Ganadería

Producción cárnica está bajo la lupa

El Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria mostró cómo con políticas de bienestar animal se logran más ingresos.


Pablo Antúnez

El acuerdo comercial entre la Unión Europea y el Mercosur, que creó una cuota cárnica extra de 76.000 toneladas peso producto para repartir entre los cuatro países de la región, también hará que los consumidores y productores del viejo continente pongan más foco sobre los sistemas productivos de carne de Uruguay, Argentina, Brasil y Paraguay. Ahora las nuevas barreras del mercado vendrán por el lado de las mutilaciones (castraciones y descole en el ovino) y el uso de paliativos al dolor, que garanticen el bienestar animal en cada especie.

Para los consumidores del primer mundo -ya no sólo para los veganos y vegetarianos- , el respeto del bienestar animal es ineludible. El masivo uso de las redes sociales y la Internet, les dio otras armas y el boicot al país o al producto, puede ser mayor, si esos videos con las malas prácticas se vuelven virales.

Tras la firma del acuerdo, un video donde se ve a los paisanos sacar del tubo a los tirones y maltratar a un ternero, provocó la reacción de referentes en el Reino Unido y la lapidaria frase: “esta es la carne que vamos a comer”.
Si bien hubo muchos avances en el Uruguay en garantizar el bienestar animal en los sistemas productivos, a futuro habrá que certificar eso a nivel predial, pero primero hace falta educar y hacer uso de la información generada por las investigaciones del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA) para mostrar el impacto del bienestar animal en los resultados económicos de las empresas ganaderas y ovejeras.

El seminario: ¿El bienestar animal por qué importa? Una visión desde la comercialización y la producción, mostró algunos avances, pero también que en algunos productores hay resistencia a dejar de lado ciertas prácticas que atentan contra el bienestar animal y que, incluso, pueden hacer perder un mercado.

Los primeros trabajos de investigación sobre el efecto de la castración en terneros se remontan a 2006. Se probaron todos los métodos de castración que están disponibles en el mercado, su efecto a distintas edades y la medición del efecto de la técnica sin el uso de anestésicos, con anestésicos, con paliativos del dolor y con ambos. El mundo recomienda castrar los terneros en la primera semana de nacidos y la castración a los siete meses, sin anestésicos y sin paliativos de dolor, no va más.

“El dolor es menor cuanto más joven es el animal. La recomendación es castrar cuánto antes. Después de las 48 horas cuando se establece el vínculo entre madre e hijos y antes de una semana. Eso es lo ideal”, afirmó a El País, Marcia Del Campo, investigadora principal de INIA en bienestar animal.

La información generada mostró que “no hay diferencia de peso al destete por castrar antes de la semana. Había como un mito de dejarlos enteros más tiempo para evitar pérdidas de peso”, admite Del Campo. Las evidencias científicas determinan que la testosterona empieza en la pubertad y si bien es verdad el argumento de los productores de que algún animal puede quedar apunado, “no hay efectos sobre la calidad de carne, el peso al destete, la llegada al peso de faena, si se castra el ternero dentro de la primera semana de vida”.

A su vez, castrarlos dentro del primer mes de vida les genera menos dolor que caparlos a los 7 meses de edad. “No es recomendable castrar a los 7 meses de vida sin usar paliativos de dolor. Hoy es barbárico para cualquier país del mundo castrar terneros grandes sin paliativos de dolor”, argumentó la investigadora uruguaya.

También es bastante común en los establecimientos el uso de la goma atando los testículos como método de castración. Tampoco es recomendable. “No debe usarse goma en terneros de 7 meses o mayor edad. Es el método que más duelo, porque el dolor se difiere y va hasta más de 40 días. Todos los indicadores sanguíneos se van a las nubes”, agregó la experta de INIA.

A su vez, los trabajos de investigación midiendo los efectos de la castración de corderos y el descole, revelaron que el uso de cuchillo es el método más doloroso y “no se puede hacer castración y descole a la vez”, explicó Del Campo.

“En todos los tratamientos donde se usa cuchillo son los tratamientos que más duelen. La recomendación es tratar de diferir las dos prácticas, sabemos que es difícil por la falta de mano de obra, pero es lo recomendable. Hay que castrar y descolar después de las 48 horas de vida y antes de los 45 días de edad”, según la investigadora principal de INIA.

No se puede pasar por alto que más allá de las malas prácticas que puedan existir en la región, hay que tener en cuenta que algunos de los países del viejo continente que cuestionan el bienestar animal en Sudamérica, tienen prácticas peores de maltrato y matanza. Aún así, se amparan en la defensa de la tradición.

Manejo y otros. Pero garantizar el bienestar animal pasa primero por evitar que el animal pase hambre. Luego viene el quitar el manejo con violencia en los predios: uso de perros, picanas, palos, etc.

“Vemos que con un buen manejo hay una evolución positiva del temperamento del animal y eso tiene un impacto sobre la producción, tiene mayor ganancia de peso y mejor calidad de carne. El animal mejor manejado está más tranquilo, gana más peso, evita accidentes laborales, tiene mejores valores de acidez, menos machucones, etc”, dijo Del Campo.

En el seminario, el técnico regional de INIA, Ignacio Buffa, mostró con números cómo repercute el bienestar animal en los resultados del predio. Sólo con el uso de malla sombra en el verano para evitar el estrés calórico, los animales que la tuvieron ganaron 18% más peso y tuvieron más horas de pastoreo (12% más tiempo de pastoreo) versus los que no tuvieron ese trato.

Los sistemas que tuvieron bienestar animal consiguieron ingresos adicionales de US$ 112 más por hectárea y pudieron trabajar con 46% más carga animal. Los otros, tuvieron un ingreso de US$ 76 por hectárea y trabajaron con menor carga animal sobre sus pasturas.

“Todas las cosas que se hagan por el bienestar animal están alineadas con lograr buenos resultados económicos”, afirmó Buffa tras mostrar los números.

La última auditoría de calidad de carne, realizada entre el Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA) y el Instituto Nacional de Carnes ( INAC), reveló que la industria cárnica perdía US$ 20,4 por animal faenado y de ese monto US$ 19,7 se relacionan con problemas generados por no respetar el bienestar animal (acidez, machucones, abscesos, etc.). La cadena cárnica dejaba de ganar US$ 40 millones anuales con una faena de 1.980.000 reses bovinas.

Cambio. Hasta ahora, parecería que es suficiente para los consumidores cumplir con las exigencias y certificaciones que establecen los mercados en la industria frigorífica y el transporte . De ahora en más, el consumidor presionará y pedirá el control de otras cosas que garanticen el bienestar animal.

“Hace años que desde el INIA venimos diciendo que las exigencias se trasladarán a los sistemas de producción y creo que ahora lo van a hacer”, confirmó la investigadora.

Lo otro a tener en cuenta es que las certificaciones, cuando se vengan y se transformen en obligatorias en ciertos mercados, no deben ser sólo un esfuerzo del productor. Se precisarán apoyos del gobierno, porque el producto que sale al mundo es de Uruguay y tiene sello propio.