reales de crecimiento.