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Ovinos: ciencia y tecnología apuntalan su crecimiento

Cada vez desarrollan más investigación para lograr animales más productivos y certificar los procesos para valorizar.

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Clave. La ideas es contar con menos ovejas pero con mayor potencial, siempre apostando a la calidad de los productos, certificándolos. Foto: INIA.[/caption]

Pablo Antúnez

El mercado mundial reafirmó su tendencia a demandar lanas más finas y en carne ovina, a la valorización del cordero Premium. Al consumidor no solo le importa la calidad del producto, sino cómo se produce, su componente social, su relación con el medio ambiente, con la mano de obra y con el bienestar animal. Es por eso que Uruguay apuesta a la valorización apoyándose en la certificación y en la ciencia.

“La ciencia y la tecnología no va a ser solo para incrementar la producción y la calidad del producto, juega y jugará un rol fundamental en asegurar la sostenibilidad que tiene el componente social, económico y ambiental en la producción”, afirmó a El País Fabio Montossi, investigador Principal Referente de INIA Uruguay. Por un lado, la ciencia deberá transformarse en políticas públicas desde el gobierno y en certificaciones desde el sector privado.

El especialista presentó días atrás la visión de INIA sobre la investigación e innovación ovina en el Congreso 2021 de la Sociedad Brasileña de Zootecnistas.

El hincapié en los factores extrínsecos del producto -en cómo fue producido- está ligado a nichos de altísimo valor y a consumidores de elevado poder adquisitivo y muy exigentes, dispuestos a pagar por esos atributos certificados.

Escenarios.

Montossi dijo que desde la investigación ovina en Uruguay se están viendo los siguientes escenarios.

El primero, conformado por “la ganadería extensiva en campo natural de superficial a medio, donde la capacidad de producción de pasto está bastante limitada por el tipo de suelo. Estoy hablando de basalto y parte del cristalino”.

En ese tipo de suelos, “claramente las oportunidades de seguir agregando valor van por la forma de producir sobre el campo natural, sobre valorar y objetivizar la biodiversidad de ese campo natural y por la adaptación de especies forrajeras mejoradas que incrementen la productividad para los procesos de engorde”, explicó el investigador uruguayo.

El otro componente, según la visión de Montossi, “son todas las tecnologías que permitan reducir los efectos de emisión de gases invernadero y todas aquellas prácticas que permitan que las buenas prácticas de manejo influyan positivamente en el bienestar animal. Estoy hablando de castración, descole y otras. Todo eso, fundamentalmente estará ligado a proceso de certificación del producto y del proceso”. Ya está ocurriendo en Uruguay, pero se va a profundizar en el futuro. “Las marcas y certificadoras, cada vez se basarán más en el sustento científico, para diferenciarse entre ellas y ser más creíbles a lo largo de la cadena de valor y a nivel del consumidor”, estimó Montossi.

Las marcas que primero “tengan una sólida base científica de lo que están certificando, lo comprueben y sepan comunicarlo al consumidor, se destacarán”, remarcó el investigador principal de INIA.

Otro escenario intermedio son predios donde “hay posibilidades de incrementar la producción de pasto y la producción de lanas es importante, pero tienen que ser finas.

Ahí hay posibilidades de producir carne y de hacer cruzamientos, aunque sea en parte de la majada. Hay posibilidades de colocación de cordero pesado”, explicó Montossi. La otra opción es la incorporación del ovino como parte de un sistema intensivo de producción o como proveedor de cordero para otros sistemas intensivos de producción. “Está ligado a pequeños productores que están adquiriendo genética altamente prolífica, que destetan un cordero y medio por oveja, lo terminan o lo venden”, contó el investigador en su análisis.

Cambio.

Montossi aclaró que no se está pensando en una alta población ovina en Uruguay, sino en “ovejas que generan un alto ingreso por cabeza. Son menos oveja, pero que generan un valor alto. En el basalto o en el cristalino del este, dos ovejas de lana superfina o ultra fina, solo con la lana paga la renta de la tierra”, afirmó.

“El otro elemento es que estos sistemas intensivos de producción de carne, todo el sistema -ovejas y corderos-, pueden producir potencialmente entre 400 y 500 kilos de carne. En estos sistemas productivos, la oveja debe al menos destetar su peso vivo”, explicó el investigador principal de INIA.

Montossi dijo que todos esos elementos van a estar impregnados de certificaciones vinculadas a la huella de carbono, “con una visión que no solo emito, sino que también secuestro carbono. Ahí vemos ventajas de la incorporación del campo natural con su biodiversidad y las pasturas mejoradas que son captoras de CO2. Eso asociado a áreas estratégicas de forestación que son proveedoras de sombra y abrigo, así como de servicios ecosistemicos como bosques nativos o los plantados”. El investigador no desconoció los problemas que tiene el rubro ovino con predadores y el abigeato. Afirmó que “hay tecnologías en Uruguay ya probadas para bajar sus efectos”.

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