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De un tambo en Soriano a la chacra de arroz en Artigas

El vicepresidente de ACA Guillermo O´Brien, dijo que hay que pensar en “empresarios agrícolas regantes”

La familia Obrien.jpeg

Pertenece a familia agropecuaria. De hecho, Guillermo se crió en un establecimiento en Soriano, cerca de José Enrique Rodó, donde vivió hasta los 9 años. Pero la particularidad de recorrer la vida de O´Brien, reivindica los principios más auténticos de la pasión que se adquiere por el arroz una vez que se lo conoce, porque él venía de “otro palo” de la producción.

Su padre, un ingeniero agrónomo que trabajó por muchos años en el Plan Agropecuario, tenía un tambo y se transformó luego en un “invernador y agricultor clásico de Soriano en la década de 1980”, en palabras de Guillermo.

“Íbamos a la escuela rural, después nos fuimos y estuvimos un par de años viviendo en Montevideo y con la tablita de 1982, volvimos a vivir a la estancia porque era lo que se podía”, comenta Guillermo O´Brien, también ingeniero agrónomo, productor arrocero en Artigas y actual vicepresidente de la Asociación de Cultivadores de Arroz.

“Capaz que fue una de las cosas más grandes que nos dejaron los viejos, que casualmente nos tocó despedir a los dos en 2023 con diferencia de 6 meses: la enseñanza de trabajar y vivir con lo que se puede, y no ir en busca de algo superior y que tu familia cargue con las consecuencias”. Todo eso, llevó a la familia O´Brien a vivir mucho “el campo desde adentro, lo que te va generando una pasión por todo ese mundo, por eso que hoy le llaman ruralidad”.

Cuando hizo bachillerato, dice que decidió que quería ser agrónomo. Incluso se acuerda de hacer un test vocacional, y marcar todo lo que sea “vacas y pasto por el susto que me de otra cosa”.

Mientras estudiaba agronomía, en la expansión de los clubes de pádel, O´Brien atendía uno en Montevideo con sus dos hermanos, lo que les permitía ser independientes económicamente, y “aprender a cubrirle la espalda al otro, y eso va forjando una manera de ser, una manera de trabajar en equipos”.

Culminando la carrera, en 1995, surgió una invitación para trabajar con Juan Otegui en unos campos arroceros del norte. “Antes al arroz lo había visto solo en el plato, pero eran momentos del país donde no había posibilidad de trabajar, uno tenía que tomar lo que consiguiera”, dice O´Brien. “Rápidamente empecé a sentir que esto era apasionante: en el arroz trabajamos la agronomía a full todos los días”. Desde allí fueron desarrollando la empresa agropecuaria con foco en arroz en Artigas, la cual al día de hoy tiene base en el establecimiento “La Tortuga”. O´Brien se muestra muy agradecido por la oportunidad: “Juan fue un patrón que se transformó en amigo, por suerte a los dos nos fue bien en este emprendimiento pero siempre me dio la libertad de aprender y ejecutar”.

La familia. A principios de los 2000 se casó con Verónica Orsi, que es doctora en medicina, pediatra. En tiempos difíciles, entrando a la crisis de 2001 y 2002, ella lo acompañó algunos años viviendo en Artigas y en el campo, pero cuando empezaron a nacer los chicos y para que ella ejerciera su profesión, se radicaron en Salto. “Mis hijos son salteños”, dice O´Brien, convencido. “Hemos tenido una linda vida de la mano del arroz”, sostiene con alegría.

“En el arrocero encuentro muchas similitudes con lo que yo vi en mi viejo. Los 365 días del año hay trabajo y lo obliga a formar equipos entre patrón y empleados. El arrocero es el tambero de la agricultura”, explica O´Brien, a la hora de decir cómo ve al productor, siendo que él hoy pertenece al rubro pero llegó desconociéndolo totalmente.

“Con el paso de los años, no paro de valorar la figura de Don Ricardo Ferrés, que es el padre de este modelo mayoritario en el sector que une partes”, expresa el vicepresidente de ACA, comenzando a referirse al sistema convenio que regula el sector arrocero. “Permite detectar como empresario del arroz a gente de trabajo, con limitaciones financieras o económicas, pero unirlas con los dueños de los campos. Es le esencia de un rubro que a su vez, da garantías a los propietarios de los campos de cobro y promueve el desarrollo del cultivo”, explica. Sobre las fortalezas que tiene, hay una que no es para nada menor: “se apuesta por gente de trabajo, que no iba a fallar en cuanto a desarrollo y tener más kilos. La Asociación de Cultivadores de Arroz es una gremial que negocia el ingreso anual del productor asociado, tiene una integración como no hay otra”, agrega. Casi tres cuartas partes del arroz se vende bajo el sistema precio convenio, lo que reivindica la importancia de una gremial que desde hace más de 60 años negocia con la industria el precio que cobran los productores asociados.

Mirando hacia adelante, el recambio generacional aparece como un tema de una relevancia enorme, como sucede en el agronegocio en general. “Es un tema apasionante. Todo ha cambiado, antes los productores se acercaban a las reuniones de las regionales para saber qué pasaba, pero hoy está la tecnología que sustituye mucho, es un desafío para ACA”, sostiene.

“Yo creo que hay una enorme oportunidad en los jóvenes para pensar en empresarios de cultivos agrícolas regados, o productores que manejan tierra y agua”, dice O´Brien, refiriéndose a jóvenes que hoy tienen tendencia a “multicultivos” y “multinegocios”. “A esa rotación de trabajos o multiempleo antes lo veía mal, pero ahora me parece que es parte del cambio y está bien, capaz es porque ya tengo hijos grandes...”, cierra O´Brien, agregando que Felipe, su hijo, está estudiando administración de empresas pero es “vocacionalmente agrónomo”.

Felipe decidirá si “toma la posta” o no. Es su decisión, es la libertad de los jóvenes de elegir y la debemos defender. Pero bien dicen que el arroz es apasionante. Quizás, como su padre, una vez que entre, ya no pueda salir. Ni quiera...

Junto a otros 300 voluntarios, el equipo de Rurales El País dejó la agenda por un rato y cosechó 90 mil choclos a mano para dar 21.500 platos de comida

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