Familia, pasión, trabajo, objetivos, corazón, historia... Mezcla de adjetivos, estos y otros, que calzan a la perfección a los caballos criollos, porque hay pocas cosas en esta región más identitarias que ellos. Escribir sobre los criollos es, también, hablar de nuestra historia, de dónde venimos, a dónde vamos y todo lo que transcurrió en el medio, porque el criollo siempre estuvo.
El caballo criollo viene con el español conquistador que llegó a América, pero también es el indio, también es el gaucho... Es todo eso y es más. Por eso, el tercer libro luego de Criollos de América y Criollos de Oro, producido por el Estudio PDLZ, con fotografía de Alfonso Zorrilla de San Martín y diseño y redacción de Luis Ponce de León, le rinde homenaje con un título supremo que le calza como corona al monarca: El Rey de América.
“La idea de este libro nace fruto de haber dejado pasar un buen tiempo, más de 10 años del último, de tener ganas de nuevo, la tentación de ese desafío de hacer un proyecto de este calibre con el carácter regional que tiene”, comentó Alfonso Zorrilla.
Luis Ponce de León dijo que “fue tan grande el remo del primer libro que dijimos a esto no lo hacemos más, pero la gente nos fue impulsando, estoy en el ambiente de los criollos y nos decían que por qué no hacíamos otro, con más cabañas, más personas y así seguimos...”.
En el momento que se publicó el primero de ellos, nadie tenía fotos ni conocimiento de las cabañas. Todo fue novedad. “Para este tercer libro pensamos que no iba a generar tanta expectativa pero nos equivocamos, además nadie más hizo libros internacionales, acá están los 4 países”, comentó Ponce de León.
La idea comenzó a ganar terreno y nuevamente las cabañas se sumaron. José María “Poro” Campiotti, presidente de la Sociedad de Criadores de Caballos Criollos, lo comentó en el evento de lanzamiento del libro el pasado 7 de mayo en la Elías Regules. “Cuando me plantearon la idea lo primero que hice fue volver a mirar el último libro, en 10 años pasaron muchas cosas, ameritaba hacer otro”, indicó. En la era de las redes sociales, un tercer libro volvió a tener éxito. Porque al final, un libro es un libro, y parece no haber nada que lo sustituya.
Ponce de León comentó que cuando empezaron a trabajar en el primer proyecto, era muy nítida la diferencia en cada animal según el orígen. En el segundo ya hubo mayor intercambio de sangres, sobre todo. “Hoy es un caballo que tiene toques, pero buscan todos más o menos lo mismo, un caballo lindo y funcional, sobre todo en las pruebas de rienda y de ganado”, agregó.
Al respecto, comentó que la marcha surgió en su momento buscando un animal funcional de campo, que sea útil. Hoy el Freno de Oro se roba todas las miradas: “tiene show, busca que haga cosas del campo, sea mansito, cómodo, de buen andar, que de vuelta rápido atrás de una vaca y la corra”, agregó Luis.
En ese afán de ganar la competencia, cabañas de los 4 países comenzaron a buscar una morfología igual. Ahora se busca un “caballo criollo más universal”.
“Noto la efervescencia de una raza que no ha parado de crecer”, indicó Zorrilla, acerca de los criollos. “Une una cantidad de elementos de tradición y cultura, atraviesa la humanidad de la región, ligado con el huaso, gaucho o gaúcho, se introdujo con la llegada de los españoles pero lo tomaron los indios y generaron nueva forma de doma”.
Según Zorrilla, este libro resalta, predominantemente, la épica que tiene el caballo criollo. En este relato, Alfonso continúa: “La raza atraviesa el océano, viene con los españoles, llega a Centroamérica, atraviesa Perú y baja por Chile, se mete en el Río de la Plata, incursiona en La Pampa y se hace salvaje, lo toma el indio y lo toma el gaucho, porque el gaucho podía ser un moreno escapado de la esclavitud, un indio perseguido, un español escapado de una prisión injusta, el criollo siempre estuvo ahí”.
Zorrilla destaca que Atahualpa Yupanqui decía que un gaucho sin su caballo es la mitad de un hombre. “Para mí hacer este libro es revivir parte de mi vida, es meterme en el trabajo de campo, con mi padre, es revivirlo a través de cada cabaña y cada visita”, agregó.
En la inmensidad argentina, en tierras gaúchas y el sur de Brasil, en la penillanura levemente ondulada o con la Cordillera de Los Andes de fondo, el criollo siempre tiene su lugar. Se impone y es rey. Al ritmo de cada cabaña, en ese contacto tan especial con el jinete. Natural. En el suelo resuenan siempre los sacudones de una tropilla al galope.
“Un gran sentido de pertenencia: el caballo criollo nos ayuda a valorar lo lindo que tenemos”, cerró Zorrilla.
Sentarse enfrente a la estufa, abrirlo con calma, pasar sus páginas. Meterse en la historia. Porque los libros nunca se agotan, igual que los caballos criollos.