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La raza africana Boran ya desembarcó en Uruguay

La raza Boran se formó hace 1300 años en el norte de África, específicamente en Kenia, aunque también se difundió en otros países de ese continente, como Somalia, Etiopía, Sudán. Su proceso de selección fue natural, sin intromisión humana. El ganado se fortaleció en un ambiente hostil, con calor y frío extremos, sumado a campos muy pobres, lo que denota su alta rusticidad.

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Se importó semen y embriones de esta raza originaria de Etiopía, desde Paraguay hacia un campo sanducero. Foto: Guillermo De Nava

En la primavera de 2025 ingreso formalmente la raza Boran al territorio nacional, a través de las primeras importaciones de semen y embriones procedentes de Paraguay. Este movimiento no es casual, sino el resultado de un análisis técnico profundo liderado por el Dr. Guillermo De Nava, quien ve en este germoplasma africano una oportunidad de complementariedad para los sistemas productivos locales. Según explicó el profesional, el arribo de esta genética abrió “una etapa de estudio de este singular germoplasma en nuestro país. Lo hacemos sin renunciar a las probadas bondades de otras razas, buscando más bien la complementariedad que los Boran, con su rico y singular bagaje genético, pueden eventualmente tener en muchos planteos productivos locales”.

Para comprender esta incorporación, es imperativo remontarse a las raíces de este ganado. La raza Boran no es una creación de laboratorio ni un producto reciente de la ingeniería genética humana; es el resultado de 1.300 años de evolución y selección natural en la meseta Borana, situada en el sur de Etiopía, en la zona fronteriza con Kenia. Este entorno, caracterizado por climas extremos, sequías recurrentes y la presencia constante de depredadores, ha moldeado a un animal cuya principal virtud es la supervivencia eficiente.

A lo largo de los años, la raza se expandió por naciones como Zambia, Tanzania, Uganda, Zimbabue y Sudáfrica, llegando a exportarse a potencias ganaderas como lo son Australia y Estados Unidos. Su llegada al Uruguay representa la introducción de una línea de selección genética que ha superado las pruebas más rigurosas de la naturaleza, consolidándose en ambientes donde el pastoreo es la única fuente de sustento y la presencia humana es mínima.

El Dr. De Nava, realizó una visita técnica en marzo de 2025 a tierras paraguayas en compañía de los productores Rodolfo Silva Leggire y Juan Pablo Silva De Lisa, donde pudo constatar de primera mano las virtudes que motivaron el interés por la raza. El profesional veterinario destaca que el objetivo no es desplazar a las razas tradicionales que le han dado un nombre al país en materia de carnes, sino potenciar la productividad en áreas específicas. Al respecto, el profesional señaló que “el interés por la raza se motivó en el entendido que los Boran podrían contribuir a nuestra ganadería, para eventualmente llenar una especie de brecha que se puede estar dando en el país. En efecto, los Boran pueden contribuir en programas en los que se quiera aprovechar pasturas de menor calidad o se quiera buscar animales más adaptados a manejos del pastoreo no selectivo”.

Uno de los pilares que sostiene el potencial de esta raza es su composición genética, calificada como única por la comunidad científica. El Boran amalgama un 64% de Bos indicus, un 24% de Bos taurus europeo y un 12% de Bos taurus africano. A diferencia de las razas compuestas modernas, donde la mano del hombre decide los porcentajes de sangre, la configuración del Boran se estabilizó de forma natural, otorgándole un vigor híbrido extremadamente potente. Esta estructura genética se traduce en un animal de tamaño intermedio y compacto, con un marcado dimorfismo sexual. Las vacas poseen un peso vivo que oscila entre los 380 kg y 500 kg, se caractizan por ser precoces, fértiles, longevas y de fácil engorde, mientras que los toros pueden alcanzan rangos de entre 500 y 850 kilogramos de peso vivo.

Se trata de animales que pueden ser astados o mochos, con una cabeza corta, orejas pequeñas y una giba pronunciada sobre la espalda, sostenida por huesos relativamente finos. Sin embargo, su mayor defensa reside en la piel. La raza posee una alta concentración de glándulas sudoríparas y un pelaje aceitoso, grueso y con mucha movilidad, lo que constituye una barrera natural contra agentes externos. Sobre este punto, De Nava remarcó que “la documentada resistencia a las garrapatas y a la tristeza parasitaria, son características destacables frente a realidades cada vez más difundidas en el Uruguay, en donde cada vez son más los predios y regiones en los que se padece resistencia múltiple a garrapaticidas y se aumentan los riesgos de residuos en carne”. La capacidad del animal para repeler estos vectores de forma biológica reduce la necesidad de intervenciones químicas, alineándose con las exigencias de sostenibilidad de los mercados modernos.

La eficiencia reproductiva es otro de los argumentos de peso que justifican la llegada de estos ejemplares. Los estudios internacionales, particularmente los realizados en los Estados Unidos, arrojan datos que demuestran que las hijas de toros Boran superan en tasa de preñez y de destete a las descendientes de razas como Brahman, Tuli o Gelvieh. Además, presentan una longevidad superior, produciendo más kilogramos de ternero por cada 100 kg de su propio peso corporal. Un dato relevante es el comportamiento de los rodeos al llegar a los diez años de edad; en este punto, el porcentaje de vacas Boran que permanecen activas y en buen estado es significativamente mayor que el de sus contrapartes, lo cual se atribuye a un menor desgaste dentario.

En el aspecto netamente productivo, la experiencia recogida en diálogo con productores de la región indica que el manejo de estos animales puede realizarse exclusivamente a pasto y sal mineral, sin necesidad de suplementación con balanceados, lo que reduce drásticamente los costos operativos.

El ciclo vital de la raza destaca por su precocidad. El peso al nacimiento se sitúa generalmente entre los 25 y 35 kg, con casos excepcionales que llegan a los 41 kg, sin que esto represente dificultades al momento del parto, una característica esencial para los sistemas de cría extensivos. El destete se realiza habitualmente a los 205 días, logrando pesos promedio de 203 kg, aunque los registros fluctúan entre los 180 y 185 kg según el entorno. Un indicador clave de eficiencia es que estos animales logran destetar entre el 60% y el 70% del peso de su madre, lo que se traduce en un incremento de la carga de carne producida por hectárea.

El desarrollo de los machos también muestra cifras relevantes. Un toro de 18 meses puede registrar pesos de entre 420 y 550 kg, dependiendo de la calidad del campo donde sea criado, obteniendo estos resultados únicamente con la utilización de materia verde. La precocidad sexual es notable: los machos son aptos para la colecta de semen a partir de los 15 meses, presentando una alta calidad seminal, mientras que las vaquillas pueden recibir servicio entre los 12 y 15 meses, logrando tener su primera cría al pie a los 24 meses. Estas métricas sugieren un retorno de inversión más ágil para el productor que decida incorporar esta genética en sus cruzamientos.

En lo que respecta a la sanidad, el esquema requerido por la raza es sencillo. Las experiencias documentadas muestran que, más allá de las vacunaciones obligatorias contra la clostridiosis y la fiebre aftosa, la necesidad de intervenciones adicionales es mínima. Si bien se ha observado cierta predisposición a la aparición de uras, los problemas derivados de las garrapatas son prácticamente inexistentes debido a las propiedades ya mencionadas de su piel. El Dr. Guillermo De Nava, indicó que “la gran adaptación a condiciones ambientales más desafiantes de los Boran se lograría con vacas con bajos requerimientos nutricionales de mantenimiento, madurez sexual temprana, buena fertilidad, gran habilidad de permanencia en el rodeo y gran facilidad de engorde”.

El desembarco de la raza Boran no debe verse como un experimento aislado, sino como una respuesta técnica a la necesidad de animales más rústicos, fértiles y longevos que puedan transformar pasturas pobres en proteína de alto valor, según el profesional. El desafío actual reside en cómo esta genética se amalgama con el rodeo nacional para asegurar una producción más eficiente, resistente y, por sobre todo, adaptada a las nuevas realidades del campo. El camino está trazado, y como señala el Dr. Guillermo De Nava, se inicia una etapa de evaluación donde la complementariedad será la palabra clave para determinar el éxito de este singular germoplasma en el horizonte ganadero del país.

El técnico del Secretariado Uruguayo de la Lana (SUL), remarcó que en la carne ovina existe otra zafra de lana” en la raza merino australiano y el que es “una oportunidad productiva que muchas veces no estamos aprovechando”. En este sentido remarcó que “los productores que hoy capitalizan este momento son los que perseveraron durante los tiempos malos”. Al tiempo que destacó que “hay productores logrando lanas de 15 micras, algo que hace algunos años parecía impensado”, remarcó que en el caso de la carne ovina, los sistemas un mayor nivel de intervención, porque “hay que recrear cada año el esfuerzo de alimentar a la oveja y al cordero”.
La Sociedad de Criadores de Angus realizó esta actividad desde la Sociedad fomento de Treinta y Tres

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