Historias que son cuentos

Los hijos, la emoción, los caballos y la Patria

Entre las nubes que pasan y el azul que queda se siente la Patria…

Milagros Herrera.

El primero de marzo fue un día muy especial más allá de lo que el corazón político de cada uno sienta. Pareciera que muchos tenemos más de un corazón, el normal, el político, el futbolístico…

En mi caso, el nacionalismo y el orgullo de madre fueron los sentimientos más afectados, ya que tuve la oportunidad de vivir de cerca la ceremonia de asunción y ser representada por mis hijos en la caballada que la acompañó.

Ese domingo amanecimos temprano, cargamos recados y rumbeamos para el Prado. En el viaje les hablé sobre el sentido de lo que iban a hacer. Les expliqué que no era un paseo por Montevideo de a caballo, aunque sabía que es un sueño que todo niño que gusta de estas cosas tiene. Traté que mis palabras fueran llaves para que, cuando oigan el primer “viva la Patria!” la puerta se abra y se emocionen hasta el alma.

El panorama ya llegando al Prado era de fiesta, mucha gente, camiones, caballos por todos lados. Rostros de gente curtida en muchos casos, aperos prolijos como para “dominguear”, fue lo que más me llamó la atención. De a poco nos fuimos acercando al punto de reunión entre un saludo y otro.

A Clara la esperaba Juan Ignacio Mangado, gran amigo y hermano de “Numa” amigo del alma.

A Diego sus primos mayores.

Una vez acomodados, me fui a prepararme para asistir a la asunción. Sentimientos encontrados me acompañaron, quería estar en los dos lados, pero el consuelo de la experiencia que iban a vivir mis hijos fue suficiente.

También fue una nueva experiencia para mí. Fui rescatando distintos momentos que también me enriquecieron.

Mi compañero de viaje por ejemplo fue el Cardenal Sturla, con quien compartimos largas conversaciones sobre historia. El Himno Nacional interpretado por la famosa barítona me emocionó hasta las lágrimas, el ambiente general, las personalidades que allí estaban, el propio edificio del Palacio Legislativo y la conciencia propia de reflexionar durante la ceremonia de la importancia del acontecimiento que estaba viviendo hicieron movilizar muchas cosas mi.

Luego, la caballada alrededor del Palacio Legislativo, los “¡viva la Patria!” mis hijos entreverados entre ellos, me hicieron sentir orgullosa de ser Oriental, y pensar que ojalá Clara y Diego se sintieran como yo.

La tarde continuó. Entre el cambio de Banda, la imagen de ambos presidentes con actitudes de respeto solo sumó a mi emoción, una mala palabra y un “qué país que tenemos”, era lo que se me atragantaba…

Desde allí me fui al Prado, las mismas caras pero con algo distinto… cansancio reflejado en ellas y serenidad, caras de haber cumplido.

El rencuentro con Clara y Diego, fue exactamente lo que esperaba, ojitos brillosos, ansiosos por compartir tu vivencia.

De vuelta miles de anécdotas, y la inevitable pregunta “¿qué fue lo que más los emocionó?”

Ambos contestaron: “la gente, las caras de la gente, los gritos de la gente”.

Pensé que una vez más mi trabajo de madre estaba hecho, se sintieron parte del país, de este país que yo no me canso de admirar, y que espero que ellos aprendan a hacerlo y valorarlo.

Entre las nubes que pasan y el azul que queda se siente la Patria.