Uno de los formatos de historias que más me gusta es el circular. Uno sale de un lugar, recorre un camino impresionante y al final vuelve a sus raíces, a ese mismo lugar. La película termina cuando el guerrero regresa al punto de partida, donde todo empezó.
Así les pasó a “Lopecito”, a María Noel y a Gabriel, los 3 invitados de honor. Y así le pasó también a la Asociación Agro-Pecuaria de Dolores con el ciclo Protagonistas del Agro. El punto de partida fue el tornado de 2016. Todo lo que se generó en el medio fue enorme, pero un día el camino terminó en esa misma sala que se logró reconstruir después de que la naturaleza pegara duro, hace ya más de 10 años. Al menos, es una pausa.
Al principio parecía que el objetivo primordial era uno solo: juntar dinero para levantar una gremial que había quedado tan golpeada como la sociedad doloreña. Con los años, ese living “contador de historias” se transformó en mucho más. Fue una excusa para reunirse, para mirar de cerca a personas que creíamos conocer y para descubrir que, detrás de cada trayectoria, hay una historia que vale la pena escuchar, que tiene muchos puntos de contacto con la propia.
La fe. La canción que eligió Gabriel Carballal para su video de presentación hablaba de encontrar a Dios, y eso marcó el primer tema de conversación, moderado por Facundo Ponce de León.
“Yo encuentro a Dios en todo, es el centro. Renové más la fe tras la muerte de mi hijo, no sé si es necesidad o qué, pero soy muy curioso”, comenzó Juan Carlos López, “Lopecito”. Dijo que no le preocupa demasiado lo que vaya a pasar, porque “va a pasar y ta”, pero sí le inquieta lo que ya pasó: “ni te digo estar en ese momento de la creación”, contó entre risas. Para él, Dios tiene un plan para cada uno. Si no, “no me explico por qué pasan muchas cosas, por qué soy lo que soy”.
María Noel Riccetto, icónica bailarina y directora del Uruguay, encuentra a Dios en su hijo, Salvador, que nació tres meses antes de lo previsto y pesando 800 gramos. “Para mí fue un milagro”, dijo. El nombre ya estaba elegido, pero terminó haciendo honor a lo que vino a lograr, después de un largo tiempo de búsqueda y tratamiento. La resiliencia también curtió su historia: un día le dieron el alta a ella pero no a su bebé. “Me acuerdo que volví a mi casa sin la panza y sin el bebé, fue espantoso”, recordó. En ese lapto de tiempo, Riccetto dijo ver cuánto se conjugan la ciencia y Dios.
La primera bailarina creció en Puntas de Herrera, Durazno, cerca de Sarandí del Yí. “Tengo recuerdos muy lindos de andar a caballo, cruzar la balsa, ir a la playa de San Gregorio de Polanco, trabajar con ovejas, las faenas”, contó.
Gabriel cerró la ronda. “Yo lo encuentro en el campo, en las cosas simples, en disfrutar esto con mi familia, en compartir. Disfruto mucho de lo que hago”, dijo. Se crió en un campo a 45 minutos de Mercedes, o bastante más cuando llovía, y de chico el campo no le gustaba porque sentía que viviendo en el campo se perdía mucha actividad de la ciudad.
Después llegó un momento especial. “Hoy estoy peleando contra el cáncer. Gracias a Maca, mi señora, lo descubrimos, en un estudio casi de rutina. Fue un shock, uno da por sentado que no le va a pasar nada hasta que le pasa”, contó. Pragmático y optimista, dejó una frase que quedó resonando en la sala: “Pienso que todo va a salir bien. Los optimistas y los pesimistas se equivocan las mismas veces, pero los optimistas somos más felices en el camino”.
El recorrido. Lopecito tuvo muchos oficios, entre ellos el de mozo en el bar de su padre. Con el tiempo fue eligiendo el camino de contador de historias, y hubo un episodio que se lo marcó. En 1972 le tocó llevar unos libros a la Capilla de Farruco, lo estaban esperando. Fue con su esposa Juana y sus hijos Verónica y Pablo, y lo que vio al llegar le movió una fibra: filas de personas a caballo gritando “¡Viva la Patria!” para recibir los libros. Todo eso, para unos libros...
Ese corazón que late tierra adentro, el valor de sentirse escuchado y la necesidad de quien vive en el interior de tener oportunidades le mostraron algo que lo cautivó. Hace un año volvió al pueblo y una mujer le mostró que los libros siguen ahí, como testigos silenciosos de que el tiempo pasa, pero la memoria y el agradecimiento no.
Gabriel encontró su camino de otra forma. Se fue a Montevideo a estudiar, no se adaptó y volvió. Su padre, sin tener conocimientos previos, fue uno de los pioneros de la siembra directa en el país y fundador de AUSID. Gabriel comenzó a recorrer con ellos. “Aprendí mucho con él y con Carlos Baute, otro asesor reconocido”, recordó. Cuando su padre tuvo un problema en el nervio ciático, Gabriel tomó la posta. “Soy muy creyente de la disciplina, de ser autodidacta”, dijo. Según Carballal, hay que ser un poquito porfiado, se puede soñar en grande y lograr cosas que la gente a veces te dice que no se puede.
María Noel encontró la pasión en la danza, y con ella la solidaridad. Su trayectoria reconocida viene acompañada de humildad. Después del tornado de 2016, desde su estudio en Montevideo empezó a juntar donaciones y alimentos no perecederos, todo lo que se pudiera enviar, y además vino a Dolores a dar una clase gratuita en la plaza. “La pasión la entiendo como la disciplina de continuar, de que me duelen los pies y sigo”, explicó.
Hoy encuentra la paz en Tranquilo Aznárez, donde disfruta la nueva ruralidad y donde, según dijo, “ve a su padre”. Allí conecta con sus raíces.
Los tres caminos parecían no tener nada en común: un comunicador que recorrió el país de punta a punta, un productor que siguió los pasos de un pionero de la siembra directa y una bailarina que llegó a los escenarios más importantes del mundo. Pero a medida que avanzaba la charla aparecieron denominadores comunes. La disciplina de seguir cuando duelen los pies, la porfía de quien no se rinde al buscar sus sueños y la vocación de servicio de quien carga libros hasta el interior profundo. Y en los tres, el campo como un refugio emocional al que siempre se vuelve, de hecho o en el corazón.
El legado. A sus hijos, Andrés e Inés, Gabriel quiere transmitirles lo mismo que lo trajo hasta acá: la disciplina, el creer, el ser porfiado.
A María Noel le emociona que la gente la vea como referente, porque se considera “una persona normal que siguió una carrera que amaba”. “Tuve la suerte de que me fue bien. Soy una agradecida a la vida por hacer lo que me gusta y estar en contacto con la gente”, dijo.
Lopecito cerró con una historia sobre las cartas que la gente le escribe y que él lee al aire. Una vez un oyente le pidió que no leyera más cartas, que él lo escuchaba por la música. Lopecito se lo consultó al maestro Ruben Lena, prócer del arte nacional, que le respondió con un ejemplo que Lopecito trasladó así: “en la Cuchilla de Areco vive doña María, sola en el medio de la cuchilla. Hace tiempo que los gurises no la visitan, ella escribió y espera saludo. Lena me dijo: “No pase más música. Cuando esa mujer escucha su nombre, se entera que está viva”.
Quizás ese haya sido, en el fondo, el sentido de todo el ciclo: nombrar a la gente, escuchar sus historias y recordarles que están vivos. Protagonistas nació entre los escombros de un tornado y se despidió en la sala reconstruida, con historias que honran las raíces y que muestra que su fuerza siempre rebrota. La película termina como empezó, en Dolores, con emoción y un corazón solidario.
Un alto en el camino para valorar los logros
El viernes 15 de abril de 2016 la naturaleza descargó toda su furia en Dolores, Soriano. Uruguay no es un país que esté acostumbrado a tener desastres climáticos, pero ese día la potencia de la naturaleza mostró sus garras, con daños enormes, tanto humanos como materiales.
Buena parte de la ciudad quedó arrasada y requirió de varios años de trabajo para reconstruir.
A raíz de eso, se comenzó a desarrollar el ciclo Protagonistas del Agro, que tuvo 9 años de encuentros, con 16 ediciones y 48 protagonistas, recorriendo el camino de vida de cada uno, ayudando a compartir las historias y colaborando a juntar fondos para reconstruir, entre otras cosas, la sede de la gremial.
Ahora es tiempo de una pausa en el camino, pensando en juntar fuerzas para lo que venga. Más que un final es un hasta pronto. Como todo proyecto, requiere de un freno y observar, porque además, no es poco lo logrado.
La Agropecuaria lo sabe, la gente lo reconoce, las empresas lo valoran y los propios protagonistas tuvieron su reconocimiento.