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La patria se hizo a caballo, y hoy se trasmite por redes...

Tiempo, ganas y una tradición intacta es lo que hace para recorrer Uruguay a caballo

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Manuela García Pintos

El 24 de agosto de 2020 Martín González partió de Baygorria, de estancia Rincón de las Mulas, con dos yeguas Criollas, un recado completo, una guitarra, mucho tiempo y algo de dinero ahorrado. Recién recibido, sin trabajo y con planes frustrado por la pandemia su objetivo fue dar la vuelta al Uruguay. La travesía terminó en 10 meses con algo más de 3.200 kilómetros recorridos, sin la guitarra, con una tercera yegua y casi 10 mil seguidores en Instagram.

Llegó a quedarse y hacer mediodía en 87 estancias y en 29 casas y chacras de pocas hectáreas. Durmió en taperas y hasta en un bote de pescadores en la Laguna de Rocha. Hizo mediodía en una cañera (establecimiento donde plantan caña de azúcar) y en un puesto policial que tenía un piquete para los pingos. Una noche en un centro educativo (CER). Dos noches en ruedos e instalaciones de sociedades criollas y otra con un ciclista en el Valle del Lunarejo, de la que solo Dios sabe cuáles fueron los temas de conversación.

El viaje le dejó, además de experiencias, mucho conocimiento. Por un lado, técnico, de aprendizaje de los caballos; de las marchas, la logística, la importancia de los descansos.

“Salí sin tener experiencia previa, en un momento de rebeldía que no me salían las cosas. Quería hacer algo que me sirva, que sea una experiencia linda. Necesitaba organizar algo. Salí con dos caballos, pero después me di cuenta que era mejor tres. No tenía un recado carguero, ni una yegua carguera. Eso lo aprendí sobre el viaje. Aprendí a herrar. Aprendí sobre la importancia de los descansos, de la cantidad de kilómetros recorridos por día; hacer trayectos dependiendo de cómo sea el camino; de acelerar la marcha para dejar comer a los caballos” contó a Rurales El País.

Por otro lado, está el aprendizaje social. La sensibilidad por la vida. Ser consciente de lo que se tiene y valorarlo. Agradecer por ello.

“Me enriquecí mucho desde el punto de vista social. Conocí muchas familias, mucha gente, diferentes formas de vida. Aprendí un montón”, dijo.

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Durante su trayecto y sus sacrificios tuvo muy presente su paso por la capital, en su época de estudiante. Recordó lo normal, lo asiduo, que era -y es- ver a una persona dormir en la calle, tapada con cartones. “Creamos un cascarón”, describió González, y cuánta razón tiene...

“Cuando te toca dormir en la calle, andar algún medio día tomando mate nomás, eso cambia la sensibilidad. No está bien. Yo lo hice consciente, queriendo, sabiendo lo que hacía, pero me obligó a pensar”, contó. A pensar, a reflexionar y a crecer.

“No la pasan bien. Crea una sensibilidad muy grande. La misma gente enseña. Paisanos que pasan por ahí y te dan una mano, te ofrecen lo que no tienen para que vos puedas continuar. Son cosas que suenan lindas cuando las escuchas, pero en la práctica a veces no las realizamos y es un lindo aprendizaje que lo he tratado de tomar para mí”, dijo.

Tiempo, ganas y una tradición intacta es lo que hace falta tener para dar la vuelta al Uruguay a caballo. Eso es lo que hizo Martín González, un joven de Tacuarembó que se propuso atravesar los campos orientales de punta a punta y transmitir su recorrido a través de las redes sociales.

El 2020 cambió los planes del mundo y González no fue ajeno a eso. De no ser por la pandemia del covid-19 el joven de 28 años estaría en Australia, el destino preferido de los agrónomos que buscan aventuras, dinero y nuevos horizontes.

A pesar de que el coronavirus le jugó una mala pasada, el ingeniero agrónomo le supo sacar provecho a su situación. Con tiempo de sobra y algo de dinero ahorrado, el tacuaremboense decidió cumplir un sueño que desde niño rondó en su cabeza, aunque se esclareció a principio de año cuando viajó a caballo durante una semana para llegar a Montevideo -pasando por Flores, Soriano y Río Negro- siendo uno de los más de 3.000 jinetes que apadrinaron al presidente Luis Lacalle Pou, cuando asumió el mandato el pasado 1° de marzo.

“Cuando salí lo hice con mucha rebeldía, con ganas. Me quedaba en aleros de estancias. Tenía pocos contactos. No me preocupaba demasiado. Pedía permiso para quedarme”, recordó.

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Aprendizaje. Salió el 24 de agosto y reconoció que pasó mucho frío algunas noches. Pero la experiencia no es un cuento y este invierno lo encontró con menos rebeldía y más contactos.

“Me acobardé de pasar frío. La energía no era la misma. Lo que cambió respecto a los primeros meses del viaje fue que movía la piola, los contactos para tener noche. Los últimos departamentos los hice con quedada de antemano y eso me cambió bastante en la planificación”; contó.

González empezó a salir en los medios, y su fama en Instagram crecía. Así también fue más fácil conseguir quedada.

“Se ve la autenticidad de la persona cuando no me conocía y me ofrecían ayuda. A cualquier Martín Gonzalez o a cualquier paisano lo tratan de la misma forma y no porque fuera conocido”, señaló.

Por sobre todas las cosas, González valoró la solidaridad de la mano franca, sin segundas intenciones. Más aún cuando los anfitriones le contaban sus historias de vida, de sacrificio, constancia y entrega para lograr el capital de hoy.

“Es un ejemplo que me llevo para toda mi vida”, aseguró.

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Preferencias y anécdotas. Sin la intención de ofender a nadie, el joven confesó que, desde su punto de vista, Rocha es el departamento “más completo” en lo que tiene que ver con paisajes, porque tiene sierras, palmares, costa.

También le gustó mucho la Quebrada de los Cuervos, en Treinta y Tres, Isla Patrulla y Santa Clara del Ollimar.

“Es una zona linda de andar, se ven muchas taperas, y eso te da mucha nostalgia”, recordó.

En 10 meses a caballo se recolectan muchas anécdotas. Pero hizo mención a algunas de las que tiene más presente: cuando perdió las yeguas en Bella Unión; cuando se le escaparon en Isla Patrulla, cuando hizo noche sobre un arroyo, y se le fueron a Santa Clara; cuando un viejo lo corrió del campo porque lo agarró la noche e hizo fuego al lado de su predio y éste llamó a los milicos; la noche que se quedó con un ciclista.

“Cuando llegue para cruzar la Laguna de Rocha estaba toda crecida y el pescador me recomendó, como buen baqueano, que no lo cruzara esa tarde. Dadas las instalaciones que él tenía, muy amablemente me ofreció quedada en una chalana que el usaba para pescar. Así fue como pasé la noche en el bote en el agua, los caballos obviamente no. Era otoño y estaba frío”, recordó.

De nuevo en sus pagos, “el pantera” González se dedica a buscar trabajo.

Mientras tanto continúa agradeciendo a todos los que le ayudaron en su viaje.

“Cuando uno se va de la casa, de un establecimiento, te dan tanta ayuda, tanta cosa, que a veces siento que las gracias no alcanzan. Me gustaría agradecerles de nuevo a todos los que me dieron una mano en estos meses”, concluyó.

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