Después de más de 40 años en la empresa esta semana se jubiló Pablo Antúnez, un “todoterreno” que sin dudas Rurales va a extrañar mucho.
Su ingreso a El País fue en el año 1983, haciendo un poco de todo en la Redacción, ubicada entonces en la Plaza de Cagancha. Luego, pasó a Fotocomposición cuando el cambio tecnológico hacía irrupción en el diario dejando el viejo sistema de linotipo.
Inquieto como fue siempre, paralelamente hacía inseminaciones, porque la labor veterinaria siempre le gustó. Levantaba semen en Montevideo, cargaba su termo y recorría tambos y el circuito de la zona de la tablada. Esto hizo que un jerarca del diario se lo recomendara a Osvaldo Mario Grieco, entonces editor de la sección Rurales, donde ingresó en el año 1985 y se mantuvo hasta que se jubiló.
Además de la pasión por todos los temas veterinarios, Pablo también hizo el curso de lanas del Secretariado Uruguayo de la Lana (SUL) y se graduó como clasificador.
Siempre dispuesto a todo y de buen humor. Lo conozco desde que ingresó al diario, pues somos contemporáneos en la empresa, y puedo asegurar que nunca lo vi enojado, ni discutiendo, siempre mostrando buena disposición para lo que fuera. O haciendo aportes de temas a tocar. Además, fue un gran “instructor” de quienes se han ido integrando a la sección. Tanto Manuela García Pintos, como Hernán Zorrilla destacan a diario lo que ha sido Pablo para su adaptación al trabajo, explicándoles cada detalle de la actividad, presentándoles gente y compartiéndoles contactos.
En la última Expo Prado me comentó que en diciembre cumplía los 60 años y se jubilaba. Desde entonces intenté, sin éxito, que cambiara de parecer porque me parecía que aún tiene mucho para dar. Pero, además, en forma egoísta porque hace, y hará, mucha falta en Rurales.
Para hablar de lo que es Pablo Antúnez, basta una anécdota. Es tan buen tipo, que postergó un mes su retiro ya decidido “para no complicarlos a ustedes con las licencias…”. Todo dicho.
Y no hubo mejor despedida del diario que escribiendo una nota sobre sanidad animal, el miércoles pasado.
Ahora, va a disfrutar el 100% de su tiempo con su otra pasión: los caballos. Y seguirá paseando con su esposa Claudia, recorriendo distintos lugares del mundo.
Se va un crack, y lo vamos a extrañar, sin dudas. Aunque confío, y deseo, que algún aporte aislado seguirá compartiendo con los lectores.